Un remedio de aplicación interna
A mis grandes amigos del Ipade. Todos los caminos son correctos cuando no se sabe a dónde vamos. La moratoria constitucional declarada por los partidos de oposición es necesaria y urgente, no sólo para poner un freno a la destrucción institucional encabezada por el ...
A mis grandes amigos del Ipade.
Todos los caminos son correctos cuando no se sabe a dónde vamos. La moratoria constitucional declarada por los partidos de oposición es necesaria y urgente, no sólo para poner un freno a la destrucción institucional encabezada por el Presidente de la República sino también para poner a prueba la capacidad de coordinación de quienes pretenden sucederlo.
Hace falta mucho más que eso, sin embargo. El mundo se aproxima a una recesión mayor, y muy distinta, a las que hemos conocido con anterioridad: a las repercusiones globales de la pandemia, la crisis de petróleo y la invasión rusa se suman, ahora, la disrupción en las cadenas productivas, una inflación galopante y la pérdida de confianza de los consumidores. La relevancia internacional de Estados Unidos está en entredicho, al igual que la solidez de su moneda, y se anticipa que la crisis económica pudiera convertirse en recesión en unos cuantos meses, incidiendo de lleno en las elecciones intermedias con una situación que podría equipararse, según algunos expertos, a la vivida durante la Gran Depresión.
México habrá de resentirlo, como todos los países, pero en nuestro caso la interacción comercial, la gran dependencia a las remesas y la poca preparación con políticas públicas adecuadas lo harán aún más difícil para la población. El futuro se avizora complicado, por decir lo menos: en este sentido, la moratoria constitucional es sólo un primer intento para poner el freno a un caballo desbocado en su carrera al abismo. Hace falta mucho más.
Hasta el momento, y a pesar de los errores del gobierno, los partidos de oposición no han sido capaces de plantear una propuesta distinta de manera coordinada, ni mucho menos de construir una narrativa suficiente para convencer a una población que, desde que les retiró la confianza en 2018, no ha encontrado razones para volver a creer en ellos. Así, sin propuestas válidas, ideas nuevas ni protagonistas decentes, tal parece que lo único que le queda a la oposición es una estridencia que no convence sino a los que ya están convencidos y les aleja de una población que continúa creyendo en un Presidente tan mediocre y mentiroso como los anteriores, pero que al menos les deposita el dinero que, según les explica, los otros pensaban robarse.
El hambre llegará, sin embargo, y los programas sociales no serán suficientes para alimentar a una población que ya ha sufrido demasiado; la violencia continuará, y los abrazos no serán suficientes para contener las consecuencias de un pacto inconfesable. ¿Qué sigue?
Todos los caminos son correctos cuando no se sabe a dónde vamos. La moratoria constitucional no es más que un paso inicial: lo que tendría que seguir, ahora, es la definición del rumbo al que queremos dirigirnos. Un rumbo que, en esta ocasión, no podrá ser definido por las cúpulas políticas sin la participación activa de la ciudadanía, y en específico de la clase media urbana que no sólo ha sido la más afectada por las políticas del gobierno en funciones, sino que cada vez está más activa y dispuesta a participar en las decisiones que ahora sabe le afectan en su salud, su patrimonio, su vida.
El día de ayer, con el evento en Toluca, en Morena se dio el banderazo de salida a la campaña por el 2024. Una campaña de popularidad, que no de ideas: quien resulte triunfador, de acuerdo con las reglas establecidas por el propio Presidente, será aquél que resulte más popular y no necesariamente quien tenga el mejor proyecto de nación.
En un año se realizará la primera encuesta, y los contendientes —sobre todo sus grupos de intereses— serán capaces de cualquier cosa con tal de opacar a los demás y granjearse el favor del mandatario: durante los próximos doce meses seremos testigos de la canibalización y violencia de un movimiento que surgió de la discordia y se sigue nutriendo de ella. Este es el momento de la oposición, si es que alguna vez hubo alguno: el “divide y vencerás”, en este caso, será un remedio de aplicación interna.
