Algo huele a podrido en Dinamarca
Sweet sixteen, Isa. “Este caso debería enviar un mensaje claro a cualquier líder extranjero que abuse corruptamente de su poder para apoyar a los cárteles de las drogas”, afirmaba la titular de la DEA, Anne Milgram, apenas en abril ...
Sweet sixteen, Isa.
“Este caso debería enviar un mensaje claro a cualquier líder extranjero que abuse corruptamente de su poder para apoyar a los cárteles de las drogas", afirmaba la titular de la DEA, Anne Milgram, apenas en abril de 2022. Quien quiera escuchar, que escuche.
La agencia, en aquellos momentos, celebraba una victoria. La extradición —nada más, y nada menos— de Juan Orlando Herrera, el expresidente de Honduras que hasta hace poco había sido considerado como un aliado, y cuya reelección apoyó el gobierno norteamericano —por convenir a sus intereses— mientras continuaban las investigaciones y se acumulaban las evidencias que terminaron por encarcelarlo. El problema del narcotráfico es una crisis de salud pública que rebasa el mero ámbito de los particulares, y Milgram no dejó pasar la oportunidad de hacer una advertencia que hoy se antoja más ominosa que nunca.
“Si aceptas dinero de narcotraficantes para tu elección; si aceptas sobornos de cárteles de drogas; si traficas drogas mortales; si proteges a cárteles de drogas criminales; si conviertes el poder del Estado en una máquina violenta de tráfico de drogas; si permites que la violencia y el asesinato florezcan a manos de los cárteles, entonces la DEA no escatimará esfuerzos para responsabilizarte por tus crímenes. Si piensas que puedes esconderte detrás del poder que implica la posición que ahora ocupas, estás equivocado…”.
Te lo digo, Juan, para que lo entiendas, Pedro. La elección norteamericana se aproxima, y las trepidantes revelaciones sobre la participación de García Luna —¿quién más?— en el caso Colosio no han sido suficientes para distraer a la titular de la DEA sobre sus investigaciones, ni a los gobernadores republicanos que, ayer, manifestaron su apoyo a las medidas antimigración que se han convertido, junto con aquellas referentes al combate a las drogas, en la punta de lanza contra el presidente Biden y en el tema central de las campañas estadunidenses. A nuestro Presidente nunca le interesó ser aliado, ni mucho menos un amigo: hemos dejado de ser un protagonista en la región para convertirnos en una pieza dispensable en poco tiempo. Una pieza que sirvió, mientras que fue conveniente: una pieza incómoda, whose ‘second floor’ is not desired at all.
Algo huele a podrido en Dinamarca. Algo huele a podrido en el Estado de Dinamarca. El sexenio de la desmesura se aproxima a su fin, y en su conclusión viviremos el triste final de una ópera bufa cuyo protagonista terminó siendo devorado por el personaje que supo arrancar los aplausos de la audiencia, pero que nunca logró ser el estadista que pretendió interpretar cada mañana. El circo se desploma, y el Presidente se aferra al poder con el paquete de reformas que hoy presenta aun a sabiendas de que son irrealizables: un paquete de ocurrencias con fines políticos y electorales, cuyo único objetivo inmediato es acendrar la polarización.
La última manzana envenenada; un paquete de reformas con el que pretende marcar el rumbo de quienes le sucedan, y asegurar su lugar en la historia: un paquete de ocurrencias —de último minuto— que en poco difiere del último canto de cisne de quienes le han precedido y cuya merecida memoria habrá de compartir. “¡La banca ya es nuestra!”, celebraban los corifeos de turno cuando, hace más de 40 años, el presidente López Portillo rendía su último informe de gobierno; “malditos neoliberales”, lloraron en 2018 al entregar su voto al candidato que prometía el regreso al pasado. “No más sangre”, repetían, cuando los intereses de sus aliados se veían comprometidos; “pases de lista”, convocaban, cuando la cúpula militar aún no les pertenecía. “Es un honor…”, repetirán hasta el cansancio, en unos días.
“Este caso debería enviar un mensaje claro a cualquier líder extranjero que abuse corruptamente de su poder…”. Este caso, también, debería enviar un mensaje claro a una ciudadanía que no ha terminado de creer en sí misma: el mundo es más, mucho más, que los autoelogios de la mañanera. Todo puede cambiar muy pronto…
