¿Crisis espiritual?

La espiritualidad se fortalece cuando se encuentran personas afines.

¿Existe una crisis espiritual en el mundo actual? Según ChatGTP, se trata de un tema complejo y multifacético que requiere un análisis cuidadoso y una comprensión de las diversas perspectivas en diferentes contextos y culturas. Una respuesta aparentemente ambigua. Suena “políticamente correcto”. Sin embargo, coincido con la evaluación de la inteligencia artificial sobre la complejidad de esta pregunta, que presenta luces y sombras en muchos aspectos, incluida la relación de los jóvenes con lo espiritual.

En el mundo occidental, la práctica religiosa tradicional ha disminuido en las últimas décadas. Sin embargo, ha aumentado el número de personas que se identifican como “espirituales no religiosas”. En cambio, al otro lado del mundo, por ejemplo en Corea del Sur, la población católica ha tenido un significativo crecimiento en los últimos años, pasando de medio millón de creyentes en 1950 a los aproximadamente 6 millones que existen actualmente.

Más allá de las estadísticas que ilustran esta diversidad, es importante explorar otros aspectos relacionados con las creencias de los seres humanos. Históricamente, se ha creído que las personas religiosas tienden a ser menos abiertas, debido a la presunta rigidez de sus sistemas de creencias. Sin embargo, existe otra posible lectura frente a esta perspectiva. En cierto sentido, un no creyente confía en un sistema cerrado en el que únicamente existe lo que es palpable a su alrededor, dejando atrás realidades trascendentales, lo cual termina siendo una postura que no logra abrirse a otras perspectivas.

Bob Dylan reflexionaba sobre la dicotomía entre creyentes y no creyentes. El cantante señalaba que unos y otros servimos a algo. En el caso de los creyentes, la articulación es con Dios. En el caso de los no creyentes, supeditados a aspectos que resultan prioritarios en sus vidas y hacia los cuales dedican sus mayores energías. En ese sentido, ninguna autonomía es absoluta.

Por otra parte, cuando la espiritualidad entra en crisis con frecuencia da entrada a otro tipo de “dioses”, como pueden ser el placer, la fama, el dinero, el poder, por mencionar algunas opciones. Generalmente, este tipo de realidades pueden resultar satisfactorias por un tiempo, sin embargo, parecería que, en el mediano plazo, estas respuestas resultan insuficientes a un ser humano que tiene anhelos más elevados.

De hecho, la conocida crisis de salud mental en los jóvenes tiene una conexión también con las necesidades espirituales no satisfechas. A ese respecto, Robert Barron elabora una magnífica explicación donde analiza cómo esos vacíos espirituales con frecuencia se llenan con ansiedades.

Al mismo tiempo, los defensores de las religiones tradicionales no siempre saben dar respuestas satisfactorias que apoyen esos deseos de trascendencia. Es así como los jóvenes buscan otros espacios y prácticas en las que intentan conseguir paz interior y colmar sus profundos deseos de felicidad.

Desde la perspectiva de las religiones tradicionales, y particularmente desde el cristianismo como religión mayoritaria en Occidente y en México, tenemos que ser capaces de mostrar respuestas que conecten de modo más relevante con la vida de las personas y no desde posiciones abstractas. No siempre hemos sabido hacerlo de este modo y existe aquí un área de oportunidad. Da la sensación de estar frente a un enorme tesoro que carece de puentes adecuados que faciliten llegar a ese lugar aparentemente inalcanzable; más aún, en el marco de la fiesta cristiana más importante que celebramos precisamente el día de hoy.

Me animo a proponer tres ideas que, si bien resultan insuficientes, pueden ayudar a reducir el gap en la “oferta y demanda” espiritual cristiana occidental.

Un primer aspecto, tan importante como elemental, es hacer notar que las religiones —y particularmente el cristianismo— no es lo que dicen las redes que son. En ese sentido, puede ser interesante retar, en el buen sentido de la palabra, a los jóvenes, confiando en que son capaces de llegar a las causas de fondo: animarlos a pensar, a sentir, a preguntar, a ser sinceros con ellos mismos, de tal modo que sus respuestas ante las distintas ofertas espirituales descansen en cimientos sólidos y no sobre “lo que se dice”.

Por otro lado, y no menos importante, es ayudarlos a tener un encuentro personal con Dios, punto central de la vida espiritual. En esa línea son muy valiosos los testimonios personales donde se comparte la fe de modo auténtico, apasionado y esperanzador, haciendo evidente la enorme carga de sentido y propósito que proporciona una fe bien vivida.

Finalmente, dado que somos seres humanos sociales y relacionales, donde también la espiritualidad se fortalece cuando se encuentran personas afines, es importante formar parte de comunidades vibrantes, en las que la fe se practica y vive con alegría e intensidad.

La crisis espiritual será menor si el fondo toma en cuenta a la forma, si el mensaje es empático con el medio, si la fe se habla con la razón y si la religión dialoga con la psicología.

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