La confianza se perdió

El juego cambió en un instante. Las preguntas se acumulaban desde la tarde anterior, cuando la noticia se había difundido en las redes sociales y los medios de comunicación: al día siguiente, en la conferencia mañanera, la expresión en el rostro del Presidente de la ...

El juego cambió en un instante. Las preguntas se acumulaban desde la tarde anterior, cuando la noticia se había difundido en las redes sociales y los medios de comunicación: al día siguiente, en la conferencia mañanera, la expresión en el rostro del Presidente de la República —y de su secretaria de Seguridad— no dejaba lugar a duda. Sabían lo que sabían: en realidad, no sabían nada.

Y siguen, todavía, sin saberlo. La detención del Mayo Zambada no sólo es el fracaso más visible de una política de seguridad que nunca funcionó, sino que constituye un parteaguas tanto para la relación bilateral como para la política interna de nuestro país. La confianza en el gobierno se rompió, y el Presidente que comenzó su mandato asegurando que “nada ocurría en este país sin su conocimiento” el viernes pasado prefirió colocarse en un segundo plano y dejar que fuera su secretaria de Seguridad quien admitiera que la operación se había desarrollado completamente a sus espaldas, y aún no contaban con información suficiente.

El Presidente no dijo nada, porque no tenía nada que decir: es muy pronto todavía para saber lo que pasó, pero es muy claro en este momento quién ha quedado exhibido en esta gran farsa. La confianza se perdió hace tiempo, y el gobierno norteamericano prefirió operar a espaldas de sus homólogos mexicanos aun a sabiendas de los riesgos que implicaba y las consecuencias que tendría que enfrentar. La reacción del gobierno mexicano subirá de tono conforme se conozcan los detalles de la captura: la confianza está rota, sin embargo, y la operación sin aviso previo servirá también para marcar las reglas del juego a una administración que ahora se sabe en riesgo, aún antes de iniciar funciones.

El juego cambió en un instante. En unos cuantos días, en no más de una semana. El “amigo” Trump ya no lo es tanto, aunque López Obrador lo defienda desde sus conferencias mañaneras; el “socio y amigo” mexicano dejó de ser considerado así hace tiempo, desde el momento en que se planeó una operación secreta de primer nivel a sus espaldas. La confianza se perdió, y el gobierno norteamericano le perdió el respeto al Presidente en funciones; la confianza se perdió, y los aliados principales del candidato republicano han puesto en pausa el interés por invertir en México. La confianza se perdió para nuestro país, y el responsable tiene nombre y apellido.

La confianza internacional se perdió, y será difícil recuperarla; los equilibrios internos se han roto, y será imposible restablecerlos de forma que puedan apuntalar un proyecto que se creía invencible todavía hace unos días, tras los resultados electorales. La Cuarta Transformación es un gigante con pies de barro cuya fortaleza se desmorona antes de que termine su primer gobierno, y que se verá obligado a reinventarse desde el primer día de la administración de quien habrá de encabezar el próximo mandato. La detención de Zambada se utilizará en EU —sin duda alguna— con fines electorales, pero ésa no será su única consecuencia: los estadunidenses ahora cuentan con una verdadera enciclopedia del crimen organizado en nuestro país, y la información que se habrá de revelar fluirá conforme convenga a sus propios intereses.

El juego cambió en un instante. En unos cuantos días, en no más de una semana. Hoy, los gringos saben que pueden entrar a nuestro territorio sin realizar un solo disparo, y buscar justicia a pesar de nuestro gobierno; hoy nosotros lo sabemos también, aunque el Presidente —y su administración— sigan guardando un silencio culposo. Hoy, los gringos conocen mejor que nosotros lo peor de nuestro sistema político, y las entrañas de sus pactos más inconfesables; el juego cambió en un instante, sin embargo, y en muy poco tiempo habremos de saberlo nosotros también. La confianza, simplemente, se perdió. Y se seguirá perdiendo.

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