Visión borrosa, mareos y fantosmia, los otros síntomas de un infarto cerebral que no debes ignorar
Una pérdida repentina de visión, dificultad para encontrar palabras o un mareo acompañado de inestabilidad pueden ser las primeras señales de un infarto cerebral

Una persona intenta leer un mensaje, pero las letras se ven borrosas o duplicadas. Otra se levanta de una silla y pierde el equilibrio sin una causa aparente. Alguien más sabe qué quiere decir, pero no consigue encontrar las palabras. Como todavía puede mover los brazos y caminar, quizá piense que no se trata de un infarto cerebral.
Sin embargo, un evento vascular cerebral no siempre comienza con una parálisis evidente o con la boca desviada. Los síntomas dependen de la zona del cerebro que deja de recibir sangre. En algunos casos, las primeras alteraciones aparecen en la vista, el lenguaje, la coordinación o el equilibrio, y pueden confundirse con cansancio, estrés, migraña o un simple mareo.
¿Qué es un infarto cerebral?
El infarto cerebral ocurre cuando un coágulo obstruye una arteria y evita que la sangre llegue a una región del cerebro. Sin oxígeno, las neuronas comienzan a dañarse y las funciones controladas por esa zona pueden alterarse.
Puede imaginarse como una ciudad en la que una avenida queda bloqueada: los suministros dejan de llegar a determinados barrios. La comparación ayuda a visualizar el problema, aunque en el cerebro no existe una ruta alterna capaz de compensar siempre la falta de circulación. Cuanto más tiempo permanece tapado el vaso sanguíneo, mayor puede ser el daño.

José Daniel Salvador Ruiz González, neurocirujano con subespecialidad en radiocirugía, explica en entrevista con Excélsior que las señales son mensajes del cerebro que requieren atención inmediata.
“Lo que estamos sintiendo no es algo irreal, sino algo que nos está avisando nuestro cerebro”, señala.
¿Qué síntomas puede provocar en la vista?
Un infarto cerebral puede ocasionar pérdida repentina de la visión, visión borrosa o visión doble. La alteración puede afectar uno o ambos ojos y aparecer sin dolor. También es posible perder parte del campo visual: la persona ve lo que está frente a ella, pero deja de percibir lo que ocurre hacia un costado.
Estos cambios no deben atribuirse automáticamente a cansancio, presión alta o necesidad de cambiar los lentes. El especialista menciona las alteraciones visuales repentinas entre las señales que pueden acompañar a un evento cerebrovascular, junto con problemas de movimiento, lenguaje o un dolor de cabeza súbito e intenso.
Cuando el cuerpo pierde la dirección
El mareo por sí solo puede tener numerosas causas y no siempre significa que exista un infarto. La alerta aumenta cuando aparece de forma repentina y se acompaña de pérdida del equilibrio, dificultad para caminar, falta de coordinación o sensación de que el cuerpo se inclina hacia un lado.

Una persona puede tropezar, no lograr mantenerse de pie o sentir que el entorno gira. Estos síntomas pueden aparecer cuando el problema afecta regiones relacionadas con la coordinación y el control de los movimientos. También pueden presentarse náuseas, visión doble o dolor de cabeza.
La clave está en reconocer un cambio brusco. No es lo mismo sentirse ligeramente mareado después de levantarse rápido que perder de pronto la capacidad para caminar en línea recta o sostenerse sin ayuda.
¿Cómo afecta un infarto cerebral al lenguaje?
El problema no siempre consiste en dejar de hablar por completo. Algunas personas pronuncian palabras incomprensibles, cambian unas por otras o hablan con lentitud. Otras entienden lo que escuchan, pero no pueden expresar una respuesta. También puede ocurrir lo contrario: hablan con fluidez, aunque sus frases no tienen sentido.
Una prueba sencilla consiste en pedirle a la persona que repita una frase. Si arrastra las palabras, no logra repetirla, parece confundida o no encuentra cómo responder, debe considerarse una emergencia.

Ruiz González advierte que algunas alteraciones pueden durar poco y desaparecer. Esto puede llevar a pensar que fueron producto del estrés, una desvelada o un “baído”. Pero un episodio transitorio puede ser una advertencia: “Me ocurre y se me quita y yo me vuelvo a sentir bien”, describe el neurocirujano. El error es asumir que, porque el síntoma desapareció, ya no existe peligro.
El síntoma desapareció, ¿todavía debo ir al hospital?
Sí. Una dificultad para hablar, ver, caminar o mover una extremidad que desaparece en minutos puede corresponder a un ataque isquémico transitorio. En este episodio, la circulación se interrumpe temporalmente y luego se restablece, pero el riesgo de que ocurra un infarto cerebral completo puede mantenerse.
No hay que esperar a que la boca se desvíe o aparezca una parálisis total. Tampoco conviene pedir primero una consulta programada, dormir para ver si mejora o buscar remedios en internet. Se debe llamar a los servicios de emergencia o trasladar a la persona a un hospital con capacidad para atender eventos cerebrovasculares.
Cada minuto modifica las posibilidades de recuperación
Algunos pacientes pueden recibir medicamentos para disolver el coágulo o someterse a una trombectomía, un procedimiento que permite extraerlo. La decisión depende del tiempo transcurrido, los estudios de imagen, el vaso afectado y las condiciones de cada paciente.
Por eso es importante recordar la hora exacta en la que la persona fue vista bien por última vez. No debe ofrecerse comida, bebidas ni medicamentos por cuenta propia, ya que podría presentar dificultad para tragar o tratarse de una hemorragia cerebral, cuyo tratamiento es diferente.
“El paciente no ve tiempos; el paciente responde con la atención oportuna”, afirma Ruiz González.
Su recomendación es acudir lo más pronto posible, sin esperar a calcular si todavía se encuentra dentro de una supuesta ventana de tratamiento.
El infarto cerebral no siempre paraliza desde el primer momento. Si alguien pierde repentinamente la visión, el equilibrio, la coordinación o la capacidad de hablar con normalidad, la respuesta debe ser la misma: tratarlo como una emergencia, incluso si el síntoma parece leve o desaparece.