El triplete del 'Huesos', se lo hizo a un joven Héctor Miguel Zelada
Rodolfo Montoya es el único jugador en la historia del Cruz Azul en anotarle tres goles al América; y cree que antes había más pasión que en la actualidad

CIUDAD DE MÉXICO, 1 de marzo.- Era un juego a mediodía en el Estadio Azteca cuando Rodolfo Montoya (Distrito Federal, 1954) cazó al América con tres goles en un clásico joven. Fue el 31 de marzo de 1979 cuando el Huesos pasó a la historia del Cruz Azul, al convertirse en el primero y único jugador en hacerle tal cantidad de goles en un solo partido a las Águilas.
Con la humillación de la goleada cerca de consumarse, pasó trotando al lado del defensa americanista Manolo Rodríguez, quien sin pensarlo le tiró un puñetazo al pómulo.
“Ahora me hablo muy bien con él, pero son cosas del futbol y de la calentura de un clásico joven. Iba pasando cuando sentí el trancazo y sólo le dije ¿qué te pasa, estás loco?”
Era el dilema y la rabia que sentía la defensa americanista por perder un juego de suma trascendencia. Manolo Rodríguez le contestó una carretada de groserías al Huesos Montoya, quien para dar el puyazo final le reviró la sátira, “ya hice los goles, ya tienes tres, ¿qué más quieres?”, recordó.
Los goles se los hizo a Héctor Miguel Zelada, un chico que acababa de llegar descubierto por el directivo de las Águilas, Panchito Hernández: “era el año de su presentación con el América, porque antes estuvo Paco Castrejón”, señaló.
El golpe de Rodríguez aunque marrullero, tiene para Montoya esas connotaciones del futbol que pueden entenderse.
“Es normal, porque jugar ante rivales así te magnifica y hace que saques lo mejor de ti y entregues todo en la cancha. No creo que exista eso del rencor deportivo, al contrario, lo llamaría respeto, pero todo es por ganar porque un rival que respetas hace que te exijas el doble.”
De principio a fin Montoya es un celeste de cepa. Aunque nacido en el D.F. la vida le hizo debutar en los Tigres para regresar al Cruz Azul campeonísimo de la década de los 70. “Recuerdo que no era un grupo de amigos fuera de la cancha, pero adentro eran todo profesionalismo, empezando por Miguel Marín que tendía a darnos una palmada en el pecho antes de los partidos para motivarnos, pero con esas manotas ya se imaginarán cómo dolía”, dijo el Huesos entre risas.
Suspira porque los clásicos de ahora no son tan apasionados como los de antes. Dice que él siempre portó con humildad pero dignificando el peso de la camiseta, por lo que ahora trata de inculcárselo a los niños.
“El América es un rival que no podías ni ver, eran juegos a fuego lento en los que había golpes como el de Manolo Rodríguez. Los partidos entre nosotros pasaban por muchas cosas: lo físico, lo mental y especialmente por la boca, porque ¡cómo nos fastidiábamos por cualquier cosa!, desde un barro hasta la forma de correr, la cosa era sacar de quicio, por eso le dije a Manolo que ya tenía tres adentro.”
Miguel Ángel Gamboa fue el anotador del América en aquel anecdótico partido, que a Rodolfo Montoya lo ha situado como el único jugador cementero en marcarle tres goles a las Águilas en un partido.
En América hay más goleadores
Rodolfo Montoya es el único jugador celeste que se consagró con una tarde mágica al anotar tres goles en un clásico joven, pero del lado americanista existen tres elementos que pueden presumir lo mismo: Eduardo dos Santos Edú, Carlos Hermosillo y François Omam Biyik.
En 1988, cuando estaba quizá en su mejor momento con el América y un año antes de probar suerte en Bélgica, Carlos Hermosillo saltó con su emblemático número 27 en la espalda en una noche fría de diciembre para anotarle tres veces al Cruz Azul. Fue un partido que el América jugaba como visitante a pesar de que ambos equipos compartían el mismo estadio.
Hermosillo anotó al minuto 4 y un par de veces más a pases de Luis Roberto Alves Zague.
En la fecha 27 de la temporada 1990-91, Edú marcó tres goles. El primero de penal, el segundo en contragolpe y el tercero a pase de Antonio Carlos Santos, quien desbordó por la izquierda a dos rivales, entre ellos a Héctor Esparza para dar una típica diagonal retrasada que de zurda envió Edú al fondo de las redes.
Cuando el América pensó que ganaría, Alejandro el Gallo García cometió un flagrante penal que además le costó la expulsión, por lo que en los últimos siete minutos Gonzalo Farfán se ubicó bajo la portería sin poder tapar el disparo de castigo de Porfirio Jiménez. Edú pasó a la historia con el triplete.
Lo mismo hizo François Omam Biyik en esa temporada inolvidable para los americanistas de 1994-95. Era la fecha 24 cuando el camerunés ya se enfilaba en la pelea por el título de goleo con Carlos Hermosillo y de inmediato, al aprovechar los centros de Juan Hernández, hizo dos goles de cabeza. Para el segundo tiempo ocupó de pasador a Cuauhtémoc Blanco que hizo sufrir en la defensa todo el partido a Juan Reynoso y cruzó un tiro raso en la malla de Norberto Scoponi. Hermosillo a base de riñones, haría un gol en un tiro de esquina gracias a una mala salida de Adrián Chávez. Fue una tarde de gozo para las Águilas, como se acostumbraba ese año con Leo Beenhakker, y Biyik se convirtió en un consentido más de la afición.