Carlos Manzo, semilla fértil

Feliz cumpleaños, Silvana. “Si la estrategia actual del gobierno federal logra poner orden lo más pronto posible en nuestro Uruapan, yo me hago a un lado”, ofreció de manera repetida Carlos Manzo, ...

                                Feliz cumpleaños, Silvana.

“Si la estrategia actual del gobierno federal logra poner orden lo más pronto posible en nuestro Uruapan, yo me hago a un lado”, ofreció de manera repetida Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan. El alcalde sabía que los “abrazos, no balazos” no funcionaban, y llevaba meses implorando un cambio de rumbo por parte del gobierno federal.

“Nosotros, con todo gusto, vamos a seguir apoyando”, aseguraría en una entrevista. “Pero los que estamos expuestos, los que estamos dando la cara es la policía municipal, es este gobierno. Estamos expuestos todos, inclusive mi propia vida, como presidente municipal, y no estoy dispuesto a doblegarme”, declaró con firmeza. “Sabemos que corremos riesgos, no queremos”, continuó, dirigiéndose al secretario García Harfuch. “No queremos ser un alcalde más asesinado que se encuentra en la estadística”, advirtió en aquel momento. “Le pido que urgentemente usted haga presencia en Uruapan, sepa las situaciones complicadas que vivimos en Michoacán y que se requiere que ustedes tomen la responsabilidad que tienen para atender este tipo de delitos federales…”.

El apoyo del gobierno federal nunca llegaría; antes bien, los 200 elementos de la Guardia Nacional que habían sido destinados a la protección de Uruapan fueron retirados un día cualquiera sin explicación alguna. “Nosotros estamos an la mejor disposición de apoyar, de seguir trabajando como lo estamos haciendo”, había declarado el alcalde. “Pero si ustedes no mandan el apoyo que los ciudadanos de Uruapan requieren, desde la Presidencia de México, lo único que nos van a dejar es estar expuestos todos ante este tipo de grupos criminales que cada día son más agresivos…’.

Carlos Manzo murió el sábado frente a su familia, rodeado del pueblo que le depositó su confianza y en el ejercicio de sus funciones: el artero asesinato que le quitó la vida no sólo ha dejado en la orfandad a una comunidad entera, sino que pone de manifiesto la falta de capacidad —o voluntad— de las autoridades para brindar la seguridad más elemental a la ciudadanía. En especial a quienes se atreven a cuestionarles con dureza: al fallecimiento del edil se suma el del líder limonero Bernardo Bravo, quien fuera asesinado hace unos días tras haber denunciado —también— haber recibido amenazas del crimen organizado.

Lo dejaron solo; los dejaron solos. En realidad, nos dejaron solos a todos. Michoacán se ha teñido en sangre bajo la administración actual, y se ha convertido en un estado tan fallido como Sinaloa o Zacatecas: el cáncer ha comenzado a hacer metástasis y, de no cambiar el rumbo, seguirá extendiéndose por otras entidades hasta cubrir el país entero. Lo que pasa en Uruapan se repite en cientos de municipios, cuyos habitantes no se atreven a alzar la voz: Carlos Manzo fue un valiente que desafió a los partidos políticos para llegar al poder y, una vez ahí, se atrevió a decir las cosas que nadie más decía. Sus palabras, muy probablemente, le costaron la vida.

“A mí me podrán matar”, declaró hace poco, como si adivinara su destino. “A mí me podrán levantar, a mí me podrán intimidar o amenazar, pero afuera hay un pueblo que pide, exige justicia. Hay un pueblo que ya está cansado de las extorsiones, de los policías, de los tránsitos, de los homicidios, de que le quiten su vehículo, de que se desvíe el recurso público. A mí me podrán chingar, pero se quedan con un tigre muy enfurecido que es el pueblo de Uruapan. ¡Aguas!”, advirtió. “Porque si nos tocan a nosotros van a tocar a todo el pueblo…”.

El pueblo, por lo visto, está tocado: el calor de las manifestaciones recientes, y la toma del Palacio de Gobierno en Morelia, no son sino la muestra patente del hartazgo de la ciudadanía. A lo largo de la historia, los grandes cambios políticos y sociales han nacido lo mismo de la indignación que de la esperanza: para una, tanto como para la otra, el ejemplo de vida de Carlos Manzo será semilla fértil.

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