Un mero golpe de suerte

12. Gràcies per tant, G. El instante que antecede a la catástrofe. El momento previo: el instante preciso en que las ruedas del coche pierden adherencia con el piso y el vehículo comienza a dar volteretas sin que el segundo mejor piloto ...

                12. Gràcies per tant, G.

El instante que antecede a la catástrofe. El momento previo: el instante preciso en que las ruedas del coche pierden adherencia con el piso y el vehículo comienza a dar volteretas sin que el segundo mejor piloto del mundo pueda adivinar en dónde va a caer, o —mucho menos— sea capaz de hacer algo al respecto. El momento en que el conductor, simple y sencillamente, ha perdido el control.

Un control obtenido por un golpe de suerte, por otra parte. El sexenio de López Obrador arrancó con entusiasmo, pero habría de enturbiarse pronto tras el sospechoso accidente en el que perdieron la vida tanto la gobernadora de Puebla como el único opositor que representaba una amenaza a su gobierno, en diciembre de 2018. Los problemas se agravarían en enero del año siguiente, cuando el país se vio cimbrado con las explosiones de Tlahuelilpan y el desabasto de combustible que habría de sucederle; en febrero del mismo año el mandatario visitaría Badiraguato por primera vez, estando en funciones, y en octubre habría de ejercerlas —a plenitud— ordenando la liberación de Ovidio Guzmán y obstruyendo, al mismo tiempo, una orden de extradición del gobierno estadunidense. Los gringos no se rendirían: el combate a los opiáceos es una de las prioridades en la agenda norteamericana, a la par de ser un magnífico argumento de campaña. Y lo fue por completo, aunque no para quien había sido diseñado: cuando el culiacanazo falló, las autoridades norteamericanas procedieron con la captura de quien había sido su nexo en el gobierno mexicano, sin entender la dimensión de la Caja de Pandora que estaban abriendo sin darse cuenta.

La detención de Genaro García Luna fue un golpe de suerte para el gobierno mexicano —cuyo declive llegaba demasiado pronto— al que trató asirse por todos los medios para justificar, así, una narrativa épica que desde entonces ha sabido aprovechar hasta el cansancio. Los últimos cinco años se han tratado de eso, en realidad: García Luna, García Luna, García Luna, son las palabras que se escuchan cada vez que un reportero se sale de control en las conferencias de las mañanas; García Luna, García Luna, García Luna, es el argumento utilizado cuando se trata de probar que los resultados y la calidad moral del Presidente en funciones son superiores a la de todos aquellos que le han precedido, además de los que podrían venir.

García Luna se ha convertido en un símbolo de la corrupción gubernamental en nuestro país, toda vez que quienes le acusan son los propios líderes del crimen organizado que se han puesto a la disposición de las autoridades norteamericanas tras haber entregado previamente pruebas de lo que afirman. La detención de García Luna fue un golpe de suerte providencial para la administración obradorista, y no sólo fue suficiente para mantener la narrativa del gobierno durante todos estos años, sino que trascendió hasta convertirse en la piedra angular que legitima las acciones de quien habrá de sucederle. Nosotros no somos iguales, había sido el guion presidencial hasta antes de la detención del Mayo Zambada.

Fue un mero golpe de suerte, afirmó el gobierno norteamericano; fue contra mi voluntad, aseguró el narcotraficante en un comunicado redactado cuidadosamente. Nosotros no supimos nada ni tuvimos algo que ver en todo esto, expresó —titubeante— el segundo Presidente más popular del mundo, aquél en cuyos dominios no sucede nada sin su consentimiento. Lo que se juega en noviembre no es una elección más, sin embargo, y su relevancia a futuro rebasa las pretensiones de un caudillo de patio trasero. En agosto lo escucharán, mientras que despotrique; en septiembre habrán de medirlo, cuando la desmesura del poder absoluto lo rebase en sus decisiones. En octubre cobrarán las facturas pendientes, cuando no pueda defenderse y les resulte más provechoso en sus propios términos electorales…

Los gringos no tienen amigos, sino aliados: hay lecciones que sólo se comprenden en el instante justo anterior a la catástrofe. El momento en que las ruedas del coche pierden adherencia con el piso, y el vehículo comienza a dar volteretas…

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