Dime con quién andas...

...y te diré quién eres. México se ha convertido en un país difícil de reconocer: la transformación ha sido real, y todo ha cambiado en unos cuantos años. El Presidente se ha empeñado en destruir las bases del país con el que soñábamos para, en su lugar, tratar ...

...y te diré quién eres. México se ha convertido en un país difícil de reconocer: la transformación ha sido real, y todo ha cambiado en unos cuantos años. El Presidente se ha empeñado en destruir las bases del país con el que soñábamos para, en su lugar, tratar de implantar el que imaginó hace cincuenta años: un país sin mayor futuro que el ofrecido, por Cuba, a sus propios ciudadanos. 

Cuba vive una pesadilla interminable, romantizada hasta el cansancio por quienes buscan implantar, en nuestro país, la situación cotidiana de hambre y represión que sufre el pueblo cubano desde hace décadas: en este sentido, la apasionada defensa hecha por nuestro Presidente al régimen castrista, y la alineación a su causa, no es sino un reflejo del país que busca construir. 

Un país sin libertades, sin cuestionamientos, sin derecho a disentir. Un país en el que —de realizarse— todos estaríamos encarcelados por criticar al gobierno: en Cuba —de acuerdo con el artículo 185 del Código Penal aprobado el día de ayer— se prevén sanciones hasta de tres años a quien “amenace, calumnie, difame, insulte, injurie o, de cualquier modo, ultraje u ofenda, de palabra o por escrito, en su dignidad o decoro, a un funcionario público, autoridad o a sus agentes o auxiliares, en ejercicio de sus funciones o en ocasión o con motivo de ellas”. Cá-lla-te-cha-cha-la-ca. 

Un país, además, sin participación posible de la sociedad civil organizada. Mientras que la Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado el día de hoy, 16 de mayo, como el Día Internacional de la Convivencia en Paz, “alentando a que prosigan y se intensifiquen los esfuerzos y las actividades de las organizaciones de la sociedad civil en todo el mundo para promover una cultura de paz”, la dictadura cubana ha definido la participación de la sociedad civil como un acto en contra de la seguridad del Estado, en el artículo 143 del citado ordenamiento, y amenaza desde el día de ayer con cárcel hasta de diez años a quien, “por sí o en representación de organizaciones no gubernamentales, instituciones de carácter internacional, formas asociativas o de cualquier persona natural o jurídica del país o de un Estado extranjero, apoye, fomente, financie, provea, reciba o tenga en su poder fondos, recursos materiales o financieros, con el propósito de sufragar actividades contra el Estado y su orden constitucional”. Dime con quién andas, y te diré quién eres. 

 Y a qué aspiras. El Presidente parece tenerlo muy claro: el amor a Cuba, y el odio a España; el desprecio hacia Biden, la sumisión ante Trump. La indefinición sobre el conflicto de Ucrania, la posición extremista sobre la Cumbre de las Américas. Los abrazos a la delincuencia, la persecución al periodismo, el aislamiento frente al resto del mundo. El patrioterismo, y la devoción a una historia nacional inventada; la educación simplista, pero brutalmente ideologizada. La gira por Centroamérica, la intentona de asumir el liderazgo del Socialismo del Siglo XXI con los programas sociales. El líder mesiánico, con alcance regional, que se enfrenta al imperialismo... 

México se ha convertido en un país difícil de reconocer, sin duda. Y lo será cada vez más, en tanto los planes de este gobierno sigan avanzando sin oposición alguna, como hasta el momento. El Presidente ha perdido el control, aunque conserve el poder: México no es Cuba —por suerte— y los daños infligidos por el Presidente pueden mitigarse todavía, a pesar de que sus repercusiones serán sufridas por décadas. 

Los gobiernos de antes no fueron lo que queríamos, es cierto, pero el que tenemos ahora no es lo que necesitamos y ha llegado el momento —sobre todo— de preguntarnos si realmente queremos que el México del futuro se parezca a Cuba en el presente. “El Presidente está mal informado”, aseguraban los tibios al inicio del sexenio; “tiene que ser un desliz”, insistieron hace días. “No es un desliz, así pienso”, aclaró, rotundo. Y hacia donde piensa, nos está conduciendo. 

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