Antes, como antes; ahora, como ahora
Viva México. México se ha convertido en un país a la deriva. El capitán perdió la brújula desde hace tiempo, y decidió someter los mapas a votación, justo antes de abandonar el barco: la tripulación decidió confiar en el instinto de quien les habló al oído y ...
Viva México.
México se ha convertido en un país a la deriva. El capitán perdió la brújula desde hace tiempo, y decidió someter los mapas a votación, justo antes de abandonar el barco: la tripulación decidió confiar en el instinto de quien les habló al oído y repartió dinero, y, así, lo que en algún momento fue un poderoso buque hoy no es más que una barcaza al garete.
Al garete, literalmente. El titular del Ejecutivo demolió los contrapesos que le representaban un estorbo, convencido de que navegar sin anclas le permitiría llegar más pronto a su destino: el presidente se equivocó, aunque ahora festeje, y en su error —con la culpable participación de quienes advirtieron el peligro, pero siguieron apoyando el desatino— nos terminará arrastrando a todos. El sexenio termina con una transformación profunda, como lo anunció desde el inicio de su mandato: el daño ya está hecho, y las repercusiones de este episodio obscuro de la Historia serán sufridas por generaciones enteras.
Fracasó la oposición, fracasaron los medios. Fracasó la ciudadanía, así como fracasó el sistema que construimos sin considerar dique alguno para contener a un gobernante desquiciado. Fracasamos todos en realidad, incluyendo a quienes hoy festejan creyendo que se alzaron con alguna clase de triunfo: el Presidente vive sus mayores momentos de desmesura, en las postrimerías de un gobierno que bien merecía un final distinto. El mandatario logró todo lo que quería, sin darse cuenta que quería demasiado.
México es hoy un país dividido, en el que el fanatismo de ambos bandos nos impide atisbar el peligro que enfrentamos: la capitana recibirá el timón de una embarcación que ha perdido el rumbo, en aguas revueltas, y se enfila sin control alguno hacia la tormenta perfecta. Andrés Manuel pudo haber dejado un país mejor, con una actitud distinta: el Presidente lo tenía todo para convertirse en el prócer que siempre quiso ser, pero no supo entender lo que podría haber logrado de haber sabido encauzar su carisma hacia las causas correctas. López Obrador apostó al encono durante todo su mandato, y dobló la apuesta con la sobrerrepresentación y la reforma al Poder Judicial: al sexenio le restan dos semanas todavía, y el mandatario tratará de exprimir el poder hasta el último minuto. La hubris del autócrata.
Hasta el último minuto. México está al garete, mientras que en la frontera norte se asoma la tempestad: el proceso electoral norteamericano se calienta por instantes, y nuestro país estará en el ojo del huracán muy pronto. La crisis de salud causada por el fentanilo es una de las principales preocupaciones para la ciudadanía estadunidense, y ambos candidatos han tratado de aprovecharse del tema: la detención y encausamiento de los líderes del Cártel de Sinaloa se convertirá en la narrativa principal durante la etapa final de las campañas.
Es mucho lo que se juega el próximo 5 de noviembre, y la fiscal no sólo lo sabe sino que parece tener armado su caso: la lucha será encarnizada, y sus efectos colaterales salpicarán hasta nuestro territorio. Las piezas de dominó caerán, una a una, empujando a la siguiente: la primera se desplomará el próximo 30 de septiembre, cuando Joaquín Guzmán López rinda su declaración ante las autoridades norteamericanas a unas horas de que termine la administración en funciones. De ahí, lo que venga para quien nunca quiso ser amigo y abrió las puertas del patio trasero a la peor escoria del planeta: antes como antes, y ahora como ahora, será —sin duda alguna— la política estadunidense hacia nuestro país a partir de octubre.
México se ha convertido en un país a la deriva: en el bote, sin embargo, vamos todos. El Presidente tratará de dividirnos aún más, sin importar que el barco se hunda: la tempestad se aproxima, sin embargo, y tendremos que encontrar acuerdos sociales distintos para hacer frente a una realidad que todavía es inconcebible. Antes, como antes; ahora, como ahora.
