A clear and present danger

A 12 años, papá. La mejor política exterior es la interior, consignó el Presidente desde el inicio de su mandato. Y lo ha cumplido a cabalidad: las políticas populistas del titular del Ejecutivo, su falta de visión estratégica y el ...

                A 12 años, papá.

La mejor política exterior es la interior, consignó el Presidente desde el inicio de su mandato. Y lo ha cumplido a cabalidad: las políticas populistas del titular del Ejecutivo, su falta de visión estratégica y el desprecio total y absoluto al Estado de derecho —que han caracterizado su periodo— no sólo han traído inestabilidad a México, sino a la región entera, y son en buena medida corresponsables de la crisis que enfrenta nuestro país vecino. Una crisis que hoy, sin más, los mantiene al borde de la guerra civil.

El mandatario siempre ha sostenido una relación acomodaticia con Estados Unidos. Como candidato se mostró beligerante y agresivo, e incluso escribió un libro que anticipaba la confrontación con el presidente norteamericano; cuando llegó al poder, en cambio, se transformó en el administrador servil —y ladino— de un patio trasero que desde un principio había sido cedido al crimen organizado entre abrazos y no balazos. Un patio trasero en el que los enemigos de la democracia se han paseado a sus anchas, y en el que las conspiraciones se cocinan bajo el auspicio de los nuevos aliados antidemocráticos: un patio trasero cuya falta de gobernabilidad, y de confianza, será utilizada hasta el hartazgo para hacernos responsables de sus problemas más acuciantes.

Migración y fentanilo, fentanilo y migración. Las elecciones se aproximan de nuevo, y muy pronto llegará el momento de recordar —una vez más— que en política no existen amigos ni lealtades, sino coyunturas e intereses concurrentes. México es, y será, un tema central en la elección norteamericana: la forma de abordar nuestra problemática, y mitigar sus efectos negativos en la sociedad estadunidense, el tema central de la campaña que apenas comienza.

El Presidente fue capaz de mantener una relación cordial con Trump mientras que le fue útil, pero tardó poco tiempo en darse cuenta —cuando la situación cambió— que Joe no era igual que Donald, así como que no es lo mismo contar de este lado con una Alicia que con un Marcelo para establecer relaciones y lograr acuerdos viables. Claudia no es Andrés tampoco, aunque trate de imitar el acento: la sociedad ha perdido la inocencia, en ambos países, y la polarización se incrementará conforme la fecha esté cercana.

México ha dejado de ser un aliado estratégico, para convertirse en una amenaza real y presente para la viabilidad futura de la nación norteamericana. A clear and present danger en sus términos más clásicos, cuyas repercusiones suponen un riesgo real e inminente para nuestros vecinos e incluso comprometen los principios fundacionales consagrados a nivel constitucional. La manifestación de transportistas que tendrá lugar en estos días no será sino el primer golpe a la economía norteamericana, al que seguirá uno tras otro hasta que el mismo ritmo de la contienda obligue a cerrar la frontera por completo.

La realidad será distinta: el flujo de personas se interrumpirá, las cadenas de distribución se verán comprometidas, las mercancías dejarán de transitar de un lugar a otro con la misma facilidad. Lo mismo que pasa en México, pero a nivel regional: las economías locales se verán afectadas, y los gobiernos estrangulados. El mundo actual es un caos controlado, cuyo orden relativo se mantiene con alfileres y se desdibuja por instantes: el mundo del mañana es un caos sin contención real avizorable, en el que dichos alfileres habrán de perder su vigencia por completo.

El mundo se aproxima a la vorágine. La realidad que conocemos está a punto de cambiar para siempre, en uno de esos extraños momentos de la historia en los que todo confluye para dar lugar a un abrupto cambio de época. Una tempestad global, para la que no estamos preparados; una tormenta regional, en la que no somos mucho más que un barquito de papel a la deriva: una crisis nacional, que nos ha convertido en un peligro real e inminente.

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