Juez central, entre la guerra y el balompié

Antonio R. Márquez fue voluntario en el ejército estadunidense en el conflicto coreano. En la Copa del Mundo representó al arbitraje mexicano

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CIUDAD DE MÉXICO.

Antonio R. Márquez ha sido designado como árbitro central para el partido de semifinales entre Argentina y Bélgica.  Más de 114 mil espectadores esperan en el Estadio Azteca, el sábado a las cuatro de la tarde. Para entonces, Francia y Alemania Federal ya habrán definido al primer finalista de este Mundial en la cancha del Jalisco.

Entre los hombres de negro, Márquez representa al futbol mexicano. Las mismas posibilidades tienen de hacerlo Arturo Brizio Carter, Edgardo Codesal, Joaquín Urrea, Jorge Alberto Leanza, Marco Antonio Dorantes y Enrique Mendoza Guillén, pero como asistentes o cuartos árbitros. No hace mucho que cumplió 50 años.

Durante el tiempo que estuvo en Estados Unidos participó en la Guerra de Corea como voluntario.Quienes lo conocen aseguran que maneja de forma extraordinaria los tráilers y que tiene un carácter fuerte, como se ve en los juegos. Hace cinco años, en Australia, en los dos partidos del Mundial Sub 20 que dirigió, quedó comprobado.

Tras el Dinamarca-Uruguay de la fase de grupos, en el que expulsó al mediocampista charrúa Miguel Bossio, Márquez ha vuelto a ser elegido. Como jueces de línea tendrá al guatemalteco Rómulo Méndez y al portugués Carlos Alberto Silva.

Desde que recibió el gafete internacional, es la primera vez que el mexicano participa en un torneo como éste. Si en el partido surgen reclamos de los alemanes, su comunicación será en inglés, el cual domina sin ningún problema. Para los argentinos, las concesiones parecen haber terminado: La Mano de Dios, que no vio el tunecino Alí Bennaceur, ha desatado una gran polémica.

Márquez comenzó su carrera del otro lado de la frontera. En una ocasión, en un partido en el que estaba programado como asistente, Guillermo Cañedo lo invitó a ser árbitro central, porque el encargado de hacerlo no había llegado. Cañedo quedó satisfecho. Al poco tiempo, volvió a México por invitación suya. De segunda pasó a Primera División, en 1964 y desde entonces ha logrado ser de los más destacados.

Jugadores y aficionados reconocen su bigote y pelo cano. También sus conocidos, que lo echan de menos en la vieja granja de pollos. De manga larga, calzoncillos y medias negras, planea salir Márquez en el partido. Por tanto que se habla de Maradona y los goles ante Inglaterra, la noticia de su aparición pasa desapercibida.

Se acerca el final del Mundial, pero también el de su carrera. La ocasión se presta para que, el sábado, el mexicano guarde la foto con los capitanes de ambos equipos y la cuelgue en medio de la sala: de un lado el 10 argentino y en el otro Jan Ceulemans, uno de los mejores jugadores en la historia de Bélgica. Por si las dudas, tiene listas las tarjetas. Los titulares en los puestos de periódicos dicen que habrá lleno en el Estadio Azteca, con todo y los altos precios en la reventa. El árbitro juega un partido aparte. A pesar de estar en casa, se le seguirá juzgando igual.