Desdén y oídos sordos

Una de las demandas notables era el reclamo de justicia para Javier Valdez, reportero de La Jornada

La Caminata por la Verdad, Justicia y Paz llegó al Zócalo capitalino, frente a Palacio Nacional. Camina desde Cuernavaca, Morelos, hace cinco días, encabezada por Javier Sicilia, Adrián y Julián LeBarón, junto con un nutrido contingente de familiares de víctimas de la violencia que prevalece en casi la totalidad del territorio nacional.

Una de las demandas notables era el reclamo de justicia para Javier Valdez, reportero de La Jornada asesinado en Culiacán, Sinaloa, en mayo de 2017, presumiblemente por sus reportajes sobre el crimen organizado en esa entidad.

A media caminata sobre Reforma se sumaron los padres de los 43 de Ayotzinapa, exigiendo que haya justicia en todos los casos de desaparecidos y víctimas de la violencia criminal en México, provenientes de actores tanto estatales como extraestatales. Se acordó, al calor de la caminata, vincular las luchas de las víctimas.

Padres y madres de niños con cáncer informaron que se sumarán, el día de hoy, a la caminata en la Ciudad de México para exigir soluciones al gobierno federal a la carencia de medicamentos apropiados para el tratamiento de sus hijos, sin demagogia. La marcha llegó al Senado de la República, donde fue recibida por senadores del PRI, del PAN, del PRD, de MC y el independiente Emilio Álvarez Icaza. Se negaron a recibirlos los senadores de Morena, PT, PES y Verde: es decir, el bloque de izquierda progresista, que insiste en cerrar los ojos ante la realidad nacional.

Al igual que el presidente López Obrador, quien anunció que no los iba a recibir para no darles espacio a la difusión de su causa ni a sus demandas. Así, la izquierda mexicana le pone oídos sordos al movimiento que exige justicia y verdad para las víctimas de la violencia estatal y paraestatal en México. De igual manera, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos también brilla por su ausencia en esta protesta contra las arbitrariedades del Estado. Si tuviera dignidad y respeto a su persona, la presidenta de la CNDH renunciaría inmediatamente. Pero dignidad es justamente de lo que carece.

La respuesta de la Presidencia de la República y del morenismo izquierdista en todas sus estructuras políticas, sociales y gubernamentales es la misma hacia la Caminata y, por añadidura, a todos los futuros movimientos que reclamen la verdad y justicia para las víctimas: desdén y oídos sordos.

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