'Con Marcelo nos iría mejor'

“Yo estoy orgulloso de formar parte del gobierno del presidente López Obrador”, afirmó el canciller hace unos días, durante la conferencia de prensa matutina. “Orgulloso”, agregaría, sabiendo quién observaba. “Y las mexicanas y los mexicanos debemos de estar ...

“Yo estoy orgulloso de formar parte del gobierno del presidente López Obrador”, afirmó el canciller hace unos días, durante la conferencia de prensa matutina. “Orgulloso”, agregaría, sabiendo quién observaba. “Y las mexicanas y los mexicanos debemos de estar orgullosos de nuestro Presidente y de su política exterior”, remataría. “Y los hechos ahí están”, concluiría, triunfante.

Y los hechos ahí han estado, en efecto. La desmesura —la hybris— del Presidente no se ha limitado al ámbito interno, y quien se asume como la medida de todas las cosas lo mismo ha creído que puede modificar la Constitución a su antojo, en nuestro país, que calificar la legitimidad de un gobierno extranjero; homenajear y aliarse con los enemigos de la democracia en la región o decidir sobre el cumplimiento de un acuerdo internacional y negarse a entregar una presidencia simbólica que recibió sin mayores méritos. Una presidencia cuya titularidad se define, además, por estricto orden alfabético.

“La mejor política exterior es la interior”, aseguró el Presidente al iniciar su mandato, sin advertir que a lo que se refería era al caos y la división entre iguales. Perú es un país amigo, sin relevancia estratégica para nuestros intereses: el epíteto de “espurio” —con el que se ha calificado a su gobierno— no sólo mancha más a quien lo profiere que a quien lo recibe, sino que resulta diametralmente opuesto a los principios fundamentales de nuestra política exterior. España es nuestro aliado histórico, y la puerta natural de entrada a Europa; Estados Unidos son nuestro mayor socio comercial, y hogar para millones de mexicanos. Pleito parejo.

Todos los precandidatos oficiales saben que tendrán que arrastrar con el desprestigio —y los errores garrafales— del Presidente en funciones: ninguno, en los hechos, arrastrará un lastre como el del Secretario de Relaciones Exteriores. El Presidente adelantó la carrera presidencial, al tiempo que extendía una manzana envenenada a quienes pretendieran sucederlo: quien quisiera ganar su favor, también tendría que convertirse en su cómplice. Y en cómplices se convirtieron, todos.

Cómplices que —más temprano que tarde— tendrán que someterse al juicio de la historia, si no es que los alcanza antes el de sus contemporáneos. Desde las autoridades de salud, que solaparon la muerte innecesaria de cientos de miles de mexicanos, durante la pandemia, hasta las autoridades ambientales, que permitieron los ecocidios necesarios para los proyectos emblemáticos de esta administración. La jefa de Gobierno, que decidió suspender el mantenimiento de la ciudad para financiar su propia campaña; el secretario de Gobernación, que en los hechos sólo ha buscado generar acuerdos para complacer a una sola persona.

Cómplices todos, sí, aunque cada uno con su respectivo grado de responsabilidad: ninguno más comprometido, sin embargo, que el titular de la SRE. La política exterior ha sido un desastre del que no podría sustraerse en caso de llegar a la presidencia: el canciller ha obtenido la confianza del mandatario pero ha perdido la del mundo civilizado en el que nos interesa estar. El secretario se manifiesta orgulloso de lo que ha logrado, de sus nuevos amigos, y propone una continuidad en los errores que hoy aplaude pero que mañana, sin duda, le estorbarán. Con una Consulta de Evaluación de Mandato, organizada desde Macuspana, ¿cuál sería el margen de maniobra de un presidente así?

“Con Marcelo nos iría mejor”, comienza a repetirse entre una clase media, apática, que no alcanza a percibir la magnitud del problema en el que nos encontramos: en realidad, el futuro pinta bastante negro para cualquiera que tenga que arrastrar con la polarización, los problemas —y aliados incómodos— que ha cultivado el Presidente en funciones. El mensaje aplica igual para los partidos de oposición que para quienes dicen representar a la sociedad civil: la solución no está en los políticos del pasado, sino en la ciudadanía del presente. Y en los sueños del futuro. Nos vemos el domingo en el Zócalo.

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