Una brega de eternidad
A mi querido don Efra, con gratitud. El PAN llevó a cabo su relanzamiento el día sábado y se prepara para lo que, en los hechos, será la refundación del partido a finales de noviembre. El momento no puede ser más oportuno, al ...
A mi querido don Efra, con gratitud.
El PAN llevó a cabo su relanzamiento el día sábado y se prepara para lo que, en los hechos, será la refundación del partido a finales de noviembre. El momento no puede ser más oportuno, al realizarse justo 18 meses antes de las elecciones intermedias: el reto que enfrenta el otrora poderoso instituto político, sin embargo, es inmenso.
La confianza tarda años en construirse, pero puede verse destruida en un instante. Poco tiene que ver el Partido Acción Nacional de los días actuales con el que conocimos antes que se estableciera la alianza con el PRI de Alito Moreno; poco tenía que ver el PAN de aquel entonces con el que ganó la Presidencia en los albores del siglo XXI, y menos aún con el que soñaron los fundadores del partido, hace 86 años, en el mismo lugar donde el sábado se anunció el reciente cambio de rumbo. El partido de derecha se perdió en un laberinto donde lo más importante parecía ser la obtención del poder inmediato, sin mayor visión a futuro: las grandes victorias no supieron capitalizarse cuando era prudente hacerlo, y la corrupción de los gobiernos del pasado alimentó la narrativa de un régimen populista que, al día de hoy, los sigue haciendo responsables de los problemas —y errores— del presente.
Los dirigentes dejaron de escuchar a la ciudadanía, y con el objetivo inmediato de recuperar el poder se aliaron con quien históricamente había sido su mayor enemigo: las derrotas hicieron mella muy pronto, y el proyecto histórico del PAN parecía comenzar a diluirse en lo que el oficialismo denominó con sorna como PRIAN, sin que nadie se atreviera a cuestionar el despropósito blanquiazul hasta el día de ayer. “Comenzamos hoy una nueva era en donde el futuro de Acción Nacional no depende ni dependerá de ninguna alianza partidista”, aseguró Jorge Romero en el discurso de relanzamiento del partido. “Ni presente ni pasada ni futura”, enfatizó. “El PAN pone punto final a una era y, hoy, se apuesta por el PAN. Ningunas siglas se antepondrán a las nuestras…”.
El “qué” parece estar muy claro; el “cómo”, sin embargo, se tendrá que hilar más fino. La política arroja complejidades que rebasan la mera concepción de una disputa entre adversarios, se trate de izquierdas y derechas, igualdad y libertad o incluso la lucha marxista entre clases sociales: la política, entendida como “el arte de lo posible” para la búsqueda del bien común, en la interpretación aristotélico-tomista del término, requiere de la construcción de acuerdos no sólo con los adversarios naturales, sino también con los grupos afines que sostienen una visión diferente de país a pesar de tener enemigos comunes. La política es mucho, mucho más compleja. Y más en México.
No es lo mismo, de ninguna manera, una derecha autoritaria que una derecha con vocación social: no es lo mismo, en absoluto, la ideología superficial de los líderes ultraderechistas actuales que el pensamiento profundo y humanismo democrático de personajes titánicos como Manuel Gómez Morin, Efraín González Luna o Carlos Castillo Peraza. El PAN tendría de dónde abrevar —como ningún otro partido político mexicano— si realmente se decide a hacerlo.
Los viejos, aunque ya no estén, siguen estando presentes. Y no deberíamos olvidarlos. “La construcción del México del futuro es un deber permanente: no es sólo tarea de un día, sino brega de eternidad”, solía repetir Gómez Morin. “Quienes están cómodamente instalados en las estructuras creadas por ellos, para beneficio de los menos, no se preocuparán por cambiarlas”, aseguraba don Efraín. “La política no es una lucha de ángeles contra demonios, sino que debe partir del fundamento que nuestro adversario político es un ser humano”, afirmaba con decisión Castillo Peraza mientas sentaba los cimientos de la democracia que un día no muy lejano logramos vislumbrar y hoy estamos perdiendo. El PAN, al parecer, ha decidido regresar a sus raíces: la construcción del México democrático será por siempre, y no deberían olvidarlo nunca, una brega de eternidad.
