Partidos de oposición: micrófonos sin proyecto

La oposición que tenemos, simplemente, no funciona. De nada sirven los desplantes en la tribuna, las entrevistas en el extranjero o las denuncias ante otros gobiernos cuando no se es capaz de emocionar a la gente, motivarla a salir a las calles y ganar una elección. ...

La oposición que tenemos, simplemente, no funciona. De nada sirven los desplantes en la tribuna, las entrevistas en el extranjero —o las denuncias ante otros gobiernos— cuando no se es capaz de emocionar a la gente, motivarla a salir a las calles y ganar una elección. Cuando se carece, en pocas palabras, de un proyecto de nación.

“Por eso la gente está con nosotros”, aseguraba la presidenta Sheinbaum en su conferencia matutina de hace unos días, haciendo referencia específica a Lilly Téllez y Alejandro Moreno. “Porque ellos no tienen nada que ofrecer, nada. Como decía Juárez, la reacción está moralmente derrotada. Es la verdad. El conservadurismo (…) ya no pinta, pero es porque no tiene nada que ofrecer. Lo único que ofrecen es odio, enojo y crítica, muchas veces basada en la mentira”.

Nuestra democracia está en riesgo. No sólo por el ataque brutal que las instituciones han sufrido desde la llegada de López Obrador al poder, en el ya lejano 2018, sino por el bajísimo y depauperado nivel de quienes integran lo que denominamos como nuestra clase política. Una clase política que lo mismo incluye a la presentadora de un telediario, convertida en senadora de la república, que a un senador que preside su propio partido mientras confía, más que en la fortaleza de sus argumentos, en el poder de sus puños; desde quienes buscan zanjar sus diferencias a golpes y empellones en la tribuna más alta, hasta quienes solicitan la intervención de un gobierno extranjero para hacer un trabajo que ellos mismos, cuando tuvieron el poder para llevarlo a cabo, no fueron capaces de realizar.

México está en riesgo. A la insensatez de la reforma judicial le seguirá el despropósito de la reforma electoral, cuyas consultas iniciarán en octubre y cuyo desenlace ya podemos adivinar: los avances que hemos logrado entre todas, durante las últimas décadas, se verán borrados de un plumazo por una ocurrencia de no mayor mérito que la que dinamitó al Poder Judicial y hace unos días mostró a los nuevos ministros de la Suprema Corte entre nubes de copal, mientras unían sus jurídicas plegarias a Quetzalcóatl. Si pensamos que quienes nos sacarán del embrollo serán los políticos —o las meras redes sociales y sus influencers— estamos muy equivocados.

En la reforma al Poder Judicial quienes dieron la batalla fueron la ciudadanía y los propios jueces y funcionarios judiciales, pero no los partidos políticos: en el momento de la verdad, incluso, fue un senador panista el que traicionó no sólo a su propio instituto político, sino a la sociedad entera. Esta vez no puede ser igual: las cosas no pueden ocurrir de la misma manera, ni mucho menos podemos seguir confiando en la rectitud y altura de miras de unos políticos de oposición —y sus correspondientes partidos— que hemos comprobado no tienen palabra de honor: en estos momentos la presión no debería ejercerse nada más sobre el gobierno —de quienes ya conocemos sus intenciones y límites—, sino sobre quienes dicen representar a la ciudadanía disconforme. Una presión que debería suponer más que los gritos de una voz tipluda e intransigente, o los empujones y manotazos de un cobarde. La política es más —debería ser mucho, mucho más— que todo eso.

“El conservadurismo ya no pinta, pero es porque no tiene nada que ofrecer. Lo único que ofrecen es odio, enojo y crítica, muchas veces basada en la mentira”. La Presidenta lo ve, la ciudadanía puede sentirlo en cada uno de los desplantes que sólo buscan figurar en los trending topics por un par de horas. La semana pasada, la Marcha por La Resistencia logró congregar a 15 mil inconformes, y a los mismos de siempre: unos días más tarde, mientras los opositores seguían celebrando, encuestadores independientes revelaron que la Presidenta Sheinbaum goza de los mayores índices de popularidad en la historia. La oposición tiene micrófono, pero no proyecto…

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