Subirse al segundo piso
Sólo el correr de los años nos permitirá entender –en su verdadera dimensión– la magnitud y el alcance de las reformas emprendidas por el expresidente López Obrador, que culminaron el sábado pasado con una tómbola que decidió al azar el futuro de la ...
Sólo el correr de los años nos permitirá entender –en su verdadera dimensión– la magnitud y el alcance de las reformas emprendidas por el expresidente López Obrador, que culminaron el sábado pasado con una tómbola que decidió al azar el futuro de la impartición de justicia en nuestro país. La transformación es real, aunque no sea positiva: México atraviesa una de las etapas más oscuras en su política interna, mientras que los nubarrones comienzan a formarse –ominosos– en el exterior.
Se avecinan tiempos complicados, sin duda alguna: el enjuiciamiento de los narcotraficantes, la elección norteamericana y la relación con el gobierno resultante, la renegociación del tratado de libre comercio entre los tres países que, además de todo, fungirán como anfitriones del mayor evento deportivo del mundo en tanto los políticos se sientan a la mesa. Las decisiones de nuestro gobierno parecen obedecer a prioridades ajenas, sin embargo: una vez removido el velo de lo que –gozando del poder absoluto– son capaces de hacer, tendríamos que tratar de entender el país que contemplan después de todo esto.
Las reformas de Salinas fueron difíciles, pero sentaron las bases de una nación que se atrevió a salir y hacer frente al mundo; las reformas de Zedillo fueron dolorosas en su momento, pero nos dejaron un país estable y con el andamiaje listo para la vida democrática que hoy se encuentra en sus postrimerías. Lo que ahora vivimos, por el contrario, no obedece sino a la ocurrencia de una sola persona, así como al inocultable denuedo de su propio culto por complacerlo a cualquier costo. La pregunta es pertinente: ¿cómo será el México del futuro, cuando las emociones hayan cedido a la razón y los efectos de estas reformas se revelen por completo? ¿Con quiénes haremos comercio, quiénes serán nuestros aliados estratégicos? ¿En qué lugar de la Historia nos habremos colocado? ¿Es eso, realmente, lo que queremos?
Lo peor de todo es que podría ser muy distinto: lo mejor de todo, también. Las condiciones geopolíticas son propicias, desde hace años, para que México se convierta en el principal foco de desarrollo industrial –y comercial– de la región entera: bastaría con brindar mayor certidumbre jurídica, y fortalecer el Estado de derecho, para detonar el crecimiento que tanto necesitamos. La primera Presidenta de la República llegó al poder en virtud de una votación abrumadora, con una legitimidad superior a la de quien le allanó el camino, y suficiente para construir sobre la obra de su predecesor: el segundo piso, a final de cuentas, no se construyó con la intención de replicar los congestionamientos del anillo periférico, sino para resolver los problemas que la mala planeación del primero había originado.
Sólo el correr de los años nos permitirá entender la magnitud real, y el alcance, de las reformas emprendidas por el expresidente López Obrador: sólo el transcurrir del tiempo nos permitirá entender, de la misma forma, el papel crucial de Claudia Sheinbaum en la definición del futuro de un país que hoy parecería destinado a zozobrar sin mayor remedio. La reforma judicial es un obstáculo para el país, que compromete la viabilidad del gobierno que apenas inicia: los argumentos legales en su contra abundan; los que apelan al sentido común, más todavía. La decisión final de lo que ocurra, sin embargo, no corresponde más que a una sola persona: a la mujer que logró romper el techo de cristal, y sobre cuyos hombros –y no los de alguien más– pesa y reposa la responsabilidad entera del Estado mexicano.
El segundo piso no se edificó con la intención de replicar los congestionamientos del anillo periférico, sino para resolver los problemas que se suscitaban en su entorno. Para llegar más rápido de un lugar a otro: para resolver problemas, y lograr la comunicación entre puntos que antes se encontraban distantes: si lo construye así, muchos habremos de subirnos. Aunque creamos que la solución era otra.
