Así no es

“El que avisa no es traidor”, decíamos en estas mismas páginas, hace unas semanas al señalar los riesgos implícitos en la definición del método para elegir al candidato opositor. La falta de credibilidad de los partidos, la complacencia de sus dirigentes; las ...

“El que avisa no es traidor”, decíamos —en estas mismas páginas, hace unas semanas— al señalar los riesgos implícitos en la definición del método para elegir al candidato opositor. La falta de credibilidad de los partidos, la complacencia de sus dirigentes; las complicaciones innecesarias del proceso, la candidez de una “sociedad civil” cuyo ámbito de influencia no sobrepasa los seguidores que suman en las redes sociales, aunque pretenda definirse como una “marea rosa”.

Riesgos que se convierten en situaciones de peligro real si nuestro objetivo es un mejor país a futuro. El desprecio a un “pueblo bueno”, que se presume, de entrada, ignorante o manipulable por un interés a corto plazo; la confusión entre el discurso incendiario del Presidente —al que nos aprestamos a responder en Twitter, fortaleciéndolo— y la narrativa de un hombre que continúa siendo el protagonista de la historia que ha querido contar, y cuya popularidad se mantiene incólume sin importar lo que dicte el sentido común.

El problema no es del Presidente, que va en caballo de hacienda: el problema es de la oposición, que no ha sabido entender que su estrategia, simplemente, no funciona. “El que avisa no es traidor: el camino, por completo, está equivocado”. La desbandada de un plan absurdo —y rayano en lo ilegal— ha proseguido, mientras que la debacle continúa: la formidable Línea Maginot Opositora funcionó hasta que tuvo que enfrentarse con la vida real. Un enfrentamiento con episodios memorables, como el ocurrido el día de ayer, cuando uno de los precandidatos con más posibilidades dejó entrever su salida de un sistema de selección absurdo.

Absurdo, por completo: un sistema tan autoritario como al que la oposición pretende enfrentarse, desde su concepción. Los requisitos parecen haber sido planteados para crear una división inexistente entre aliados naturales: los resultados obtenidos sólo han confirmado los peores temores de quienes abrigan esperanzas en un país mejor. Un país a futuro, un país incluyente: un país en el que podamos caber todos. Incluso quienes no piensan como nosotros. Un país que no estamos construyendo.

La oposición en funciones pretende un país mejor, siempre y cuando incluya solamente a quienes piensen como ellos, y coincidan en sus aspiraciones a cortísimo plazo. A ningún otro: nadie más tiene cabida, por lo visto, a menos que coincida con su visión particular de país. El amago de abandono, por parte de Enrique De la Madrid —y las reacciones que suscitó, a todos los niveles— reveló las motivaciones de cada uno de los actores políticos, a cuerpo completo: desde quienes festejaron su presunto retiro hasta quienes trataron de disuadirlo, incluyendo a quienes profirieron amenazas veladas. O no tan veladas…

Amenazas que retratan, y amenazas que disuaden. “Por qué se bajaron”, trataron de explicar los voceros de la oposición actual, al señalar que quienes cuestionan el proceso —sin importar el desaseo, y la evidente ilegalidad a que pretendían arrastrarlos— lo han hecho tan sólo porque “no les alcanza para las firmas” que ellos mismos determinaron como requisito. “Quienes no participen en el proceso no podrán ser considerados en el gobierno de coalición”, señalaron, desde sus redes sociales. ¿De qué se trata su gobierno de coalición, entonces? Así, ¿cómo quieren sumar seguidores?

  • “Somos la Marea Rosa”, continúan afirmando —desde sus castillos en el aire— mientras doran la píldora de las redes sociales envueltos en un proceso que no han entendido, comprando el falso discurso de que un “like” es un voto: sin trabajo de campo cercano a la gente; sin propuestas locales, sin una estrategia mejor que la del mandatario —que sólo piensa en sus propios intereses— todo está destinado al fracaso. La estrategia está mal planteada, y de ninguna manera es suficiente: un gobierno de coalición no puede excluir a nadie, y mucho menos a quienes pretenden mejorarlo. El que avisa no es traidor, insistimos. Así, no es.

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