Encubriendo al castrismo: ¿hasta cuándo?

La Sala de Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de La Habana condenó a Leonard Richard González Alfonso a siete años de prisión. Bajo el cargo de “propaganda contra el orden constitucional”, la sentencia fue emitida el 12 de marzo pasado. Se hizo pública recién el 25 del mismo mes. El acusado había sido detenido el 20 de junio por el delito de un grafiti en una pared: “¿Hasta cuándo? Nos están matando”, escribió.

En Cuba impera una ficción jurídica, todo fallo judicial favorece al Estado. Tómese ello como una definición abreviada del totalitarismo castrista, un régimen en el que la burocracia del Estado-partido decide a discreción y con impunidad. El orden constitucional invocado por el tribunal es un orden totalitario, pues sólo un partido es legal en Cuba: el “partido comunista, partido único, martiano, fidelista, marxista y leninista, fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Así dice la constitución.

La sentencia coincidió con la llegada a la isla de la flotilla Nuestra América, liderada por una embarcación rebautizada Granma 2.0, quizá para no ser menos que Castro y Guevara. Ese mismo día, Granma, el periódico oficial, no reportó la condena a González Alfonso, pero sí desplegó una importante cobertura sobre el arribo del convoy. Más de 650 participantes de 22 países llegaron a la isla en muestra de “solidaridad contra el bloqueo y ayuda humanitaria”, buena parte enviada por el gobierno de México. Fueron recibidos por Díaz-Canel y otros altos funcionarios.

La delegación era una muestra de la izquierda europea, la llamada Internacional Progresista. Claro que no todos llegaron a bordo de embarcaciones pintorescas. Las figuras más prominentes lo hicieron en avión y se alojaron en suntuosos hoteles, en contraste con las carencias habitacionales del cubano promedio. Allí estaban Jeremy Corbyn, Pablo Iglesias, Greta Thunberg y Code Pink, entre otros notables; una mezcla de izquierdistas, feministas, populistas, secesionistas vascos y catalanes, partidos verdes y renombrados influencers. Los activistas viajaron para “mitigar el bloqueo de más de 60 años”, supuestamente agudizado desde enero por el cerco petrolero. Así como el castrismo ha externalizado la suerte de su economía en terceros, la Unión Soviética y Venezuela, luego también ha exportado la responsabilidad por los malos resultados a otro tercero, Estados Unidos y un supuesto bloqueo que en realidad nunca fue más que un parcial embargo comercial. De hecho, Cuba importa 80% de los alimentos y las medicinas que consume, principalmente de Estados Unidos. Bloqueo y embargo comercial no son sinónimos. 

La crisis energética, a su vez, comenzó en los años noventa a raíz de la eliminación de los subsidios tras la disolución de la Unión Soviética. Fue el comienzo del llamado “periodo especial”, una profunda recesión que nunca se revirtió por completo. El sector energético tampoco se recuperó, ni siquiera cuando los subsidios de Moscú fueron sustituidos por los de Chávez. Allí comenzaron los apagones, impredecibles y cada vez más prolongados. Ello explica por qué entre 2021 y 2024 el éxodo de cubanos alcanzó la cifra de 1 millón de personas, el 10% de la población, produciendo un verdadero colapso demográfico. Considérese lo siguiente. En los años setenta surgió el “eurocomunismo”, en gran medida como reacción a la invasión de Praga en 1968. Liderado por el PC italiano y el francés, y luego el español, dicho movimiento produjo un giro en la estrategia de la izquierda europea, criticando al “socialismo realmente existente”, rompiendo con Moscú y abrazando el pluralismo parlamentario; en definitiva, aceptando la “democracia burguesa”. Así, rechazaron la ortodoxia marxista; es decir, el partido único y la dictadura del proletariado.

Sin embargo, hoy, la propia Unión Europea continúa enviando fondos a Cuba bajo el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (PDCA), recursos que deberían ser condicionales a respetar los derechos humanos. No deja de ser irónico. La izquierda europea denunció al stalinismo soviético medio siglo atrás, pero hoy encubre al stalinismo cubano, haciéndose cómplice de sus crímenes. Me hago eco de Leonard González Alfonso: “¿hasta cuándo?”.

*Investigador y profesor de economía política y democracia de Latinoamérica y países postsocialistas 

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