Si nos organizamos

A mis hijas.Las conferencias mañaneras fueron durante la primera mitad de este sexenio la herramienta perfecta para distraer y dirigir la conversación hacia los temas que le interesaban al Presidente. Anécdotas, chistes, lecciones de ...

                A mis hijas.

Las conferencias mañaneras fueron —durante la primera mitad de este sexenio— la herramienta perfecta para distraer y dirigir la conversación hacia los temas que le interesaban al Presidente. Anécdotas, chistes, lecciones de historia. La rifa de un avión, los problemas heredados del pasado. Los enemigos históricos, los culpables de siempre.

Hasta que llegó la Casa Gris, que lo pasmó y ante la que no supo cómo responder: ni las provocaciones a otros países, ni los ataques a los periodistas, ni —mucho menos— la consulta de revocación de mandato han sido suficientes para recuperar el control de la agenda pública. El Presidente perdió la narrativa, y trata de recuperarla mientras se desvelan las razones de un gobierno que nunca funcionó: nada explica tanto los errores de los últimos tres años como los pleitos internos, entre su equipo más cercano, que ahora conocemos.

Hoy inaugura el aeropuerto: en un par de semanas vendrá la consulta de revocación de mandato. El Presidente le apuesta a sus eventos estelares en el momento en que más los necesita, y confía en que el ruido que provocarán le permitirá dejar atrás los temas que le incomodan, y retomar el control de la agenda pública: lo más inteligente, en cualquier caso, sería ignorarlo por completo.

La oposición, mientras tanto, continúa dividida. Como si fuera por diseño, como si las rupturas fueran provocadas por el que sale ganando con todo esto. Los partidos por un lado, la sociedad civil por otro; los gobernadores soñando con embajadas, los ciudadanos en modo de supervivencia ante las crisis de salud y seguridad que están sufriendo en carne propia. Los líderes sociales que promueven las causas que le convienen al gobierno, los comunicadores que parecen haberse rendido ante el canto de las sirenas oficiales.

La oportunidad, sin embargo, está aquí. Y es el momento de aprovecharla, antes que la catástrofe en marcha sea mucho mayor o, peor aún, continúe con el próximo gobierno. La sociedad civil necesita de los partidos, al ser el instrumento natural de la vía democrática; los partidos necesitan de la sociedad civil, al ser ésta quien legitima sus propuestas con el voto. La sociedad civil es diversa, al estar integrada por grupos con visiones e intereses distintos y, muchas veces, enfrentados; la sociedad civil ganaría mucho, y también los partidos, si se entendiera que ciudadanos y políticos pueden trabajar juntos, cuando se comparten objetivos concurrentes.

Objetivos concurrentes que, hoy en día, son más claros que nunca: por un lado, la defensa del INE y las instituciones democráticas; por el otro, la restitución y aplicación del Estado de derecho. El 7 de julio de 2024 se aproxima, y la suerte no estaría echada si la oposición entera fuera capaz de organizarse en torno a los objetivos que sí pueden compartir, con un calendario común y actividades que no tendrían que contraponerse entre sí por el estilo que cada quien tenga para manifestarse por las causas comunes: si la sociedad civil se organiza, todos los grupos pueden tener cabida. Todos, a final de cuentas, tenemos algún agravio.

Este es, sin duda, el momento de la sociedad civil. El momento de la ciudadanía verdadera, más allá de personajes y grupos de poder. México no necesita un candidato al que podamos seguir, sino a un candidato que esté dispuesto a seguirnos a todos. Lo mismo con los partidos políticos, cuya postura ambigua en temas como el de la reforma eléctrica, aunado al reparto de embajadas, apunta a negociaciones entre cúpulas. El riesgo no admite demoras, y la definición es necesaria: ¿con quién estarán los políticos? ¿Con la ciudadanía, o con sus propios intereses?

Objetivos concurrentes, causas compartidas, calendarios en común. Un Presidente debilitado, un gobierno en conflicto interno. Ciudadanía organizada, liderazgos verdaderos; políticos y partidos alineándose con la sociedad civil porque, de otra forma, terminarán por desaparecer. El 2024 puede ganarse, si queremos. Si lo creemos. Si nos organizamos.

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