El golpe avisa

¡Ánimo! “Ya se acabó aquello de que no se podía tocar al intocable”, afirmaba el expresidente López Obrador el 2 de agosto pasado, a pregunta expresa sobre el posible impacto de alguna declaración en contra de su gobierno por ...

                ¡Ánimo!

“Ya se acabó aquello de que no se podía tocar al intocable”, afirmaba el expresidente López Obrador el 2 de agosto pasado, a pregunta expresa sobre el posible impacto de alguna declaración en contra de su gobierno por parte de Ismael Zambada, tras su inesperada detención.

“Primero, celebrar que no ha habido confrontación en la región donde actúan estos grupos. No hay violencia”, aseguraba el entonces mandatario en funciones, antes de que se acumularan los muertos que hoy se cuentan por millares. Las acusaciones contra Rocha Moya vendrían una semana después, en una primera carta pública en la que El Mayo afirmaba haber sido secuestrado y entregado a EU contra su voluntad, lo que coincidiría con la versión rendida por el embajador norteamericano, Ken Salazar, en la que deslindaba a su gobierno de cualquier participación en el asunto. “Una operación entre los cárteles, donde uno entregó al otro”, declaró en su momento, lavándose las manos.

La administración lopezobradorista se vería rebasada, y en su pasmo no atinaría sino a formular una dudosa acusación de traición a la patria en contra de una de las facciones involucradas, pocos días después, a mediados de agosto: la presión se incrementaría aún más, y la violencia que hoy se sufre terminaría por desatarse a partir del 9 de septiembre. El país estaba en llamas, pero teníamos que concentrarnos en algo distinto, y así lo hicimos: al domingo siguiente —y sin que hubiera sido una de sus prioridades de gobierno, o de la campaña de su sucesora— el gran prestidigitador logró sacar de su chistera el conejo blanco de una reforma judicial, que sigue acaparando reflectores por lo absurdo de su planteamiento. En Sinaloa, mientras tanto, las cifras de los decesos continúan acumulándose. “Ánimo”, solía decir el expresidente López Obrador, al iniciar sus conferencias matutinas. “Lo mejor de todo es lo peor que se va a poner”, remataba, sin dejar claro a qué se refería en específico.

“Este caso debería enviar un mensaje claro a cualquier líder extranjero que abuse corruptamente de su poder para apoyar a los cárteles de las drogas”, afirmó en 2022 la titular de la DEA, Anne Milgram, tras la extradición del expresidente de Honduras, Juan Orlando Herrera, hoy preso en EU. “Si aceptas dinero de narcotraficantes para tu elección; si aceptas sobornos de cárteles de drogas; si traficas drogas mortales; si proteges a cárteles de drogas criminales; si conviertes el poder del Estado en una máquina violenta de tráfico de drogas; si permites que la violencia y el asesinato florezcan a manos de los cárteles, entonces la DEA no escatimará esfuerzos para responsabilizarte por tus crímenes. Si piensas que puedes esconderte detrás del poder que implica la posición que ahora ocupas, estás equivocado”.

“No se trata del personaje”, aseguró la presidenta Sheinbaum hace unos días, tras ser cuestionada sobre la última misiva del Mayo Zambada en la que amenaza, tácitamente, con un colapso en la relación bilateral en caso de que se le dejara a su suerte. “Pongamos otra persona”, trató de matizar, nerviosa. “Un ciudadano cualquiera, que es perseguido en EU (…) Imaginemos, porque… luego… supongamos un ciudadano de renombre… cualquiera que éste sea… pero que Estados Unidos dice que tiene un delito. Lo llevan allá y se juzga con pena de muerte…”.

Tantas dudas, tantas inconsistencias. Tantas lecturas distintas, en una encrucijada que tampoco ofrece demasiadas alternativas. La defensa del Mayo implicaría concitar a la oposición en una causa indefendible, de la que serían cómplices aunque lograran disfrazarla de defensa a la soberanía; la sujeción a los intereses estadunidenses representaría, por otra parte, la apertura de una caja de Pandora política para la que no estamos preparados ni aquí ni —mucho menos— en Macuspana. “Ya se acabó aquello de que no se podía tocar al intocable”, advirtió el Mesías Tropical sin entender el alcance real de sus propias palabras: el golpe avisa, siempre, y lo que sigue —por fuerza— será doloroso.

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