Es la gobernabilidad, estúpidos
México es un país cuyo gobierno no tiene la capacidad para salir adelante por sus propios medios.Joyeux anniversaire, MF El Presidente es popular, pero el país no es gobernable. La realidad es abrumadora: masacres, levantones, cobro de derecho de piso. Ataques con ...
- México es un país cuyo gobierno no tiene la capacidad para salir adelante por sus propios medios.
Joyeux anniversaire, MF
El Presidente es popular, pero el país no es gobernable. La realidad es abrumadora: masacres, levantones, cobro de derecho de piso. Ataques con drones, secuestros masivos: el Estado ha perdido control sobre una porción considerable de su territorio, y la población vive bajo la amenaza constante de un crimen organizado, a cuyo combate se ha renunciado expresamente. Abrazos, y no balazos: la única promesa cumplida de esta administración.
El Presidente es popular porque regala dinero, aunque sus limosnas perpetúen la pobreza; el Presidente es popular porque ridiculiza a sus adversarios, aunque la polarización nos arroje, como único saldo, una sociedad fracturada y dividida. Lo que hoy vivimos no es un gobierno más, sino la mera administración de los rencores. El preámbulo de un Estado fallido, por diseño: los embates al Poder Judicial, la toma por asalto de la Suprema Corte; el ataque a los organismos autónomos, el desprecio total a la ciudadanía organizada y a la opinión pública. Criminales liberados, ancianas a quienes se saluda —casualmente— en la revisión de un camino cualquiera; remesas de un origen más que incierto, alianzas estrechas con la escoria de las democracias latinoamericanas. El capitán —decidido— conduce el navío hacia la desgracia, entre los vítores de los tripulantes.
El país, simple y sencillamente, no es gobernable. El Presidente es popular, pero los problemas se magnifican día con día: el poder del tlatoani languidece, y los acuerdos con los distintos grupos de poder se renuevan de acuerdo a las nuevas circunstancias. La tensión se incrementa, la violencia se exacerba, y el proceso democrático ha sufrido sus primeras víctimas: el Presidente no sólo es popular, sino taimado, y en cualquier momento surgirá un tema suficiente para desviar la atención pública hacia cualquier otro lado.
Los problemas, sin embargo, seguirán estando ahí: el cáncer de la ingobernabilidad ha hecho metástasis, y lo que ahora vivimos no son sino las primeras manifestaciones de una enfermedad que amenaza la viabilidad misma del Estado mexicano. Nuestro país se ha convertido en una nación que no puede garantizar la seguridad física, jurídica o sanitaria para sus habitantes: nuestra nación se ha convertido en un país cuyo porvenir depende de las ocurrencias del grupo afín al mandatario. 90% de lealtad, 10% de eficiencia.
México es un país cuyo gobierno no tiene la capacidad para salir adelante por sus propios medios, y cuyo principal ingreso —en el mejor de los casos— no proviene del esfuerzo de sus propios habitantes, sino de quienes se han visto obligados a migrar en la búsqueda de un lugar más justo y con mejores oportunidades. Un lugar que nuestro mandatario detesta, y a cuyos dirigentes provoca e increpa de manera constante: un lugar de cuyas remesas nuestra nación depende por completo, y al que le bastaría con gravarlas —y restringir un poco su salida— para construir un muro más efectivo que cualquier barda electrificada y estrangularnos. Sólo falta que se decidan…
El Presidente es popular, pero el país no es gobernable: la crisis del fentanilo es real, y nos hemos convertido en la principal amenaza de salud para nuestro mayor aliado. La campaña presidencial estadunidense se avecina, y quien triunfe en nuestros comicios habrá de sufrir los estragos resultantes de la contienda ajena: el escenario geopolítico cambiará por completo, y el patio trasero se convertirá en un lugar cada vez más incómodo y culpable.
No es la economía, estúpidos: es la gobernabilidad. El mundo ha cambiado, y enfrentamos desafíos distintos a los de hace cinco años: hemos perdido un tiempo precioso en peleas intestinas, sin percatarnos de que estamos construyendo la desgracia de nuestro futuro cercano. El país se nos escapa de las manos, y es el momento de cambiar la perspectiva: el presidente es popular, pero el país no es gobernable. Y en él vamos todos.
