Punch, el mono viral de Japón; usa un peluche para integrarse a su manada
Esta es la historia de Punch, el macaco japonés del Zoológico de Ichikawa que usa un peluche de orangután como apoyo emocional tras ser abandonado por su madre

Las imágenes de un pequeño primate aferrado con fuerza a un muñeco de peluche han trascendido las fronteras de Asia para instalarse en la conversación digital. Se trata de Punch, un macaco japonés de apenas seis meses de edad que, tras enfrentar el abandono materno, encontró en un objeto inanimado la seguridad necesaria para sobrevivir a la dinámica de su grupo.
El Zoológico de Ichikawa, ubicado en la prefectura de Chiba, se convirtió en el epicentro de este fenómeno viral. Visitantes locales y turistas acuden al recinto de los primates con el objetivo de capturar el comportamiento inusual de este ejemplar, cuya historia biológica y social explica su peculiar apego.
Un inicio marcado por la intervención humana
La vida de Punch comenzó el 26 de julio de 2025. Sin embargo, las primeras horas de su existencia definieron su futuro inmediato: su madre biológica rechazó la crianza, una conducta que, aunque natural en algunas ocasiones dentro del reino animal, obliga a la intervención externa para garantizar la supervivencia de la cría.

Ante el riesgo de muerte por desatención, el equipo de veterinarios y cuidadores del zoológico tomó la decisión de criarlo a mano. Durante sus primeros meses, Punch recibió alimentación, calor y cuidados exclusivamente de seres humanos.
Este proceso, vital para su desarrollo físico, generó una impronta social distinta a la de sus congéneres. Al crecer rodeado de personas, el macaco no desarrolló en sus primeras etapas las habilidades sociales típicas que un primate aprende de su madre y de su tropa.

El desafío de la reintroducción
El pasado mes de enero de 2026, cuando Punch alcanzó un desarrollo físico suficiente, los especialistas decidieron que era momento de reintegrarlo a su hábitat natural dentro del zoológico. El objetivo era que conviviera con el resto del grupo de macacos japoneses y asumiera su rol dentro de la jerarquía de la especie.
No obstante, la transición presentó complicaciones inmediatas. Al haber crecido bajo el cuidado humano, Punch mostró dificultades significativas para adaptarse a la vida en comunidad.
El comportamiento de los otros monos, regido por códigos de conducta y jerarquías estrictas, resultaba ajeno para la cría. Los cuidadores observaron que el animal se aislaba y mostraba signos de estrés ante la interacción con sus pares, careciendo de una figura materna que lo protegiera o guiara en este proceso de socialización.

El peluche como herramienta de adaptación
Para mitigar el estrés de la separación humana y facilitar la transición, el personal del zoológico implementó una solución singular: le entregaron un peluche con forma de orangután. La elección del objeto no fue al azar; buscaba ofrecerle una textura y una forma a la cual pudiera aferrarse, simulando el pelaje de una madre.
La respuesta de Punch fue inmediata. El pequeño macaco adoptó el muñeco como un sustituto materno y un ancla emocional. Desde entonces, el comportamiento del animal gira en torno a este objeto:
- Lo abraza durante sus periodos de sueño.
- Lo carga consigo mientras se desplaza por el recinto.
- Lo utiliza como barrera o refugio cuando se encuentra cerca de otros monos.

La perspectiva etológica
Expertos en comportamiento animal y zoología han analizado el caso, señalando que el peluche funciona como un "objeto transicional" o un lugar seguro. En la etología, se reconoce que los primates jóvenes requieren contacto físico constante para regular sus niveles de ansiedad.
Al no tener una madre biológica disponible en el grupo, el peluche cumple la función de reducir el cortisol (hormona del estrés) en el organismo de Punch. Esto le permite mantenerse en el recinto con los otros macacos sin entrar en pánico, facilitando una aproximación gradual a la convivencia real.
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