Slxughter, el músico más escuchado… que casi nadie conoce

Nadie tiene tantas reproducciones como Slxughter... y muy pocos han escuchado hablar de él, aunque sí han estado expuestos a su música.

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Representación gráfica de la estética de la música phonkOpenIA

En febrero de 2026, un dato exhibió nuestros prejuicios sobre lo que significa éxito en la música: el artista con mayor audiencia mensual en el ecosistema de YouTube no es ninguno de los sospechosos habituales. No es Taylor Swift ni Lady Gaga; nunca ha estado nominado a un premio mainstream. Ni siquiera es un rostro identificable. Es Slxughter, un la estrella del género phonk.

Parece error tipográfico; no lo es. Para la mayoría de la gente que escucha música, ni el género ni el nombre significan algo. Y sin embargo su música está ahí. Es probable que todos hayamos escuchado al menos algún fragmento, pero no por decisión propia. Lo invocaron nuestros dedos, cuando hicieron scroll en el celular en YouTube, TikTok o Instagram.

Lo más inquietante es el quién: Slxughter representa una clase de celebridad sin rostro, un éxito de alta escala y resultados sin búsqueda masiva en Google, sin conversación pública proporcional, sin mitología de artista. Recientemente saltó a la conversación pública por una investigación del New York Times, que se interesó por el estratosférico número de reproducciones.

El número que lo cambió todo: 981 millones

Son 981 millones de usuarios únicos en un mes los que escuchan la música de Slxughter en plataformas de YouTube (principalmente Shorts). Eso es más del doble que Taylor Swift (394 millones) y más de seis veces Bad Bunny (150 millones).

Pero, ¿cómo? La cifra se explica con sumas. La audiencia mensual se calcula combinando visualizaciones “clásicas” (es decir del video que contiene la música original), más la escucha/uso en todo el universo YouTube, en todos sus formatos. En otros términos el número se alcanza al sumar presencia sonora en el flujo de videos más activo del planeta.

Slxughter es el caso paradigmático de música diseñada para un mundo donde la intención se está evaporando. Porque el phonk no pide la atención ni las adhesiones que tradicionalmente busca la música; más bien se cuela en el fondo.

El phonk, al ser parte del ecosistema de miles de videos virales, funciona como motor emocional para clips: baile, gaming, deportes… todos los videos que de alguna forma quieren relacionarse con energía alta. Es la música ambiental de una forma de consumir contenido.

Los shorts: una fábrica de reproducciones

Los Shorts de YouTube tienden a acumular más vistas y “likes” por vista que los videos largos porque son rápidos, ligeros y exigen menos atención. Eso atrae un tipo de música que tampoco exige mucho contexto: sólo está ahí para adornar el contenido en video.

Slxughter tampoco encaja en la lógica típica de rankings “visibles” de artistas; su canal oficial no explica el fenómeno, no hay una actividad importante de sus oyentes. En realidad, el phonk circula por miles de subidas, remixes, variantes “slowed” (ralentizados), audios reciclados, compilaciones y clips. Y el alcance descansa en un factor clave: su música está disponible para que los creadores de contenido la usen. Y lo usan.

Fuera del ecosistema de Youtube, en Spotify, Slxughter tiene alrededor de 17.1 millones de oyentes mensuales. Esa cifra, aun siendo grande, confirma algo importante: la verdadera masa del fenómeno está en el video vertical, no en el streaming.

Y cuando se pone atención en el repertorio disponible, se entiende por qué: en la lista de las más populares destacan versiones slowed, que en la práctica están ahí como insumos para la de edición para videos. Una misma melodía puede funcionar en diferentes contextos sólo disminuyendo su beat. En Spotify, “NO BATIDÃO – Slowed” supera los 143 millones de reproducciones, y “NO BATIDÃO”, la versión primigenia, rebasa los 107 millones.

Slxughter, entonces, no es un “misterio” porque sea pequeño en términos de fans declarados. Es un misterio porque es masivo y no tiene un ritual de idolatría. Eso es extraño en la época de las redes sociales.

La historia del phonk

El género que todos escuchamos, pero pocos eligen, tiene sus orígenes en movimientos localizables:

  • Raíces (finales 80 y 90): Memphis rap, un movimiento underground representado por Tommy Wright III y Three 6 Mafia. Su estilo es de bajos pesados, loops, y premeditadamente poco sofisticado.
  • Resurgimiento (2010s): estética lo-fi (sonido deliberadamente de baja calidad) y temas rudos; el rapero y productor SpaceGhostPurrp popularizó el nombre “phonk”.
  • Explosión social (finales 2010s e inicios de los 2020s): productores de Rusia y Europa del Este impulsaron el drift phonk (asociado a clips virales de derrapes de autos y estética “alpha”, es decir de varones dominantes y ‘machos’).

Luego llegó el giro que colocó a Slxughter en una posición envidiable en términos económicos: el phonk brasileño (antes conocido como “automotivo phonk”. No tiene nada que ver con las raíces tradicionales de la música brasileña. Es un producto 100% digital que es heredero de tradiciones musicales gestadas en zonas muy alejadas entre sí.

La fábrica del dinero: Black 17 Media

Si Slxughter es el síntoma, Black 17 Media, una compañía de distribución y márketing musical, es el sistema circulatorio.

Tyler Blatchley (cofundador de Black 17 Media) detectó un track en TikTok en diciembre 2020; ahí reconoció letras de Three 6 Mafia, uno de los grupos que le dieron origen al phonk; contactó a DJ Paul para que le hiciera una versión que no causara problemas con los derechos de la música y habilitó la monetización de los clips que se generaran. El gesto abrió una compuerta: profesionalizó un género nacido desde y para internet.

Posteriormente vinieron los números de industria vinculados a Black 17:

  • Su top 250 de canciones producidas suma más de un billón de reproducciones acumuladas.
  • Los pagos a creadores del género en cinco años superan los 140 millones de dólares.

Es realmente una industria: productores jóvenes, habitualmente adolescentes que aprendieron producción musical con tutoriales, desde sus casas, observan el algoritmo (qué está funcionando en video vertical), aíslan tendencias y repiten patrones musicales.

Esto refleja otro cambio de época: ya no hay cazadores de talento descubriendo artistas. Hay adolescentes que detectan patrones. Puede ser que una canción sólo tenga 15 segundos que sirvan perfectamente para ilustrar emociones. Adaptan ese fragmento, lo suben a YouTube, TikTok e Instagram… y lo monetizan.

Entre el desprecio y el diagnóstico

Tras el texto del NYT, aparecieron lecturas que intentaron describir el papel que juega el choque generacional en la proliferación de esta música. Algunas de ellas consideran que el género es sólo una manifestación económica y no cultural.

Hay quien ubica el phonk como la banda sonora del “brainrot”, es decir de los videos absurdos, infantiles y con vibra caótica; Slxughter es simplemente un productor ruso basado en Brasil que domina YouTube sin fanfarria pop que supo interpretar las necesidades.

Pitchfork, por su parte, ya venía narrando el phonk como caso ejemplar de género que se vuelve una vaca lechera generadora de dinero, que se desprendió de su origen y se optimiza sólo para ser monetizada.

Lo que resulta claro es que Slxughter no es “un artista”. No por lo menos uno que se ajuste a los parámetros tradicionales. Tampoco el resto de las estrellas del phonk los son. Los une un modelo de distribución con características compartidas:

  • Su fama se separa del rostro: pueden dominar el mundo sin entrevistas, sin narrativa biográfica, sin fandom.
  • El consumo se separa de la búsqueda: la música llega como parte del paquete audiovisual, no como decisión consciente.
  • La industria tradicional no está ahí: la industria que domina la música se perdió el phonk; no lo vio como opción, y se le fue.
  • El algoritmo es EL editor: no recomienda “lo mejor”, recomienda “lo que funciona para el formato”.

El phonk es el género de una época que ya no pregunta “¿qué estoy escuchando?”. No le interesa. Lo que le interesa es qué le hace sentir ese audio mientras mira otra cosa.

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