Al Presidente le queda lo único que necesita

El inquilino del Palacio es el hombre más solitario de México. El poder aísla al mandatario de la opinión de los más sensatos, y privilegia a los más zalameros; el poder enloquece a quien lo ejerce en la desmesura, y condena al que confía en que su propia popularidad ...

El inquilino del Palacio es el hombre más solitario de México. El poder aísla al mandatario de la opinión de los más sensatos, y privilegia a los más zalameros; el poder enloquece a quien lo ejerce en la desmesura, y condena al que confía en que su propia popularidad será suficiente para subsanar errores y garantizar la permanencia de lo que considera su legado. El poder es temporal y, en algún momento, siempre termina por cobrar las facturas.

Los fantasmas recorren el palacio virreinal. En lo local, las corcholatas no despegan y las divisiones internas comprometen los planes sucesorios; la sociedad civil cada vez está más organizada —y comprometida—, mientras que los poderes fácticos comienzan a mostrar su descontento. En lo regional, el gobierno en funciones ha realizado alianzas con los personajes más dudosos del continente: en lo internacional, sólo mantenemos la confianza de los capitales golondrinos. En todos los casos, lo que se aproxima es el declive de un sueño que sólo durará seis años.

En lo local, la pandemia nos marcó a todos: como personas, como familias, como sociedad. La pandemia marcó al gobierno, también, aunque sus integrantes no hayan podido expresar su desacuerdo en público. Las corcholatas han guardado lealtad al Presidente de la República, pero no han dudado en propinar golpes bajos a sus contrincantes; las corcholatas se disciplinaron durante la pandemia, pero no compartirán la responsabilidad de quien los ha despreciado en público.

La pandemia es el Talón de Aquiles de la 4T, y Hugo López-Gatell el eslabón más débil: las cifras se pueden maquillar, pero las ausencias se seguirán sintiendo en nuestros hogares. El subsecretario goza de inmunidad —por el momento—, pero esta semana ha quedado claro el futuro que le espera. Ninguno de quienes podrían ser designados como posibles sucesores, el próximo 6 de septiembre, metería las manos al fuego por el subsecretario que disfrutó sus quince minutos de fama contando muertos —y recitando poesías— como si nunca tuviera que rendir cuentas. La fisura está a la vista.

En lo regional, el Presidente de la República realizará una visita oficial a Colombia el 8 de septiembre, un par de días después de haber destapado a su corcholata. El viaje no será sencillo: aunque fue planeado con antelación a los sucesos que hoy se viven en aquel país, la presencia de nuestro mandatario —en tales circunstancias— será entendida como una muestra de apoyo a un presidente cuya familia está siendo acusada no sólo de enriquecimiento ilegítimo, sino de mantener vínculos con el crimen organizado para obtener financiamiento y asegurar la gobernabilidad en las regiones que dominan. Una imagen demasiado cercana, sin duda alguna.

El viaje oficial tendrá lugar en un momento en que la situación política será sumamente complicada para el presidente Petro, y la presencia de nuestro mandatario será demasiado ominosa para lo que la sociedad colombiana estará viviendo. La magnitud del escándalo es insultante, y en Colombia no se ha olvidado que fue el Presidente mexicano quien apoyó al entonces candidato en lo que se consideró como una injerencia extranjera para apoyar su triunfo; en Colombia no se olvida el rol que han jugado los asesores políticos que hoy despachan a sus anchas a nuestro país, embozados en una piel de cordero. Cuando nuestro mandatario llegue a Bogotá, la gente lo estará esperando. Y no con gratitud, ciertamente: una fisura más grande.

En lo internacional, el sueño terminó hace tiempo. O nunca inició, en realidad: quienes lo midieron, lo administraron a su antojo y lograron el envío de nuestras propias tropas a la frontera norte; quienes lo entendieron, se aprovecharon de su soberbia y han exprimido el diferencial artificial de tasas hasta el cansancio. La fisura se convertirá en grieta, pero al final, el Presidente pensará que salió ganando: al hombre más solitario del país, antes de cumplir su quinto aniversario, sólo le quedan sus encuestas, su aprobación, sus espejos. Le queda, al final, lo único que necesita: le queda lo único por lo que ha luchado.

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