El momento de la verdad
A mi Pilar, en su día. “México me ha ayudado a cerrar la frontera”, reconocía Donald Trump a la presidenta Sheinbaum en una carta oficial fechada el 11 de julio pasado. “Pero no es suficiente”, aseguró a continuación. “A ...
A mi Pilar, en su día.
“México me ha ayudado a cerrar la frontera”, reconocía Donald Trump a la presidenta Sheinbaum en una carta oficial fechada el 11 de julio pasado. “Pero no es suficiente”, aseguró a continuación. “A partir del 1 de agosto de 2025 impondremos a México una tarifa del 30% en sus productos además de las tarifas sectoriales”, anunciaba, dejando la puerta entreabierta…
El arte de la negociación. “Si México logra desafiar a los cárteles, y detener el flujo de fentanilo, consideraremos un ajuste a esta carta”, expresó con claridad. “Los aranceles pueden ser modificados, hacia arriba o hacia abajo, dependiendo de la relación que mantengamos”, advirtió. La amenaza no era menor, y lo normal era que el gobierno de nuestro país tratase de evadir el riesgo: al día siguiente, 12 de julio, se revelaría la existencia de una orden de aprehensión en contra de quien se desempeñara como secretario de Seguridad Pública en Tabasco durante el mandato de Adán Augusto López. La negociación, claramente, estaba en curso.
La política mexicana daría un vuelco radical a partir de aquel momento. El poder no se comparte sino que se ejerce, como muy pronto habría de entender López Hernández mientras sufría el ataque virulento de los mismos medios que en el sexenio anterior lo encumbraron como el hombre de mayor confianza del mandatario anterior e incluso llegaron a considerarlo como candidato para sucederle: un tratamiento similar al que recibirían otros morenistas destacados tras la casual filtración de las fotografías de sus excesos, justo la semana previa a la fecha determinada para la entrada en vigor de los aranceles anunciados.
Algo en la negociación pasada debe haber sido del agrado de Trump, quien vio razones suficientes para extender una prórroga a los aranceles un día antes a la fecha anunciada, y cuyo vencimiento tendrá lugar el miércoles de esta semana, 29 de octubre. El gobierno mexicano tuvo noventa días para convencer al presidente norteamericano de un trato más favorecedor, con miras a la renegociación de los tratados de libre comercio: los noventa días pasaron en un instante, sin embargo, y mientras tanto la situación mundial cambió por completo. El presidente se ha empoderado desde el inicio de la prórroga: el mismo que, como candidato, alardeaba de que podría dispararle a alguien en la Quinta Avenida sin que afectara su popularidad, ahora sabe, entrado en su segundo período, que lo mismo puede bombardear un reactor nuclear que hacer volar lanchas por los aires en el Caribe sin consecuencia alguna. El mandatario goza de un poder casi absoluto: el presidente Trump no sólo es visto con devoción entre sus seguidores, sino que encima sabe que el mundo entero le tiene miedo.
“Los aranceles pueden ser modificados, hacia arriba o hacia abajo, dependiendo de la relación que mantengamos”. La decisión que marcará el futuro de nuestra relación bilateral se anunciará el 29 de octubre; un día antes, para nuestra mala fortuna, se votará en Naciones Unidas la resolución para poner fin al embargo impuesto a la dictadura cubana. La resolución no es vinculante, aunque este año tendrá un valor simbólico y diplomático aún mayor: el secretario de Estado mantiene un interés personal en el asunto, y el Departamento a su cargo ha realizado esfuerzos extraordinarios para que sus aliados estratégicos voten en contra. En esta ocasión, como en ninguna otra, el sentido del voto de aliados —como nuestro país— será determinante para la relación bilateral futura.
Algo en la negociación reciente debe haber desagradado a Trump, quien apenas el viernes pasado expresó “un gran respeto por la presidenta, aunque México sigue siendo gobernado por los cárteles”. El futuro de nuestro país se decide en estos momentos: triste será si, más allá de lo que corresponde a la gestión de la presidencia, la lealtad absurda hacia un régimen dictatorial se convierte en el último clavo del ataúd del México que alguna vez soñamos. Nos enfrentamos, sin duda alguna, al momento de la verdad.
