El momento de los nuevos partidos

Feliz cumpleaños, Garza. El futuro del país se escribe día con día. El año inicia en condiciones muy distintas a lo que podía haberse previsto en junio del año pasado, cuando tuvieron lugar las elecciones presidenciales y Morena no ...

                Feliz cumpleaños, Garza.

El futuro del país se escribe día con día. El año inicia en condiciones muy distintas a lo que podía haberse previsto en junio del año pasado, cuando tuvieron lugar las elecciones presidenciales y Morena no gozaba —aún— del poder absoluto, ni habían ocurrido las reformas constitucionales.

La realidad cambió en unos cuantos meses, sin que la oposición pudiera hacer mayor cosa al respecto. México se aproxima a los momentos más complicados de nuestra historia moderna con un gobierno autoritario que no cuenta con mayor rumbo que las ocurrencias de un anciano enfermo de poder, por un lado, mientras por el otro no dispone de nada más que una oposición zafia y desorganizada sin mayor ideario que las triquiñuelas diseñadas por los líderes de turno, para conservar el poder y defender sus propios intereses.

Las causas sociales parecerían haberse olvidado, y los pequeños grupos políticos que surgieron en torno al proceso electoral pasado nunca fueron capaces de encontrar un objetivo común mayor a la confrontación reactiva contra el mandatario en funciones, ni mucho menos de rebasar el mero ámbito digital para convertirse en un movimiento nacional y genuino como lo prometía la candidata opositora. Un like no es un voto, así como un trending topic no es capaz de definir —por sí mismo— la tendencia final en las urnas: la política es el arte de lo posible, y de lo presente, y en ese sentido la realidad se debería encontrar, necesariamente, en las calles. En la vida cotidiana, en la problemática del hombre común que lucha por el sustento propio —y de su familia— y que ahora recibe apoyos gubernamentales que se han vuelto indispensables y a los que no podría renunciar: en la realidad, despiadada, que afecta a la mayoría de la población y que ha sido olvidada por los partidos políticos y por quienes se ostentan como sus dirigentes.

A río revuelto, ganancia de pescadores. El régimen anterior murió, sin que terminara de consolidarse uno nuevo: las peleas intestinas del partido en el poder —y la lucha entre las diferentes tribus dentro del movimiento— no son sino un anticipo del caos en ciernes. La presión externa se acumula, y reventará en un par de semanas en cuanto la nueva administración norteamericana se encuentre —por fin— en funciones: el gobierno mexicano, mientras tanto, continúa alineándose con el lado incorrecto de la historia. El tiempo transcurre, sin duda alguna, de manera muy distinta en el Palacio Virreinal.

El futuro del país se escribe cada día: en las circunstancias actuales, la creación de nuevos partidos políticos no es tan sólo una opción posible, sino una necesidad verdadera. Lo que tenemos ahora no sirve, aunque haya funcionado en un mundo pasado y distinto; lo que tenemos ahora no funciona, y no nos servirá en el futuro distópico que nos espera. La oposición quedó obsoleta desde hace más de seis años, y si no terminó de expirar fue porque así le convenía al régimen que necesitaba de un contrincante caricaturizado: los adversarios del régimen cumplirían con su papel a cabalidad, y su principal representante terminaría por hundir el sueño de millones de personas con una felicitación —al menos— inesperada.

¿A qué le apostamos, quienes creemos en un futuro diferente, después de todo esto? En estos momentos el 2030 podría parecer todavía remoto, pero en la realidad se encuentra mucho más cerca de lo que aparenta. El segundo periodo de Donald Trump traerá consigo nuevos paradigmas en lo nacional e internacional, a los que deberemos adaptarnos para sobrevivir en un mundo completamente distinto: la clase política mexicana actual no está preparada para los retos que se avecinan. Necesitamos nuevos actores, con nuevas ideas: los necesitamos desde ahora, en este mes de enero, cuando la ventana de oportunidad para la conformación de nuevos partidos políticos nacionales está abierta. El cambio viene, aunque no nos estemos dando cuenta: los nuevos partidos políticos, mejores y más propositivos, también.

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