Entender en lo regional para actuar en lo nacional
En política no existen las casualidades: en política exterior latinoamericana, mucho menos. El fin de semana pasado, mientras que el Presidente de México culminaba con un discurso encendido su gira centroamericana en La Habana, el expresidente brasileño anunciaba su ...
En política no existen las casualidades: en política exterior latinoamericana, mucho menos. El fin de semana pasado, mientras que el Presidente de México culminaba —con un discurso encendido— su gira centroamericana en La Habana, el expresidente brasileño anunciaba su regreso a la política, una vez más, como candidato —por tercera ocasión— a la presidencia de su país.
Una coincidencia que debe haber resonado, fuerte y claro, en una Casa Blanca que mantiene demasiados frentes abiertos al mismo tiempo. La pandemia todavía no ha terminado: el conflicto de Ucrania no tiene solución aparente. La inflación tiene a la gente cada vez más molesta, y el retroceso en algunos de los derechos civiles, como el del aborto, preocupa a quienes necesitan asegurar una victoria contundente en las elecciones intermedias que se realizarán en noviembre: en este contexto, el triunfo del exmandatario brasileño unos cuantos días antes, en octubre, significaría el fortalecimiento del bloque populista en la región y representaría, al mismo tiempo, una de las mayores derrotas para la política exterior norteamericana. Las prioridades deberían estar, también, al sur del Río Bravo.
El Socialismo del Siglo XXI ha creado una maquinaria para obtener el poder, que funciona mientras enfrenta a las sociedades y empobrece a las naciones: las distintas oposiciones nacionales, por su parte, no han podido darse cuenta de que enfrentan un problema que les es común a todos, ni mucho menos de encontrar espacios adecuados para intercambiar información y, eventualmente, coordinarse entre ellos.
La izquierda populista, entre tanto, se ha preparado como nunca, y sus integrantes se disponen a seguir adelante con una estrategia definida, primero, bajo el auspicio del Foro de Sao Paulo y, desde hace unos años, del Grupo de Puebla.
Establecieron, desde un inicio, un “mecanismo de solidaridad horizontal”, para defenderse, en conjunto, de cualquier amenaza a la estabilidad de sus gobiernos —o a la dignidad y libertad de sus dirigentes— y han creado espacios digitales para conectarse, compartir información y promover el diálogo continuo entre ellos. Crearon espacios para el análisis y asesoría sobre temas específicos, y mantienen encuentros periódicos entre ellos, para resolver problemas concretos.
El Socialismo del Siglo XXI cuenta con una organización que congrega no sólo a quienes pueden aportar experiencia personal de gobierno, y reelecciones, sino también a quienes han sido parte de la oposición y el activismo más radicales, en la región entera, durante las últimas dos décadas. Por eso existen patrones que se repiten de un lugar a otro, por eso las estrategias se ensayan primero en un país para, después, aplicarse en otro distinto. Por eso se defienden entre ellos, por eso definen acuerdos con países que se encuentran al margen de la ley. Por eso se visitan, por eso se entregan condecoraciones entre sí.
Lo que hoy sucede en un país ha ocurrido con anterioridad en otro, y podría pasar, mañana, en otro más: para terminar con este cáncer contagioso la solución tendría que comenzar, primero, por entender cómo ha sido la experiencia en otros países; los errores y aciertos que se han cometido en cada uno de ellos; los problemas que podrían haberse evitado, y la viabilidad de aterrizar las soluciones que ya han funcionado en aquellas naciones que, en su momento, lo pudieran necesitar.
En política no existen las casualidades: en política exterior latinoamericana, mucho menos. En los partidos no se puede confiar, pero la ciudadanía cuenta con los medios para intercambiar información con otros países y comprender lo que realmente está pasando. Tenemos que entender en lo regional, primero, para poder actuar en lo nacional: el mandato del Presidente puede ser temporal, pero el establecimiento definitivo del Socialismo del Siglo XXI en nuestro país es un riesgo que, simplemente, no podemos seguir corriendo.
