Hubo una vez en que manejar a 13 kilómetros por hora era considerado un delito

En 1896, Walter Arnold fue el primer multado en Inglaterra por conducir a 13 km/h, un hecho histórico que marcó el inicio del control moderno del tránsito

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Ilustración de una escena inspirada en 1896: un automóvil primitivo circula por un camino rural de Kent mientras un policía en bicicleta lo persigue, evocando la primera multa por exceso de velocidad de la historia.Gemini IA

El 28 de enero de 1896, en un rincón apacible del condado de Kent, Inglaterra, alguien fue demasiado rápido para su tiempo. No cruzó una barrera, no huyó de nadie, no puso en peligro a una multitud. Simplemente condujo a 13 kilómetros por hora. Eso le fue suficiente para pasar a la historia.

El protagonista se llamaba Walter Arnold, empresario, pionero del motor y vendedor de automóviles Benz. A finales del siglo XIX, cuando los coches todavía eran poco más que una rareza mecánica, Arnold decidió comprobar de lo que era capaz su carruaje sin caballos en las calles de Paddock Wood, cerca de East Peckham.

Un progreso que avanzaba con freno de mano

En aquella Inglaterra victoriana, el progreso avanzaba con cautela. Las carreteras estaban pensadas para peatones, carros tirados por caballos y bicicletas. El automóvil era visto con desconfianza, casi como una amenaza para el orden natural del tránsito… y del silencio.

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La ilustración muestra una escena urbana de principios del siglo XX, con hombres y mujeres elegantemente vestidos en trajes y sombreros de ala ancha de la época. Se ven primeros modelos de automóviles y biplanos, simbolizando los avances tecnológicos. Elementos de arte impresionista y modernista temprano están integrados sutilmente en el fondo, reflejando la efervescencia cultural de la Generación Interbellum. La arquitectura de fondo corresponde a la de las primeras décadas del 1900, completando una vista

La ley no dejaba lugar a dudas. Según la Locomotives on Highways Act de 1865, los vehículos autopropulsados no podían superar las dos millas por hora en zonas urbanas, es decir, unos 3.2 km/h. En el campo, el límite subía a cuatro millas por hora. Aun así, un peatón caminando rápido podía adelantar a un coche legal.

Arnold, sin embargo, circulaba a unas ocho millas por hora. Cuatro veces el máximo permitido. Hoy sería una velocidad ridícula; entonces era casi un desafío al sistema. Su vehículo avanzaba más rápido que los caballos, que los peatones… y que la mentalidad de la época.

La persecución más lenta de la historia

Un agente de policía lo vio pasar y comprendió que aquello no estaba permitido. No había sirenas, ni patrullas, ni radios. Así que hizo lo único posible: montó su bicicleta y salió tras él por los caminos de Kent.

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La persecución duró varios kilómetros. Un policía pedaleando con esfuerzo detrás de un automóvil primitivo, ruidoso y humeante. La escena, reconstruida años después, parece sacada de una comedia muda, aunque entonces era un asunto muy serio.

Finalmente, Arnold fue detenido. No solo por exceso de velocidad, sino por una lista de infracciones que hoy resultan casi surrealistas:

  • No llevaba a un hombre caminando delante del coche con una bandera roja.
  • No cumplía el requisito de las tres personas de tripulación.
  • Su nombre no figuraba de manera visible en el vehículo.

Dos días más tarde, el 30 de enero de 1896, compareció ante los magistrados de Tunbridge Wells. El veredicto fue claro: culpable. La multa específica por exceso de velocidad fue de un chelín, más los costos judiciales. Una cantidad modesta, pero con un peso simbólico enorme.

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La primera multa… y una publicidad perfecta

Aquella sanción convirtió a Walter Arnold en la primera persona multada por exceso de velocidad al volante de un automóvil. No por poner en riesgo vidas, sino por ir más rápido de lo que la ley creía prudente para el futuro.

Hay quien sostiene que Arnold no fue del todo inocente. Como vendedor de coches, sabía que el escándalo era publicidad. Ser multado por correr demasiado deprisa demostraba, mejor que cualquier anuncio, que aquellos vehículos eran más rápidos que los caballos y más eficientes que cualquier medio conocido.

Y funcionó. Su nombre apareció en los periódicos. Su coche se convirtió en tema de conversación. La multa, lejos de frenar el avance del automóvil, dejó en evidencia lo obsoleta que se había vuelto la legislación.

Ese mismo año, el Parlamento británico reaccionó. La nueva Locomotives on Highways Act de 1896 eliminó el requisito de la bandera roja, redujo las restricciones más absurdas y elevó el límite de velocidad hasta las “temerarias” 14 millas por hora, unos 22.5 km/h.

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Para celebrar el cambio, los automovilistas organizaron una carrera entre Londres y Brighton. No era solo una competencia: era una declaración de intenciones. El automóvil había llegado para quedarse y ya no iba a caminar detrás de nadie.

Del peatón adelantado a la era de la alta velocidad

Hoy, cuando los radares miden décimas y las multas llegan por correo electrónico, cuesta imaginar un mundo en el que correr a 13 km/h fuera delito. Pero aquel episodio marcó el inicio de algo mucho mayor: la regulación moderna del tránsito.

La multa de Walter Arnold no fue solo una sanción. Fue el primer choque entre la ley y una tecnología que avanzaba más rápido que las normas destinadas a controlarla.

Desde entonces, el mundo no ha dejado de acelerar. Y todo empezó un día como hoy, de 1896, en Kent, cuando un hombre condujo más rápido que un peatón… y el futuro tuvo que tomar nota.

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Los límites actuales y los récords de velocidad

Hoy, el país con los límites de velocidad más altos oficialmente vigentes es Alemania, donde cerca del 70 % de la red de autopistas Autobahn no tiene un límite máximo obligatorio, sino una velocidad recomendada (Richtgeschwindigkeit) de 130 km/h. En estos tramos, circular por encima de esa cifra es legal siempre que las condiciones de tránsito, clima y seguridad lo permitan.

En contraste, otros países con límites elevados pero definidos son:

  • Polonia: 140 km/h
  • Bulgaria: 140 km/h
  • Australia (algunos tramos rurales del Territorio del Norte): 130 km/h

En México, el límite máximo federal en autopistas es de 110 km/h, según la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial.

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INAUGURACIÓN. El Hipódromo de la Condesa abrió sus puertas el 23 de octubre de 1910. La llegada de las competencias de autos en 1917 fue considerada como un paso a la modernidad. Fotos: Archivo Excélsior y Mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia

En cuanto al récord absoluto de velocidad para un vehículo con ruedas, el registro oficial reconocido por la Fédération Internationale de l’Automobile pertenece al ThrustSSC, un vehículo británico propulsado por dos motores a reacción Rolls-Royce Spey. El 15 de octubre de 1997, en el desierto de Black Rock, Nevada, alcanzó una velocidad promedio de 1,227.985 km/h, convirtiéndose en el primer —y hasta ahora único— vehículo terrestre con ruedas en romper la barrera del sonido (Mach 1.02). El piloto fue Andy Green, ingeniero de la Real Fuerza Aérea Británica.

Como referencia adicional:

  1. Récord de velocidad para un automóvil eléctrico: Venturi Buckeye Bullet 2.5, con 495 km/h (2010).
  2. Récord para un auto de producción: Bugatti Chiron Super Sport 300+, con 490.484 km/h en 2019, aunque esta última marca no fue homologada por la FIA al realizarse en un solo sentido.

Estas cifras ilustran hasta qué punto el concepto de “exceso de velocidad” ha evolucionado desde los 13 km/h que llevaron a Walter Arnold ante un juez en 1896.

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