¿Quién será el villano en los libros de texto?
Mucho tiempo pasará antes de que seamos capaces de advertir, en su desoladora magnitud, el daño que la administración del presidente López Obrador le ha causado de forma inadvertida o deliberada a nuestro país.Las evidencias sin embargo están ahí, al alcance de ...
Mucho tiempo pasará antes de que seamos capaces de advertir, en su desoladora magnitud, el daño que la administración del presidente López Obrador le ha causado —de forma inadvertida o deliberada— a nuestro país.
Las evidencias —sin embargo— están ahí, al alcance de cualquiera: quienes, en el futuro, se dediquen a investigar lo que pasó en este periodo aciago, tendrán material de sobra. La historia siempre termina por colocar en su lugar a los gobernantes que, en su momento, han llegado a suponer que el apoyo del populacho sería suficiente para elevarles a los altares de la patria, y que consagraron su gestión en seducirle con regalos y palabras: el destino final de otros gobernantes, como el de otro López —no el de Macuspana, sino el De Santa Anna, por ejemplo— es una prueba fehaciente.
La referencia no es inicua pero, sin duda alguna, da lugar a reflexiones que resultan menos inocuas. ¿Cuáles habrían sido, en aquellos tiempos, los índices de aprobación de un personaje que pudo regresar, en más de seis ocasiones —y por aclamación popular— a la Presidencia de la República? ¿Qué tanto creyó poseer los hilos del poder quien despreció la frágil democracia que se estaba construyendo, y se hizo llamar por el título de Alteza Serenísima? Y —tal vez lo más importante para nosotros— tras sus enfrentamientos con la prensa, y la persecución a sus adversarios políticos, ¿cuál es el lugar que ocupa, al paso de los años, en nuestra historia?
La guerra por Texas dejó un saldo que ronda los 15 mil muertos, la estrategia de abrazos y no balazos presume más de 100 mil en la cuenta. La guerra contra la pandemia, que no ha terminado, contabiliza —hasta el momento y de acuerdo con las cifras oficiales— más de 300 mil muertes violentas; las cifras totales de nuestra guerra contra EU, provocada por el otro López, no suma ni la mitad de los decesos. ¿Quién será el villano en los libros de texto?
Un López supera al otro, y el que tenemos en turno a todos los demás. López de Santa Anna no sólo entregó el territorio, sino a la gente que lo poblaba —como la familia del embajador norteamericano— y que, hoy, disfruta de una vida más próspera que la que podría tener, de haber seguido sujeta a la soberanía mexicana. Otro López —no el de Macuspana, sino López Portillo— se encargaría de demostrarlo, un siglo después, al considerar que el petróleo sobre el que se sentaba sería suficiente para enriquecer al país, y lograr todos sus planes.
A una crisis le ha seguido otra, con el resultado que todos conocemos. Crisis económicas, sanitarias, de seguridad y gobernanza. Crisis que hoy se incrementan con nuestro López en turno, quien —para mayor paradoja— insiste en asumirse como conocedor y cronista del pasado, en lugar de asumir el lugar privilegiado que corresponde a quien tiene la capacidad de tomar decisiones a futuro. La ignorancia es atrevida, sin duda alguna: mucho más cuando se ejerce un poder absoluto.
La crisis de seguridad que atravesamos no tiene precedente, la crisis de salud tampoco. La sociedad está polarizada, y las capacidades tecnológicas con las que contamos para distribuir ideas y mensajes se pierden en discusiones inútiles. La semana pasada, por poner un mero ejemplo, supimos lo que representa la ausencia del Estado, tanto en las masacres que continúan en las entidades menos favorecidas por la Federación, como en las cifras de contagio producto de una comunicación deficiente —y un pésimo ejemplo— por parte de nuestras autoridades. Nada, sin embargo, cambió.
Los datos sobre la pandemia —y la posible corrupción en la importación de armas por el Ejército— se perdieron en el marasmo de los baños del aeropuerto y en las gracejaras del Presidente. Los problemas se olvidan, la popularidad del mandatario aumenta: mucho tiempo pasará, antes de que advirtamos el daño que esta Cuarta Transformación de pacotilla nos ha ocasionado. El dictador en ciernes está haciendo lo suyo: la historia terminará por determinar el lugar que nos correspondía, frente al López que nos tocó.
