Pedro Castillo es el nuevo líder de Perú

Promete logros, pero no dice cómo lo hará

Ricardo Ortiz Esquivel

Ricardo Ortiz Esquivel

Internacionalística

El hombre del sombrero de paja, el nativo de Chota, Cajamarca; el hombre que fue maestro rural durante 24 años y que era un desconocido hace algunos años en la política nacional se ha convertido en el presidente constitucional de la República de Perú.

Pedro Castillo llega a la presidencia del país andino ante una crisis política que ha dado como resultado un total de cuatro presidentes en cinco años.

Su antecesor duró aproximadamente ocho meses como presidente interino y terminó su mandato con un 20% de aprobación, según datos de la consultora CIT Perú.

Francisco Sagasti entregó los poderes gubernamentales a un hombre que no tiene alguna experiencia política o burocrática en la vida pública nacional, pero que fue elegido por el pueblo peruano para ser el presidente de esa nación hasta 2026.

Atrás debemos dejar a Keiko Fujimori. La justicia se hará cargo de la hija del expresidente Alberto Fujimori y Perú debe concentrarse en un presente que empieza tenso y con muchas preguntas al aire.

El presidente Castillo llama mucho la atención por su estilo, sencillez y la forma en que pretende gobernar a un país que no necesita de experimentos políticos o nuevos escándalos.

Desde antes de su campaña, se sabía del interés que tenía por eliminar la constitución fujimorista de 1993 y convocar a una Asamblea Constituyente para realizar un consenso nacional y poder redactar una nueva Carta Magna.

En pocas palabras, el maestro de primaria quiere erradicar cualquier símbolo fujimorista que queda en Perú y darle un tono o sabor de “pueblo”. Algo populista, muy a mi parecer.

Durante su toma de posesión como presidente fue claro al decir que va por una nueva constitución. Juró ante una Biblia, juró por Dios (todo un católico), por su familia y por el pueblo, que ejercerá el cargo de presidente hasta 2026.

Enfatiza y recalca el tema de la corrupción. Quiere un país sin corrupción, haciendo énfasis en el pasado corrupto de Perú. ¿Cómo va a eliminar o desterrar la corrupción?

Es un hombre de izquierda que proviene de una familia humilde y de una zona rural que fue olvidada por los gobiernos neoliberales peruanos. Él mismo dice en su discurso de posesión que “por primera vez, un campesino gobernará Perú”. Habla mucho, promete mucho, pero no dice cómo lo hará.

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Declara que no gobernará desde la Casa de Pizarro, el Palacio de Gobierno, y que ese recinto pasará a manos del Ministerio de Culturas, para que se transforme en un museo. Al igual, declara que renunciará a su sueldo como presidente, como también, pretende construir dos trenes que pasen por distintas regiones del país andino: Tren Inca y Tren Grau.

Pedro Castillo es el prototipo populista que conocemos muy bien en América Latina. Un hombre de izquierda y de pasado humilde. Un hombre que llega al poder prometiendo al pueblo mucho y basando su poder en las masas.

Ojalá que Castillo no se convierta en el clásico presidente populista y demagogo que promete tanto o dice tanto, pero que resulta ser un autoritario y un hombre que sólo escucha lo que le conviene y cuando quiere.

Tomó posesión sin un ministro nombrado o sin ningún gabinete consolidado. Se espera que los vaya nombrando en los próximos días.

Empieza su presidencia dando alertas y pautas de cómo será su mandato. Esperemos no ver la película que ya conocemos en varios países.

¡Ánimo, Perú!

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