La píldora roja

“La decisión es tuya”, explicaba Morpheus a Neo, en ***The Matrix*** 2001. “Si tomas la píldora azul, la historia termina aquí: mañana despertarás en tu cama, y te crees lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y te ...

“La decisión es tuya”, explicaba Morpheus a Neo, en ***The Matrix*** (2001). “Si tomas la píldora azul, la historia termina aquí: mañana despertarás en tu cama, y te crees lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y te enseñaré hasta dónde llega la madriguera del conejo. Recuerda: lo único que ofrezco, es la verdad”.

Las píldoras azules son dulces, y se tragan fácilmente: cada quien es libre, a final de cuentas, de creer lo que más le convenga. Podemos creer, por ejemplo, que hicimos lo que debíamos en la elección pasada, pero fuimos víctimas de una injusticia que debería resolverse en los tribunales. Podemos creer que los partidos no cumplieron con su parte, pero habrán de reformarse y enmendarán sus errores tomando en cuenta a la sociedad civil; podemos seguir creyendo que nuestro deber, como ciudadanía opositora, se limita al activismo en redes, la denuncia por medios legales y la convocatoria a marchas de descontento. Lo estamos haciendo bien.

Las píldoras rojas, en cambio, suelen ser muy amargas y difíciles de digerir. La verdad no es algo que resulte sencillo de aceptar, y mucho menos cuando compromete las creencias colectivas. Es preciso atreverse a hacerlo, sin embargo, y darnos cuenta que todo lo que trabajamos; el esfuerzo que pusimos; la pasión y la esperanza que depositamos en la última elección, sólo sirvió para favorecer una vez más a los dirigentes de los partidos que, con un puesto asegurado, abandonaron a nuestra candidata a su suerte. ¿Por quién luchamos en la elección del 2024, y quiénes ganaron en la realidad? ¿Para qué salimos a la calle vestidos de rosa, si nunca nos consideraron más como una mercancía política? ¿Para quiénes —en realidad— hemos estado trabajando, y a quiénes pretenden que defendamos ahora?

Es momento de pensar en el futuro, y entender lo que habremos de enfrentar, dentro de seis años, si no nos atrevemos a emprender algo distinto. Algo nuestro. La elección de 2030 no está tan lejana, y sus resultados son predecibles desde ahora, si contemplamos las opciones que para entonces se perfilan. Por un lado, el partido oficial, que tendrá el poder y el tiempo suficiente para consolidarse, a pesar de las luchas de sus tribus; por el otro, los despojos de los partidos que tristemente ya conocemos, así como aquellos que logren obtener su registro. La lucha por el poder apenas inicia, y la ruptura entre los grupos que resultaron agraviados en la contienda interna de MC parece inminente; las alianzas que conocimos no habrán de ocurrir de nuevo, el PAN se enfrentará a un cisma que parece inevitable con sus alas más conservadoras, y el PRI se esforzará por no perder el registro mientras continúa la desbandada de los seguidores que aún conserva. El sistema, tal y como lo conocimos, está por morir.

El panorama de los nuevos partidos, por su parte, no parece demasiado alentador: quienes hasta el momento han expresado su interés por constituir una nueva fuerza política no ha sido capaces de ofrecer más que opciones fruto del resentimiento o de las ideologías más extremas. México no es un país politizado, sino ideologizado hasta el extremo: la política se trata del arte de lo posible, y de lograr acuerdos para el bien común; la ideología, en cambio, pretende imponer la visión de unos cuantos sobre el resto. El menú está sobre la mesa, seis años antes: de no surgir una opción distinta, desde ahora es posible anticipar el resultado.

La creación de un nuevo partido es un camino tortuoso, pero no imposible. “La decisión es tuya”, explicaba Morpheus a Neo mientras le mostraba dos píldoras de colores diferentes. “Si tomas la píldora azul, la historia termina aquí: mañana despertarás en tu cama, y te crees lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y te enseñaré hasta dónde llega la madriguera del conejo”. La decisión, en realidad, es nuestra.

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