En las manos de un autócrata

Al principio, costaba trabajo creer que se trataba de un documento oficial. La redacción, el tono. La selección de palabras: “Es lamentable que se sumen como borregos a la estrategia reaccionaria y golpista del grupo corrupto que se opone a la Cuarta ...

Al principio, costaba trabajo creer que se trataba de un documento oficial. La redacción, el tono. La selección de palabras: “Es lamentable que se sumen como borregos a la estrategia reaccionaria y golpista del grupo corrupto que se opone a la Cuarta Transformación", iniciaba el comunicado difundido, el jueves pasado, por la presidencia de la República.

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Un comunicado que, en una sola cuartilla, retrata de cuerpo entero al gobierno que padecemos. Ahora todo el mundo sabe quién es nuestro Presidente, tanto en la Unión Europea como quienes, aquí, seguían creyendo que no sería capaz de algo así. Los insultos, las majaderías; las mentiras que, de tanto haberse repetido en las mañaneras, terminaron siendo creídas por el propio mandatario.

“Sepan diputados europeos, que México ha dejado de ser tierra de conquista y, como en muy pocas ocasiones en su historia, se están haciendo valer los principios libertarios de igualdad y democracia”, proseguía, como si las noticias no dieran cuenta diaria de sus actos de autoritarismo. “Aquí no se reprime a nadie, se respeta la libertad de expresión y el trabajo de los periodistas. El Estado no viola los derechos humanos como sucedía en gobiernos anteriores, cuando ustedes, por cierto, guardaron silencio cómplice”.

Silencio cómplice. Andrés Manuel y su relación con los periodistas; Andrés Manuel, y su relación con la verdad. “Bueno, pero ¿qué significa este hecho lamentable, que pierdan la vida cinco periodistas?”, insistiría la mañana siguiente. “Son muy malas las comparaciones, más cuando se trata de vidas humanas, pero para tener una idea, en este tiempo, en estos dos meses y medio, lamentablemente han perdido la vida cerca de cinco mil mexicanos —han sido asesinados—, y de esos cinco mil, cinco periodistas”.

Vaya consuelo. México se ha convertido no sólo en el país más peligroso del mundo para los periodistas, sino en el país más peligroso del mundo para los propios mexicanos. Cinco mil muertos en dos meses y medio; más de 113 mil en el transcurso de un sexenio y que ya puede considerarse como fallido —no sólo en lo referente a la seguridad pública, sino también en materia económica o de salud— y a cuyas políticas inútiles le quedan todavía un par de años.

Un par de años que se anticipan de locura. El poder corrompe, como es bien sabido, pero al mismo tiempo refleja la verdadera naturaleza de quienes lo ejercen. El rencor, la avaricia, la falta absoluta de humanidad y empatía. Las trampas, los ataques, la desesperación de quien se da cuenta de que el tiempo se le escapa inexorablemente y sin haber logrado nada más que los aplausos que sus seguidores prodigan a la mentira que, tras haberse repetido mil veces, se ha convertido en verdad en la cabeza de un mandatario sin aparente contacto con la realidad.

Una realidad que, sin embargo, lo está alcanzando. El jueves fue el Parlamento Europeo, el viernes, Amnistía Internacional. “De ser aprobada una iniciativa presentada en la Cámara de Diputados de México impondría graves limitaciones al trabajo de organizaciones de la sociedad civil y violaría las obligaciones de México conforme al derecho internacional”, señalaron en un comunicado conjunto Human Rights Watch y Amnistía Internacional. “Los diputados deberían archivar el proyecto”, recomendaron.

“En la práctica, esta propuesta podría impedir que defensores de derechos humanos en México participen en debates sobre políticas públicas, impugnen leyes abusivas ante los tribunales o presenten información a diputados sobre cómo mejorar las protecciones de derechos humanos”, dijo Tamara Taraciuk Broner, directora en funciones para las Américas de Human Rights Watch. “Este es el tipo de maniobra que ya hemos observado por líderes autocráticos en distintos países, que van desde Rusia hasta Nicaragua o El Salvador, para expandir las facultades del Ejecutivo a expensas de libertades fundamentales”, abundó.

Qué nervios. ¿Escuchará el Presidente, o será que estamos en manos de un autócrata.

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