Ten cuidado con lo que deseas
Ten cuidado con lo que deseas, porque se te puede conceder. “A la primera manifestación de 100 mil, y que yo vea que en las encuestas ya no tengo apoyo, a Palenque, Chiapas”, afirmó confiado en 2020, el Presidente de la República. Si el mandatario esperaba que el ...
Ten cuidado con lo que deseas, porque se te puede conceder. “A la primera manifestación de 100 mil, y que yo vea que en las encuestas ya no tengo apoyo, a Palenque, Chiapas”, afirmó —confiado— en 2020, el Presidente de la República. Si el mandatario esperaba que el escándalo de García Luna disminuyera la afluencia a la manifestación a favor del INE del día de ayer, ahora sabe —en cambio— que el primero de sus deseos ha sido concedido.
La respuesta presidencial llegará, virulenta, y en su momento vendrán las manifestaciones en apoyo al líder y en contra de sus adversarios. La diferencia estribará en lo que saca a la gente a las calles: en el caso de unos, lo serán la defensa de las instituciones y el Estado de derecho; en el de los otros, la veneración a una persona que han entronizado y cuyo periodo tiene un fin que se aproxima. La oposición ha demostrado que puede articularse en torno a una causa común y determinada, como lo es la defensa de una de nuestras instituciones fundamentales: la llamada cuarta transformación, en cambio, sólo es capaz de congregarse alrededor de una persona y los resentimientos que ésta les ha exacerbado.
Los próceres de la patria podrán ser recordados por muchas cosas, pero nunca por haber perdido el tiempo —y hacérselo perder a la nación entera— luchando contra sus propios molinos de viento. El Presidente podrá reunir a cuantos quiera, con tal de sentirse popular en los meses que le restan: la realidad es que ha desperdiciado el sexenio que le correspondía, en 2018, tratando de demostrar que tenía la razón en 2006. El movimiento obradorista no tiene más visión de futuro que la que se dicta cada mañana por el mandatario, y quedará huérfano tras su partida. ¿Cómo sabrán ahora qué deben pensar? ¿Cómo se pondrán de acuerdo?
El mandatario ha perdido el tiempo en las ocurrencias de cada mañanera, y no se interesó en construir instituciones que pudieran brindarle solidez a una visión de país que, por otro lado, nunca ha sido más que el conjunto de las ocurrencias del momento. El Presidente ha perdido el tiempo, también, de quienes votaron creyendo en las promesas de campaña contra la militarización —o a favor de los derechos humanos— y que ayer participaron en las manifestaciones: los arrepentidos saldrán, y seguirán saliendo, conforme el término del mandato se acerque y el poder se le escurra entre los dedos.
El Presidente no lo tiene todo ganado: la oposición no lo tiene, tampoco, todo perdido. El mandatario le ha fallado a una sección considerable de su electorado, que lo sigue apoyando en buena medida por el resentimiento y el miedo que ha sabido infundirles en contra de sus propios enemigos: por eso la urgencia de tener un adversario concreto para despedazar desde su tribuna; por eso el miedo que le produce una ciudadanía que despierta y acude al Zócalo, en los cientos de miles, a manifestar un rechazo contundente a las políticas de su gobierno. Por eso, también, la necesidad —y urgencia— de encontrar una causa común, y la ruta para lograrla, antes que apresurarnos en buscar un dirigente que nos lleve a un rumbo incierto.
Una causa que no sea política, para poder definir políticas a partir de la causa misma. Una causa que no se base en las diferencias que hemos cultivado, sino en los puntos en los que podemos estar de acuerdo. Una causa que interese a todos los mexicanos, y no solamente a los seguidores encendidos de cualquier personaje capaz de enardecer a las masas; una causa real, a largo plazo, que podamos convertir en un proyecto de nación conjunto. Una causa, que no un programa de gobierno: una meta ambiciosa, y transversal, para quienquiera que resulte ser el próximo titular del Ejecutivo.
Ten cuidado con lo que deseas, porque se te puede conceder. Tres deseos: un primero, por ver a la ciudadanía unida, cumplido gracias a la desmesura del mandatario; un segundo, por un país mejor, si somos capaces de encontrar una causa común. El tercero —por supuesto— para que llegue pronto, y con bien, a su finca.
