Cuatro cortas etapas
A mis hijas. Los minutos transcurrían, y al asombro se aparejaba la tristeza. La decepción absoluta: los movimientos del Presidente, las palabras balbucientes; la mirada perdida, la ocasión desperdiciada. En el debate no sólo quedaron comprometidas las esperanzas ...
A mis hijas.
Los minutos transcurrían, y al asombro se aparejaba la tristeza. La decepción absoluta: los movimientos del Presidente, las palabras balbucientes; la mirada perdida, la ocasión desperdiciada. En el debate no sólo quedaron comprometidas las esperanzas del presidente Biden y del Partido Demócrata, sino también el futuro de sus principales aliados. El futuro de México, en específico.
La elección norteamericana se aproxima, y el triunfo del candidato republicano es una posibilidad cada vez más real: es momento de pensar, con seriedad, en lo que podría ocurrir el futuro cercano. La campaña podrá haber durado unos meses, pero los conceptos no difieren de los que sostenía durante su mandato; si acaso, se han recrudecido. Trump necesita un enemigo al que enfrentarse para mantener su narrativa, y, así como López Obrador señaló a los neoliberales como causantes de todos nuestros males, el republicano ha encontrado en nuestro país la némesis que requería.
Lo que allá son promesas aquí son amenazas: la frontera podría cerrarse al día siguiente de la inauguración del próximo gobierno, y en el mismo instante se daría la instrucción a las fuerzas especiales para ingresar a nuestro país —con consentimiento o no— para eliminar a quienes determinen como cabecillas del crimen organizado. “Nuestros matones son más rudos que los de ellos”, afirmó en una entrevista para Rolling Stone. El muro se volvería a construir, y podría revivirse la idea de pagarlo con las remesas que hasta hoy sostienen al gobierno mexicano; se impondrían aranceles del 100% a las fábricas chinas que se instalen en nuestro país, con lo que nos podríamos despedir del nearshoring, y en 2026 se revisará el USMCA, que será negociado en términos muy —muy— distintos a los actuales.
La política de protocolos de protección a migrantes (MPP, por sus siglas en inglés) regresaría al llamado Remain in Mexico, lo que nos endosará el problema con la advertencia de que no se destinarán ni diez centavos para atender las causas que lo originan. Los paradigmas cambiarán por completo: el enemigo ahora se encuentra en el patio trasero, y la relación bilateral será muy distinta a la que hemos vivido en las últimas generaciones. El hombre fuerte ya se va, y en su movimiento comienzan a surgir las primeras fisuras; el hombre fuerte no se ha ido, y en su desmesura se probará la fortaleza de lo que considera su legado.
El México del futuro se definirá en poco tiempo, y será producto de cuatro cortas etapas en una relación bilateral en la que todo podría salir mal. La primera comenzó tras el debate de la semana pasada, y se extenderá hasta finales de agosto: en este periodo, el candidato empoderado doblará la apuesta y el Presidente saliente, que continúa en la embriaguez de su propio triunfo, reaccionará en tanto perciba que su legado está en riesgo. La segunda empezará con el informe triunfalista de gobierno, y la instauración de la legislatura que brinda poder absoluto al mandatario por un mes entero: septiembre es el mes de la Patria -la desmesura hará su trabajo- y el titular del ejecutivo se envolverá en la bandera confundiendo el miedo a perderlo todo con el patriotismo, en un órdago irresponsable que podría dar lugar a soluciones desesperadas. En la tercera etapa, la Presidenta entrará en funciones y no sólo tendrá que desfacer los entuertos de su antecesor, sino que enfrentará la presión —interna y externa— hasta que se definan los comicios estadunidenses; en la cuarta, y por mucho definitoria, tendrá que establecer lazos, sanar las heridas, y recuperar el diálogo y la confianza con la próxima administración norteamericana.
El México del futuro se definirá en poco tiempo, y será producto de cuatro cortas etapas en las que todo podría salir mal. El Presidente, y su desmesura; la sucesora, y las fisuras que ya se asoman. La oposición, y su carencia de causas; la sociedad civil, y la ausencia de liderazgos para construir una opción distinta. Los minutos, mientras tanto, están transcurriendo…
