El camino que estamos emprendiendo
El gobierno está en vilo, y es momento de entender sus debilidades para realizar cambios en la estrategia.
- El gobierno está en vilo, y es momento de entender sus debilidades para realizar cambios en la estrategia.
Hay mucho que debatir, si de continuidad o cambio se trata. El primer debate no será sino el anticipo del lastre que habría de arrastrar la candidata oficial, en caso de llegar a la Presidencia: más allá de propuestas propias, su función se limitaría enaltecer la figura de su predecesor y ocultar sus errores, al tiempo que se acendra la polarización y se profundiza en la lucha de clases que constituye el primer paso de la sedicente Cuarta Transformación.
Una función indigna. La candidata oficial se verá obligada a defender lo indefendible, en una coyuntura que –además– no le favorece: el planteamiento de un segundo piso es irreal, cuando el descarrilamiento del Tren Maya evoca de inmediato la tragedia de la Línea 12; cuando el linchamiento de Taxco nos hace recordar las imágenes de Tláhuac; cuando la reaparición del Doctor Muerte y su sonrisa hueca, justo antes del aniversario de la declaración de la pandemia, nos trae a la memoria los momentos más dolorosos de la historia reciente.
Claudia Sheinbaum tendrá que dar la cara por los errores de su mentor, y cubrir el costo de la indolencia criminal, de las prisas, de la necesidad enfermiza de aparecer en los libros de historia; el costo de confundir lo grandote con lo grandioso, el costo de acometer obras inútiles pero vistosas –y corroídas por la corrupción– e inaugurarlas a toda prisa, sin importar las consecuencias. El costo que fue previsto por quienes viven la desmesura del poder heredado y que relegan con desprecio a quien –siempre han sabido– tendrá que cubrirles las espaldas a cualquier costo: “ya cuando se descarrile el Tren, ya va a ser otro pedo”. Otro distinto, muy cierto; otro mayor, también, y que ahora corresponde a quien pretende dar continuidad a lo que, más que un gobierno democrático, no ha sido más que un programa de variedades con preguntas y aplausos programados, en el que los premios a la audiencia se reparten a través de programas sociales, y el conductor se regodea contemplando el espejo de su propia popularidad.
Nerón toca el arpa, mientras Roma arde en llamas: la sociedad clama justicia, y la muchedumbre termina por llenar el vacío de poder provocado por la ausencia de la autoridad. El gobierno falló, aunque el Presidente sea popular; el mandatario falló, aunque su candidata se empeñe en imitar su estilo. La oposición falló también, y se concentró en el personaje antes que en las audiencias, y en tratar de entender las emociones que los mueven.
El problema es de perspectiva, tanto como de horizonte: de perspectiva, porque el alcance de la conferencia mañanera permite enmarcar los problemas nacionales a la conveniencia del Presidente, y seguir señalando a sus propios enemigos; de horizonte, también, porque las opciones planteadas por la oposición no permiten suponer más que la vuelta al pasado contra el que el mandatario previene cada día. Lo que ahora reciben es lo que se robaban antes, ha repetido en incontables ocasiones; sólo quieren regresar para volver a hacerlo, concluye en cada una. El país no va bien, sin embargo, y el Presidente lo sabe; el mandatario falló en su función de gobierno y, sin cuestiones ideológicas, su candidata no tiene cómo defender una gestión mediocre.
El gobierno está en vilo, y es momento de entender sus debilidades para realizar cambios en la estrategia; es momento, también, de asumir las nuestras. Una campaña no es una sucesión de ocurrencias para reforzar la simpatía de quienes ya son seguidores, ni mucho menos el mero intercambio de estridencias, dimes y diretes, para llevarse la nota y “controlar” –si de algo sirviera– los hashtags del día. Una campaña es más que el entusiasmo, entrevistas y mítines, bardas pintadas y ropa de colores: una campaña es en realidad un camino, es fijarse un objetivo y conducir un rebaño por las pasturas necesarias para llegar a donde se quiere, mostrando el rumbo a quienes se encuentra en la aventura. El momento es ahora; el camino, el que estamos emprendiendo. El objetivo –jamás olvidarlo– el México del futuro.
