¿Quién aprovechará el declive del Presidente?

A dos años de haber ganado la elección, en 2014, el sexenio del presidente Peña Nieto marchaba todavía sobre ruedas. Hoy la memoria es muy distinta, pero en aquellos tiempos el gobierno parecía tenerlo todo bajo control: el PRI había regresado al poder, el Pacto por ...

A dos años de haber ganado la elección, en 2014, el sexenio del presidente Peña Nieto marchaba todavía sobre ruedas. Hoy la memoria es muy distinta, pero en aquellos tiempos el gobierno parecía tenerlo todo bajo control: el PRI había regresado al poder, el Pacto por México había unido a la oposición en una causa común con el mandatario, las reformas estructurales colocaban al gobierno —como en los años 70— en posición de administrar la abundancia.

Todo cambió en cuestión de meses. Saving Mexico, afirmaban las portadas internacionales, hasta que la realidad terminó por alcanzarnos. Unos meses más tarde, el precio del petróleo se desplomaría, cuando era nuestra gran esperanza. Las tragedias de Tlatlaya, y de Ayotzinapa poco tiempo después, nos regresarían a una realidad que nunca terminó; el escándalo de la Casa Blanca nos abrió los ojos sobre lo que, en verdad, estábamos viviendo. El gobierno en funciones era todopoderoso, hasta que la realidad lo puso a prueba: en aquel momento, y frente al pasmo gubernamental, el principal —y único— político antisistema supo aprovechar la situación en su propio beneficio.

¿Para qué una reforma energética —cuestionaba el candidato— cuando explotar nuestros yacimientos petrolíferos es algo tan sencillo como hacer un simple pozo de agua? ¿Por qué combatir al crimen organizado, cuando la inseguridad es una cuestión que se puede resolver con la mera voluntad de repartir abrazos, en vez de balazos? ¿Para qué las propiedades, para qué los grandes lujos? Para qué la ostentación, para qué los excesos de quien podría tener dos pares de zapatos, cuando ya se cuenta con uno?

¿Para qué tantas palabras, cuando no se vive de acuerdo con lo que se predica? El discurso presidencial sobre la Austeridad Republicana es poderoso, pero no tanto —por lo visto— como para convencer ni siquiera a su propia familia, la misma que ahora está disfrutando de los privilegios y beneficios sobre los que su padre despotrica cada mañana. Los vínculos de la familia presidencial —y el aprovechamiento que hacen de sus propias posiciones— están más que demostrados, en esquemas de corrupción que —con mucho— rebasan a los de sus predecesores.

Peña Nieto pudo haber sido corrupto, como el que más; Calderón, sin duda, pudo haber tomado decisiones equivocadas: las acciones del López en turno los superan a ambos, e incluso a las de sus predecesores que comparten su apellido. Los errores son rampantes; las acciones de gobierno, equivocadas. Quienes le rodean son una partida de ineptos, pero leales; quienes tratan de quedar bien con el mandatario, han preferido la tibieza a la lealtad con su patria. Quienes deberían estar criticando, le tienen miedo; quienes podrían construir una oposición verdadera, están recibiendo cargos diplomáticos en el exterior. Quienes tienen una visión más amplia, son aplastados por el régimen; quienes tendríamos que estarnos uniendo, hemos dedicado más tiempo a discutir nuestras diferencias que a explorar lo que podría unirnos.

El tiempo es perfecto, sin embargo, y es el momento perfecto para unirnos. El Mesías Tropical se sabe poseedor de la tribuna, y hoy mismo comenzará con el intento de distraernos sobre los temas relativos a su familia, con un escándalo que sea capaz de opacar el baile de su hijo frente a la piscina de las sospechas. La narrativa del mandatario tendrá que cambiar por completo, y será muy complicado que se repita la diatriba presidencial, en contra de la corrupción y los juniors del sistema anterior, sin que salgan a colación los excesos que ya conocemos de su familia más cercana, más los que estén por llegar en cualquier instante. Hasta el momento, por lo pronto, sabemos lo suficiente.

El Presidente estaba débil, hasta hace una semana. Hoy, quizás, lo está más: la evidencia sobre su familia es devastadora y, sin duda, los testimonios públicos nos demuestran que su declive físico y emocional está aumentando. Ojalá lo entienda la oposición: es el momento de aprovecharlo.

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