Memorias del 86: la historia de un campeón
Luis Islas, portero de la selección de Argentina, comparte algunas anécdotas que vivió en México hace 30 años

CIUDAD DE MÉXICO.
En México 86 el portero titular de Argentina era Nery Pumpido y el segundo Luis Islas, quien, vía telefónica desde su país, comparte sus recuerdos con Excélsior.
“Tenía 18 o 19 años, no me acuerdo bien, cuando vi que mi nombre, Luis Islas, estaba en la lista de convocados de Carlos Salvador Bilardo para jugar el Mundial del 86. Ahora soy entrenador en la Argentina, la semana pasada me reuní con 13 o 14 de aquel grupo que fue campeón del Mundo hace 30 años y ahí recordamos varias anécdotas que vivimos en México.
“La gente se acuerda de los casi 30 días que estuvimos concentrados en las instalaciones del América, peleando por salir campeones, pero la historia para nosotros inició un mes antes de estar en México. Bilardo nos concentró por casi 70 días y nos intentamos de alejar de toda polémica. Nuestro técnico era criticado porque decían que César Luis Menotti merecía más su puesto, decían que Passarella debía ser capitán y a mí me intentaron poner en contra de Nery Pumpido.”
BIlardo, un obsesivo
“Salimos de Argentina pensando que si no regresábamos campeones nos iban a destrozar a la vuelta, más a Carlos Bilardo, no lo querían. A mí me tocó apoyar desde la banca cuando el entrenador eligió a Pumpido, que en ese entonces tenía 27, sobre un juvenil, que era yo. Juro que apoyé en todo el Mundial a Nery y hasta la fecha es mi amigo. ¿Quién podía contradecir a un obsesivo como Bilardo?
“Bilardo tenía muchas cábalas sobre todo en la ropa. Dirigió muchos partidos con el mismo pantalón, la misma ropa con la que había tenido un buen resultado. En el autobús, todos teníamos un lugar asignado, esa también era mi cábala, sentarme en el asiento individual, en el segundo a la izquierda. Es cierto que Carlos creía en la suerte, aunque él mismo decía que no sólo con la fortuna no se gana. Era un técnico que nos pasaba videos con análisis concretos del rival, él manejaba tres o cuatro sistemas tácticos, cuando en el mundo se empezaron a usar tres o cuatro años más tarde. Es el mejor técnico que tuve en toda mi vida. Mi compañero de cuarto era el Checho Batista. Con él dormí en la estancia en México y compartí mi afición de grabar en casete cada canción de la radio que me gustara. Regresé a mi país con la medalla que me avalaba como campeón del mundo y con noventa casetes repletos de música romántica, melancólica. Ya no los tengo.”
Diego, el compañero
“A Maradona lo conocí entre 1982-1983. Compartimos muchos partidos juntos, lo enfrenté cuando él jugaba en Boca Juniors y yo en el Independiente. Era un compañero extraordinario, hacía los ejercicios de la misma manera que el resto y dentro de la cancha era distinto, te abría cualquier sistema defensivo, realmente es un placer haber compartido equipo con Maradona.
“Me acuerdo bien del partido contra Inglaterra. Al menos para mí no era una revancha de nada y menos por las Malvinas. Queríamos ganar por nuestro país, y punto. Los dos goles de Diego fueron estupendos, el primero lo festejé con todos en la banca y hasta que estábamos en los vestidores, bueno, nos enteramos que fue con la mano. El segundo gol de Maradona, el que inicia en la mitad de cancha, no me sorprendió. Iba siguiendo la jugada y sabía que podía pasar lo que pasó, porque era algo que hacía habitualmente en los entrenamientos y en otros partidos; lo podía hacer en cualquier momento. Veía que iba dejando jugadores en el camino y cuando deja la pelota dentro del arco, fue algo terrible, hermoso. Es algo que quedó en la historia.”
El festejo
“Después de salir campeón con la victoria sobre Alemania, fue un festejo permanente en el vestuario. La alegría, la euforia nos duró por lo menos dos días seguidos, sin dormir. Después de festejar en el Azteca, volvemos a la concentración en el América, damos una vuelta Olímpica en las instalaciones de Coapa y no pudimos disfrutar mucho, porque al otro día regresamos a Argentina. Cuando llegamos, del Aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, hasta la plaza de Mayo, que es a donde nos llevaron, tardamos seis horas para recorrer lo que son 25 kilómetros, fue algo fantástico.
“El próximo 7 de julio hay una comida muy grande que nos hacen a todos los campeones del mundo de Argentina. Es un grupo con recuerdos impresionantes, hermosos. Imagina, seguimos como los últimos campeones del mundo de nuestro país.”