El que avisa no es traidor

A mis hijas. “No podía saberse”, dirán en poco tiempo quienes hoy preparan la estrategia de un juego que no comprenden. Un juego destinado a perderse: los debates en redes sociales son ajenos a la ciudadanía, los partidos políticos ...

                A mis hijas.

“No podía saberse", dirán —en poco tiempo— quienes hoy preparan la estrategia de un juego que no comprenden. Un juego destinado a perderse: los debates en redes sociales son ajenos a la ciudadanía, los partidos políticos han perdido toda credibilidad por mérito propio y son ajenos a cualquier tipo de crítica interna. No existe una causa común, la oposición está pasmada y dividida: ¿qué podría salir mal?

Partidos cuyos dirigentes saben —porque esa ha sido su única prioridad, todo este tiempo— que su futuro inmediato está garantizado, sea cual sea el resultado: una plurinominal por sus propios colores, una embajada —cualquiera que sea— tan lejos de México como fuera posible. Contratos de obra pública, prevalencia de sus privilegios, impunidad absoluta. Liderazgos ciudadanos cuestionables, planes improvisados, miras a cortísimo plazo. Una campaña presencial, pero estridente; “acuerdos en lo oscurito”, algunos logros, y la apuesta a sobrevivir durante el próximo período: el tiempo, sin duda alguna, no es lo mismo para todos.

El Presidente conoce el terreno que ha sembrado, y que abonó con fruición durante todos estos años. No podía saberse —¡claro que no!—, pero la oposición continúa dividida, y discutiendo absurdos como las tarifas de entrada para participar en la contienda, o la estrategia más eficaz para organizar una competencia fratricida entre quienes puedan plantear la mejor opción para regresar a un pasado que sólo ellos añoran. ¿O los queremos de regreso?

Las elecciones se ganan con votos en las urnas, que no con “followers” o “retweets” en redes sociales. Seamos realistas: ¿quién confía, además de sus propios militantes, en los partidos políticos y sus dirigentes? ¿Quién confía, además de su propio ámbito digital —y sus buenas intenciones—, en lo que hoy se reconoce como “sociedad civil organizada”? ¿Quién de ellos podría convencer al —así llamado— “pueblo bueno”? ¿Quién tiene argumentos para confiar en sus líderes y sus buenas intenciones? ¿Quién de ellos ha logrado algo —cualquier cosa— para disminuir el margen de aprobación de un mandatario que lleva años comprometiendo nuestro presente, y arriesgando el futuro de nuestros hijos? ¿Quién puede entusiasmarse por un grupo que no se entusiasma ni entre sí mismo? 

No, no podía saberse. Por eso los partidos no se han acercado a quienes los han querido ayudar, por eso ‘la ciudadanía’ se ha reducido a quienes participan en redes sociales lejanas a quienes sufren necesidades en verdad apremiantes. Por eso también, porque ‘no podía saberse’, el mandatario ha sido capaz de avasallarlos durante todos estos años; por eso mismo, porque ‘no podía saberse’, la oposición entera ha quedado rebasada en un juego que —al parecer— no comprenden. 

Por eso le abrieron los espacios que no son capaces de cubrir; por eso le han permitido plantear, en los hechos, el gobierno de coalición que la oposición no ha logrado —siquiera— vislumbrar. Las encuestas oficiales no sólo revelarán la preferencia sobre alguno de los candidatos de la 4T, sino sobre una fórmula de gobierno confiable para quienes esperan la continuidad de un proyecto de gobierno que pueda parecer plausible a pesar de las diferencias entre sus participantes: eso, y no otra cosa, es un gobierno de coalición. La oposición no lo ha entendido, y permanece impávida. Dudosa, y dividida. Buscando enfrentarse, y develar al “campeón” que les ofrezca lo que quieren escuchar. O a la “campeona”…

El que avisa no es traidor: el camino, por completo, está equivocado. Es necesario decirlo: los egos son demasiado grandes, los objetivos se limitan —tan sólo— al plazo inmediato. Es preciso pensar a futuro: el presente es un desastre, pero el pasado es inconcebible para cualquier sociedad que aspire a un porvenir distinto a lo que hemos tenido. No necesitamos un candidato que incendie al país, no necesitamos a un grupo que se prepare para la derrota: lo que necesitamos —ahora mismo— es un equipo capaz de plantear un futuro que nos incluya a todos. A todos: también —por cierto— “ellos”…

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