El medio es el mensaje

En política no existen casualidades; en la política mexicana de los tiempos del presidente López Obrador, menos aún. El desfile del 16 de septiembre fue planeado al milímetro desde hace meses, así como sus consecuencias y las reacciones que suscitaría entre la ...

En política no existen casualidades; en la política mexicana de los tiempos del presidente López Obrador, menos aún. El desfile del 16 de septiembre fue planeado al milímetro desde hace meses, así como sus consecuencias y las reacciones que suscitaría entre la opinión pública. Nada es casualidad: el medio, sin lugar a duda, es el mensaje.

Un mensaje rotundo, claro y contundente. Rotundo, primero que nada: la presencia de las tropas rusas en el desfile conmemorativo de nuestra independencia no sólo es un agravio para nuestros valores democráticos, sino que representa un insulto hacia la comunidad internacional que se ha unido en contra de la nación invasora. El coqueteo inicial con Rusia parece haberse convertido en un franco amancebamiento al final del sexenio, justo cuando el mandatario pretende definir el rumbo que habrá de tomar el gobierno que le suceda.

La provocación es mayor e innecesaria, y nuestros socios estratégicos habrán de responder al desafío –y amenaza de seguridad– que se está gestando en su propia frontera. Las botas de las tropas rusas resonarán durante mucho tiempo: el agravio a la comunidad internacional es mayúsculo, aunque las consecuencias parecen no importarle al jefe del Ejecutivo. En política no existen casualidades, sino planeación y consecuencias esperadas: ¿qué pretende ganar el mandatario, al aliarse con un gobierno como el de Rusia en estos momentos? ¿Qué tanto puede perder México al enemistarse con sus aliados naturales? ¿Cuál es la intención real del Presidente al propiciar una cercanía con los regímenes más autoritarios del mundo? ¿Cuál será el espacio que el Presidente está dispuesto a ceder a la ciudadanía para que, en el ejercicio de la democracia, sea capaz de oponerse a sus planes?

El medio es el mensaje, y en este sentido el desfile fue claro y contundente no sólo en la definición de los aliados con los que cuenta el gobierno, sino sobre todo en la de los enemigos que se apresta a combatir. El despliegue de poder no tuvo como destinatario al crimen organizado, que recibe abrazos en vez de balazos por orden presidencial, ni mucho menos a un enemigo exterior inexistente, sino a una ciudadanía que miraba con azoro y temor las armas y municiones de los soldados que reemplazaron a las fuerzas civiles desde el inicio del gobierno en funciones. Los vehículos, las torretas, las sirenas encendidas. El Estado parece estar preparado, aunque no sabíamos para qué; el medio es el mensaje, y el desfile ha terminado por develar sus verdaderas intenciones.

En política no existen casualidades, sino planeación y consecuencias. El Presidente ha sido consistente en sus planes desde el principio de su administración, y no sólo ha logrado erosionar a las instituciones democráticas para que sirvan a sus propios fines, sino que ha sido capaz de dividir a sus adversarios, dentro y fuera de su partido, para menguar sus fuerzas y conservar una popularidad a prueba de fuego. El mandatario ha superado los ataques en su contra, mientras que atribuye sus propias fallas a los errores del pasado; la oposición no atina a encontrar su lugar en el tablero de juego, y sigue cayendo en los planes del Presidente sin lograr ver a futuro: en política tampoco hay sorpresas, sino sorprendidos. Sorprendidos que, en la mayoría de los casos, se han negado a reconocer lo que no era sino evidente.

El Presidente está listo para el combate: sus seguidores y aliados también lo están. El mandatario ha inculcado el odio y ha dividido al país; el Presidente mantiene el control de la agenda pública, y sigue llevando la voz cantante. El medio es el mensaje y el desfile no fue más que la oportunidad de realizar una advertencia a los opositores, tanto internos como externos: 2024 no será un mero año electoral, sino que podría convertirse en una batalla histórica. La batalla final. La batalla del todo por el todo.

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