¿Tu hijo come más, duerme peor y luego crece de golpe? Lo que ocurre durante un brote de crecimiento
Cambios repentinos en el apetito, el sueño o la estatura pueden estar relacionados con un brote de crecimiento y forman parte del desarrollo infantil normal.

El crecimiento infantil no ocurre de forma lineal, hay etapas en las que parece avanzar con rapidez y otras en las que se estanca momentáneamente, lo que suele generar dudas e inquietudes entre padres y madres.
En ese contexto, el término “brote de crecimiento” se ha vuelto común para explicar desde cambios en el apetito y el sueño hasta aumentos acelerados de estatura o molestias físicas. Sin embargo, no siempre queda claro qué significa realmente ni cuándo estos cambios forman parte del desarrollo normal.
Entender qué es un brote de crecimiento, cómo se manifiesta según la edad y cuáles son las señales que requieren atención médica permite acompañar el desarrollo infantil con información confiable y menos ansiedad.

¿Qué es un brote de crecimiento y por qué ocurre?
Cleveland Clinic describe que un brote de crecimiento es un periodo relativamente corto en el que la velocidad de crecimiento se acelera, antes de regresar a su ritmo habitual. No ocurre de un día para otro ni implica que el cuerpo “estire” de manera abrupta; se trata más bien de una aceleración gradual, propia de ciertas etapas del desarrollo.
En el caso de los bebés, el término suele usarse para describir fases en las que el lactante:
- Pide comer con mayor frecuencia,
- Se muestra más inquieto o irritable,
- Duerme peor durante algunos días o semanas.
Con el tiempo, estos cambios suelen reflejarse en aumentos de peso o talla, aunque no siempre son inmediatos.
En niños mayores y adolescentes, el brote de crecimiento suele asociarse al llamado estirón puberal, un periodo bien documentado en el que la estatura aumenta de forma más rápida de lo habitual como parte del desarrollo sexual.
Una revisión publicada en la revista científica Nutrients señala que, aunque el concepto de brotes de crecimiento en lactantes es ampliamente utilizado en la crianza, no existe un patrón universal ni un calendario fijo, y la evidencia disponible es limitada y variable entre individuos.

Señales comunes: apetito, sueño, irritabilidad y cambios en la rutina
Para muchas familias, el primer indicio de un brote de crecimiento no se nota en la báscula o el estadímetro, sino en la conducta del niño.
Señales frecuentes en bebés y niños pequeños
Durante un posible brote de crecimiento, es común observar:
- Aumento del apetito, con tomas más frecuentes o prolongadas.
- Sueño fragmentado, despertares nocturnos o dificultad para conciliar el sueño.
- Alteraciones en la rutina diaria, como rechazo a siestas habituales.
- Mayor irritabilidad, necesidad de contacto constante o llanto más frecuente.
De acuerdo con investigaciones publicadas por MDPI, estos cambios suelen confundirse con problemas de alimentación o con una supuesta “falta de leche”, cuando en realidad pueden formar parte de las variaciones normales del crecimiento infantil.
¿Cómo cambian los brotes de crecimiento según la edad?
Bebés y primera infancia
Durante los primeros 12 meses de vida, el crecimiento es rápido pero no constante. Existen periodos de avance y otros de aparente pausa. En esta etapa, los brotes suelen manifestarse más como cambios en la conducta y la alimentación que como aumentos visibles inmediatos de estatura.
No todos los bebés experimentan los brotes de la misma manera, y que comparar a un niño con otro puede generar confusión innecesaria.
Niños en edad escolar
En la infancia intermedia, el crecimiento se vuelve más estable. Aun así, un estudio publicado por Springer demostró que existen trayectorias de crecimiento diversas, con subgrupos de niños que crecen a ritmos distintos, lo que puede dar la impresión de “brotes” cuando se analizan de forma individual.
Adolescencia y el estirón puberal
El brote de crecimiento más reconocido médicamente ocurre durante la pubertad. Un estudio publicado en Frontiers in Pediatrics analizó el crecimiento de adolescentes y logró identificar con precisión:
- La edad de inicio del crecimiento acelerado,
- El llamado pico de velocidad de crecimiento,
- Diferencias claras entre niñas y niños.
Estos datos explican por qué algunos adolescentes parecen crecer varios centímetros en poco tiempo.

¿Duele crecer? Diferencias entre “dolores de crecimiento” y señales de alarma
Existe la creencia popular de que “crecer duele”, pero la evidencia médica matiza esta idea. Los llamados dolores de crecimiento son molestias benignas que suelen aparecer en la infancia, principalmente en piernas o brazos, por la tarde o durante la noche.
Un estudio clínico publicado en Dovepress identificó criterios para distinguir estos dolores de otras causas más serias. Los dolores de crecimiento típicos:
- Son bilaterales,
- No provocan inflamación ni enrojecimiento,
- No limitan la movilidad durante el día.
Además, una revisión en Frontiers in Neurology advierte que estos dolores pueden confundirse con otros trastornos, como el síndrome de piernas inquietas, por lo que es importante evaluar el contexto clínico.
Señales de alarma
Es importante consultar al médico si el dolor:
- Afecta solo una extremidad,
- Provoca cojera persistente,
- Se acompaña de hinchazón o enrojecimiento,
- Interfiere con las actividades diarias,
- O aparece junto con fiebre o pérdida de peso.

Qué hacer en casa y cuándo consultar al pediatra
Recomendaciones prácticas
- Llevar un registro de crecimiento, anotando peso, talla y cambios de comportamiento.
- Observar patrones, no solo episodios aislados.
- Mantener rutinas estables de sueño y alimentación.
- Aplicar masajes suaves o estiramientos en caso de dolores benignos, siempre que el pediatra lo autorice.
¿Cuándo acudir al especialista?
Un artículo de American Family Physician señala que debe evaluarse la velocidad de crecimiento y consultar al pediatra si esta es significativamente menor o mayor a lo esperado, o si existen síntomas atípicos como dolor persistente o cojera.
Hablar de brotes de crecimiento implica reconocer que cada niño crece a su propio ritmo y que no todos los cambios repentinos son motivo de alarma. En algunos casos, estos brotes se reflejan en mayor apetito o alteraciones del sueño; en otros, en estirones propios de la pubertad o en molestias físicas que suelen ser benignas.
La clave está en observar patrones, mantener controles periódicos y distinguir entre señales normales y signos de alerta.
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