México, el avión e Irán
¿A México debe importarle lo que acontece en Medio Oriente? Depende de si la política exterior mexicana es de principios o es de conveniencia

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
En estos inicios del año 2020 no está demás preguntar dónde se escondió la política exterior de México. Esto por el extraordinario y tronante silencio de México ante el asesinato, con un misil disparado desde un dron, del militar más importante de Irán, el general Qasem Soleimani, mientras se hallaba en el aeropuerto de Bagdad, en Irak. Si el gobierno de México se indignó por la renuncia forzada de Evo Morales en Bolivia, debería haberse descompuesto por la agresión ilegal y artera de Estados Unidos contra un funcionario iraní visitando otro país.
A menos, claro, que la política exterior mexicana se guie por las “enseñanzas” del jeque Lorenzo Meyer, quien recomendó ya no contestarle nada a Bolivia porque “no tenemos relaciones económicas ni políticas importantes con ese país”. En el caso de Irán, diría, menos. Excepto si atacara a Israel, por supuesto.
¿A México debe importarle lo que acontece en Medio Oriente? Depende de si la política exterior mexicana es de principios o es de conveniencia. De ser esto último, entonces Meyer tiene toda la razón ya que Evo Morales, nuestro supuesto aliado, está fuera del poder, no tenemos nada que hacer en Bolivia. ¡Que se pudran los asilados!
Pero si la política exterior es de principios, entonces México debe hacer todo lo posible por resolver discretamente el tema de los asilados y expresarse firmemente contra la política de exterminio con drones que practica Estados Unidos en Medio Oriente. El parlamento iraquí acaba de exigir la expulsión de las tropas de Estados Unidos de su territorio, colocando a ésta como una nación invasora.
¿Qué tiene que ver el avión presidencial mexicano con Medio Oriente? Estacionado en Estados Unidos, es el símbolo del abandono que ha hecho este gobierno de la política exterior de principios, por una de conveniencia, y confirma nuestra humillación ante Estados Unidos. Confirma que el Presidente mexicano no viaja porque no tiene voz para conversar con la comunidad mundial. Ergo, México no tiene voz en el mundo para defender las causas justas de la humanidad. Defender a Julian Assange es defender a un mercenario de la informática que le ayudó a Trump en su campaña electoral. ¿Será por eso que se le defiende?
México debe hablar claro y fuerte sobre estos acontecimientos. No es cosa de defender al iraní, sino el principio del derecho internacional.