Micropagos, control mental y la sombra de Epstein; el expediente oscuro del gaming
En los archivos abiertos por parte del DOJ de EU, se encuentra una historia negra que involucra a Bobby Kotick, ex CEO de Activision Blizzard, y al estratega político de Donald Trump, Steve Bannon, con posible lavado de dinero y negocios turbios con Jeffrey Epstein

La industria global de los videojuegos, hoy un gigante financiero que supera los ingresos combinados del cine y la música, enfrenta una de sus crisis más profundas tras la filtración de documentos que vinculan a sus figuras de élite con la red del delincuente y pedófilo Jeffrey Epstein.
Lo que inicialmente se presentó como una evolución tecnológica hacia el modelo de “juego como servicio”, hoy se analiza bajo la lupa de la ingeniería financiera y el control conductual.
Según registros obtenidos de los procesos judiciales, la implementación de micro pagos y la economía del “oro digital” en títulos emblemáticos como Call of Duty y World of Warcraft habrían sido moldeadas por una estructura donde convergen el CEO de Activision Blizzard, Bobby Kotick, el estratega político Steve Bannon y el propio Epstein.

La relación entre Bobby Kotick y Jeffrey Epstein no fue un encuentro fortuito en eventos de gala, sino una conexión logística estrecha, según correos electrónicos de 2013, correos electrónicos en poder de este diario muestran una familiaridad alarmante en el uso de activos privados para facilitar los movimientos del financiero.
Ante la proximidad de una visita de Epstein a California, Kotick no dudó en ofrecer sus propios recursos: “¿Quieres que [mi helicóptero] 407 te lleve desde Long Beach?”, escribió el entonces director de Activision, a lo que Epstein declinó argumentando que ya se encontraba en la zona para una cita de alto nivel: “Las chicas y yo vamos a ver a Elon Musk en SpaceX mañana, ¿estás cerca?”.

Esta red de favores se extendía a la vida social privada en las zonas más exclusivas de Los Ángeles. En abril del mismo año, Kotick y Epstein coordinaron un encuentro en la residencia del ejecutivo de videojuegos para tomar “tragos”. En un intercambio que revela la naturaleza de estas reuniones, Epstein confirmó su asistencia con una frase que hoy resuena en las investigaciones sobre su red de tráfico: “Genial… nos vemos entonces, llevaré a 3 o 4, refiriéndose al grupo de mujeres que solían acompañarlo. La respuesta de Kotick, ajustando la hora de la cita, confirmó la normalización de estas dinámicas: “Podemos vernos a las 6? Se me hace tarde”, evidenciando que el líder de una de las empresas más influyentes del mundo digital era un anfitrión recurrente del financiero.
EL LABORATORIO
Para comprender la magnitud financiera de esta alianza, es necesario retroceder a la creación de International Gaming Exchange (IGE), la empresa donde Steve Bannon, antes de convertirse en el arquitecto de la estrategia de Donald Trump, experimentó con la venta de oro virtual en World of Warcraft. Este modelo, que permitía intercambiar dinero real por activos digitales, fue el precursor directo de las microtransacciones actuales.

Los documentos sugieren que Epstein no era un extraño a este ecosistema. De hecho, había cuentas activas en la plataforma de Blizzard. Un correo de noviembre de 2010 dirigido a su cuenta personal celebraba su ingreso al mundo virtual: “¡Felicidades! Has creado con éxito una cuenta de Battle.net y activado una prueba gratuita de World of Warcraft”, un dato que vincula al financiero directamente con el proyecto estrella de Kotick.
Expertos financieros advierten que esta estructura de micropagos no sólo buscaba la rentabilidad, sino que creó un sistema opaco ideal para el movimiento de capitales. La posibilidad de lavado de dinero a través de la compra-venta de oro digital y “skins” se convirtió en una preocupación para los reguladores.
Según las notas de trabajo de Epstein sobre sistemas de intercambio, el interés radicaba en la universalidad del impulso de adquisición: “Creo que el impulso subyacente se manifiesta de diferentes maneras para diferentes personas, pero es el mismo impulso subyacente”, escribió el financiero al analizar cómo los humanos interactúan con sistemas de recompensa, una filosofía que Kotick aplicó con precisión quirúrgica en las mecánicas de monetización de Call of Duty.
LAS PREGUNTAS SIN RESPUESTA
La salida de Bobby Kotick de Activision Blizzard tras la adquisición por parte de Microsoft no ha silenciado las dudas sobre los cimientos éticos de la empresa. La profundidad de sus vínculos con Epstein, documentada en correos que mezclan logística de transporte con la búsqueda de “personas interesantes”, como el productor Brian Grazer, sugiere que la industria del videojuego fue utilizada como un puente entre la tecnología y una élite financiera hoy cuestionada.

Como bien señala Epstein en sus notas sobre la motivación intrínseca: “Para beneficios evolutivos obvios, por supuesto. Ayuda si algún tipo empieza a obsesionarse con fabricar una mejor hacha de piedra”, una metáfora que hoy parece aplicarse a la obsesión de la industria por fabricar el siguiente mecanismo de extracción monetaria.
El legado de esta era no es sólo una biblioteca de juegos exitosos, sino un modelo de negocio que, según las evidencias, fue discutido en los mismos salones y jets privados donde se gestaron algunos de los capítulos más oscuros de la historia reciente.

EL ADOCTRINAMIENTO
Más allá de los dólares y centavos, los documentos revelan una ambición más oscura: el control del comportamiento del usuario. Epstein mantenía diálogos constantes con científicos de Stanford y expertos en inteligencia artificial como Stephen Wolfram y Jostein Gaarder para discutir el SSPS (Status Positioning System o Sistema de Posicionamiento de Estatus).
La tesis central era que los videojuegos podían servir como laboratorios para manipular la necesidad humana de competencia y reconocimiento social. En uno de los borradores técnicos, se explica que el éxito de estos sistemas depende de cómo el individuo percibe su posición: “Las personas de alto estatus gustan más si tienen un defecto visible… esto implica que no son perfectas y, por tanto, pueden beneficiarse de ser ayudadas”, una lógica que se traduce en las mecánicas de “ayuda” o ventajas comprables dentro de los juegos competitivos.

Este enfoque de “adiccionamiento” buscaba crear una dependencia psicológica donde el jugador, atrapado en un ciclo de dopamina, estuviera dispuesto a gastar de manera recurrente para mantener su estatus virtual. Los documentos de Epstein subrayan que este deseo de dominancia es una variable que los desarrolladores deben explotar: “Sólo diferentes manifestaciones superficiales del mismo impulso subyacente, en mi opinión”, reiteraba Epstein al discutir por qué ciertos individuos se obsesionan con el progreso digital.
Bajo el mando de Kotick, Activision Blizzard perfeccionó estas técnicas, convirtiendo al gaming en una herramienta de extracción masiva de datos y capital.
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