Cáncer de mama a los 35: “detectarlo a tiempo te cambia todo el panorama”
Stephanie Rodríguez fue diagnosticada con cáncer de mama a los 35 años. Tras recibir atención oportuna, llama a las mujeres jóvenes a autoexplorarse constantemente y a no confiar en la edad como protección ante la enfermedad.

A los 35 años, Stephanie Rodríguez cumplía de forma rutinaria con sus revisiones médicas anuales en el sector privado, donde los especialistas limitaban sus evaluaciones a ultrasonidos. La justificación era la misma: al ser menor de 40 años, una mastografía no estaba indicada.
Sólo se quedan en que, por la edad, solamente te toca un ultrasonido. No acceden o no ven importante hacerte una mastografía”, relata en entrevista con Excélsior.
Sin embargo, al notar una anomalía en su pecho, acudió a una evaluación especializada donde ordenaron una biopsia y una mastografía, lo que confirmó el diagnóstico de cáncer de mama.
La enfermedad sacudió por completo su dinámica familiar. Además del golpe emocional, los efectos secundarios del tratamiento alteraron su vida cotidiana y su salud física y mental.
Yo tengo una hija de siete años y creo que ése era el miedo, el faltarle estando tan chiquita”, cuenta.
En su caso, el cáncer ha convertido a su cuerpo en un ente desconocido.
No reconoces tu cuerpo, porque no reacciona igual. Cosas sencillas se te olvidan, a veces no puedes completar una oración porque te falta una palabra y, por más que la buscas, no la encuentras.

“Te sientes cansada, con náuseas... yo creo que son muchos los síntomas físicos y, después, la cabeza. Aunque estés contenida a veces es muy difícil sobrellevarlo.
Todo lo que pasa con tu cuerpo, con tu cabeza, es triste, que a veces te sientes enojada, pero es muy frustrante estar en este lugar”, agrega.
Tratamiento oportuno y el valor de una red de apoyo
Para ella, la diferencia ha sido la red de apoyo con la que ha contado.
Yo he tenido mucho apoyo de mi esposo, de mi hija, de mi mamá, de mis hermanas, de mi suegra, de la familia de mi esposo… sí tenemos en quién apoyarnos y eso también ha sido bien importante, porque no creo que estando solo logres sobrellevar esto”, destaca.
En su caso, la atención en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha sido rápida y oportuna.
En junio me hacen la biopsia, en julio me dan el diagnóstico y el 7 de agosto yo ya estoy tomando la quimioterapia. Hasta ahorita llevo tres. He corrido con suerte, porque la verdad es que en el hospital no ha faltado nada”, enumera.

Stephanie considera una fortuna que la enfermedad se detectara en una etapa que le permite aspirar a un tratamiento con enfoque curativo.
Después me hicieron una tomografía y estoy limpia del resto, solamente está ahí en la mama. Mi pronóstico es que estamos aún muy a tiempo, porque pues ayudó el chequeo constante”.
Además, ha podido acceder a consultas externas por parte de la Fundación de Cáncer de Mama (Fucam) y a otras mediante un seguro de gastos médicos mayores. Sin embargo, es consciente de que no todas tienen ese privilegio.
Hay mujeres boteando en los semáforos para poderse hacerse una biopsia; hay pacientes del ISSSTE esperando tres meses para que les hagan un ultrasonido; hay familias enteras luchando por pagar el tratamiento de su paciente en FUCAM (que suele ser más accesible que en cualquier medico particular), ya que no tienen seguro social”, lamenta.
Finalmente, Stephanie llama a todas las mujeres a que no minimicen la autoexploración ni asuman que la juventud las protege del cáncer.