Tendría que asustarnos…
Gracias totales, PP. Y feliz cumpleaños. Lo que mal empieza mal acaba. El segundo mandato de Donald J. Trump aún no cumple sus primeros cien días, pero no es difícil advertir hacia dónde se dirige. En menos de tres meses, EU ha dejado de ser el bastión de la ...
Gracias totales, PP. Y feliz cumpleaños.
Lo que mal empieza mal acaba. El segundo mandato de Donald J. Trump aún no cumple sus primeros cien días, pero no es difícil advertir hacia dónde se dirige. En menos de tres meses, EU ha dejado de ser el bastión de la democracia, y el mundo libre, para convertirse en una copia burda de los regímenes autoritarios que alguna vez combatieron.
El caso de Kilmar Ábrego García marcará un parteaguas en la política norteamericana, sin duda alguna. “Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista”, inicia un poema atribuido a Bertold Brecht que los estadunidenses parecen estar comprendiendo. “Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista; vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Después vinieron por mí, y ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre”.
Las protestas multitudinarias no sólo han reunido a los opositores, sino que comienzan a sumar tanto a republicanos como a los antiguos aliados del presidente. El respeto al debido proceso es un baluarte de la cultura norteamericana que Trump no ha dudado en pisotear desde un principio, y que a despertar suspicacias. “Homegrowns are next”, afirmó al dictador salvadoreño que funge como su carcelero en su más reciente visita. “Tendrás que construir como cinco prisiones más”, le aseguró sonriendo. “Tenemos espacio”, respondió el tirano tropical, complaciente.
“Tendría que asustarnos que personas que no son criminales sean deportadas a prisiones salvadoreñas”, reflexionaba posteriormente Joe Rogan, una de las voces más influyentes dentro de la escena pública estadunidense. “Es una locura que eso pueda suceder, es horrible”, aseguró. “Imaginemos que en 2028 llega al poder alguien distinto, alguien de izquierda. Supongamos que con este precedente adopta medidas parecidas, y decide enviar a El Salvador a quienes considera, por ejemplo, demasiado conservadores. Podría suceder”.
El presidente tiene el poder, pero ha perdido la confianza. Las inversiones se detienen, los turistas ya buscan destinos más seguros. “These countries are kissing my ass”, se pavonea Trump mientras su aprobación disminuye y trata de ocultar los escándalos de su gobierno entre cortinas de humo que se han vuelto, de tanto, cotidianas. El más reciente –sin embargo– podría costarle no sólo el sueño sobre un tercer periodo, sino la prevalencia de su partido en las próximas elecciones intermedias.
El gobierno norteamericano está actuando al margen de la ley, según advirtió la periodista Rachel Maddow hace unos cuantos días. La dependencia gubernamental encabezada por Elon Musk desactivó las alertas de seguridad sobre las bases de datos más importantes del país y permitió el acceso a las mismas a potencias extranjeras, según reveló el funcionario público que, tras advertirlo y denunciarlo, comenzó a recibir amenazas para que se desistiera de la denuncia. El escándalo no es menor, aseveró la periodista: en la realidad y, en los dolorosos hechos, el dueño de la plataforma de comunicación política más relevante a nivel global –y, por consiguiente, de los datos que recaba de sus usuarios– ha estado utilizando la información gubernamental –y sus bases de datos– sin derecho ni atribución alguna, para hostigar a los enemigos del régimen del que ahora forma parte. Para incrementar su propia fortuna. Para satisfacer a su propio racismo.
“Primero vinieron por los socialistas y guardé silencio porque no era socialista”, resuena en los oídos de los republicanos que ahora se manifiestan en las calles: los republicanos ahora saben que lo que le está pasando a Kilmar le podría suceder –muy pronto– a cualquiera que pudiera diferir de la posición oficial sin importar su afiliación política. “Homegrowns are next”, aseguró a su patiño sin darse cuenta de lo que transmitía a su propia ciudadanía. Una ciudadanía que ahora sabe que, de seguir así, muy pronto se quedará sin nadie que pueda hablar en su nombre. Tendría que asustarnos, como dijo Joe Rogan.
