Barrio de Tijuca, barrio olímpico
Los Juegos de Río 2016 serán un evento de élite, sin beneficio para la mayoría de las personas. Se trata del estado brasileño con mayor crisis económica en todo el país

CIUDAD DE MÉXICO.
Antonio Ramírez es un mexicano que se mudó a Río de Janeiro en 2009. Viajó más de siete mil kilómetros con su familia, -esposa y tres hijos- sin tener plena conciencia de que en ese momento le estaban dando la sede a esa ciudad de los Juegos Olímpicos.
Eligió Barra de Tijuca, la que parece una república independiente del Río turístico, a 23 kilómetros de distancia. Atrás queda Copacabana, Ipanema, Leblón, nombres galácticos de playas que hacen un tridente de arena y mar; del otro costado el barrio central de Lapa con sus edificaciones antiguas; y más allá, hacia el oriente, el Cristo del Corcovado y Pan de Azúcar, el máximo morro en la Bahía de Guanabara.
Pasa algo extraño con Barra de Tijuca, el sitio elegido por ser la última construcción moderna en Río de Janeiro para la sede de los Juegos Olímpicos. Salir del clásico recorrido turístico brinda una experiencia alterna, como entrar a otro país. Todo lo representativo de Brasil queda olvidado y se encarrila cualquier aventurero por una especie de freeway. Aquello es más cercano a Miami que a Sudamérica. Aparecen enormes centros comerciales, dantescos cines con alta tecnología y desperdigados entre el interior y el filo de la carretera, preciosos edificios departamentales.
Antonio Ramírez vive en uno de ellos y en cinco años apenas si conoce a sus vecinos. Desde su piso 27 ha visto crecer, por ejemplo, el campo de golf aunque en realidad haya tenido poca interacción con otros brasileños.
“Ha cambiado mucho desde que llegamos a la fecha. Lo de mis vecinos es diferente. No los veo porque prácticamente es difícil que se dé la coincidencia de salir a la misma hora. No hay forma de andar a pie por aquí, sólo en auto. Cuando llegamos, a mi hija le costó trabajo. Tenía ocho años y entró a estudiar a un colegio británico y en la calle o la televisión escuchaba el portugués. Lo que puedo decir con seguridad es que Barra de Tijuca es el sitio caro y moderno para vivir en Río de Janeiro”.
En Barra de Tijuca no hay tráfico. La gente se acostumbró a ocupar el tiempo en un frenesí de consumismo. Tampoco es que existan espacios culturales o de atracción. Hay dos avenidas que cortan esta urbanización del futuro en Brasil que miden 40 kilómetros, una es la Ayrton Senna y la otra Las Américas y en los centros comerciales se puede hacer todo: comer, pasear, trabajar y hasta tomar consulta con el médico.
De puertas para adentro pasa la vida en sus edificaciones solitarias con gimnasios, panaderías, colegios, piscinas y autobuses privados. Del exterior hay un desprecio absoluto salvo por las playas, algo que hace al menos, que las familias se junten el fin de semana.
“Es algo extraño vivir así pero te acostumbras”, relata Antonio Ramírez, director ejecutivo de una empresa mexicana de suplementos alimenticios. “Tenemos todo y nos encontramos cómodamente. Hay mucha seguridad y todos los servicios de primer nivel. Claro que es un costo de vida alto pero creo que lo vale. Hay tiempo para todo, hasta para conocer el Río de Janeiro turístico, esto debe ser una especie de Santa Fe de la Ciudad de México”.
Barra de Tijuca es una república diferente a cualquiera de Río, es otra latitud. En 1998 los vecinos intentaron independizarse por medio de un plebiscito suspendido por baja participación.
El profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Víctor Ramos Lemus, reconoce que hay clases sociales que marcan la pauta y que se notarán en los Juegos Olímpicos. “Barra de Tijuca fue elegida porque son terrenos fácilmente expropiables. Incluso los escenarios que ocuparán son desmontables”.
La realidad es que las clases sociales en Brasil también se resienten. Aunque a Barra de Tijuca llegaron muchas personas con dinero para vivir, las que siempre han mantenido la aristocracia en este país las encasillan como los nuevos ricos. “No tienen identidad los que viven en esta zona. Cuando te dicen el lugar donde residen lo hacen con el tono de ‘yo sí me superé’, el perfil que manejan es el de alguien que ascendió en la vida. Es la clase media que ha alcanzado un estatus pero la verdadera realeza en Río prefiere vivir en barrios mucho más elegantes como Leblón”.
Los barristas se han diferenciado de los cariocas por el lugar donde viven. Presumen sus calzadas, clínicas privadas y gimnasios dentro de los edificios donde viven con nombres rimbombantes como Ocean Drive o Las Residences de Mónaco, pero hay poca identidad civil. El profesor Víctor Ramos cree que no dejará marca la realización de los Juegos, como tampoco tuvieron efecto los Juegos Panamericanos.
“No es un barrio para disfrutar, no es caminable, son pequeñas células esparcidas. Los Juegos Olímpicos en todo caso, se convirtieron en un evento de élite que no será para beneficio de la mayoría de las personas. Básicamente lo que se entiende en Brasil es que en Barra de Tijuca se harán los juegos porque es donde había espacio, en medio de una fuerte corrupción. A dos meses de que arranquen, Río de Janeiro es el estado con mayor crisis económica en todo el país”.
El costo por los servicios en un condominio de Barra de Tijuca comienza en los 600 euros al mes, unos 12 mil pesos mexicanos-, y personalidades, sobre todo políticas, son las que residen en esta urbe.
“Los Juegos Olímpicos no son vistos como un legado, sino como el filtro que le dio dinero a poca gente de la élite y la mayoría de ellas vive en esta zona. Barra de Tijuca no es tradicional, sino de construcción reciente”.
Había un plan para este barrio idealizado por el urbanista que creó Brasilia, Lucio Costa, quien después de la década de los 70 dijo que no se acordaba de haber concebido nada de lo que se había construido. Las inmobiliarias le empezaron a dar prioridad al automóvil y aunque promueven la conservación de áreas verdes, no destinan nada a la convivencia ni a los espacios públicos, que generalmente son zonas de consumismo. Para los Juegos Olímpicos se inaugurará una estación del Metro y tres líneas de autobuses, sin embargo, no se concibe que el auto de los residentes, quede en el garaje.
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