Primum non nocere
¿Cuándo alzaremos la voz los mexicanos exigiendo nuestros derechos?

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Soy médico e hijo de médico, desde mi infancia viví de cerca la enfermedad y su tratamiento en el consultorio de mi padre; desde entonces, Primum non nocere, la máxima atribuida a Hipócrates forma parte de mi vida; crecí en un ambiente en el que la búsqueda de la salud era fundamental.
Supe de la creación del primer hospital en 1525 —que aún funciona—, de la historia del Hospital General de México creado por don Ignacio Liceaga en 1905, y he vivido el desarrollo de la salud en el país a lo largo de mi vida. Por eso, y porque sufro y me indigna el desprecio a la salud y a la vida que tuvo y tiene quien ya no está aquí, quiero contrastar lo que se hizo hasta 2003, y lo ocurrido después.
La Secretaría de Asistencia Social nació en 1940, sustituida por la Secretaría de Salubridad y Asistencia en 1940, que en 1982 cambió su nombre por Secretaría de Salud. En la mente de muchos están los nombres de Gustavo Baz, Guillermo Soberón, Jesús Kumate, Mercedes Juan, Julio Frenk, Salomón Chertorivski, y tantos más que lucharon por mejorar la salud en el país.
El IMSS nació en 1944 y el ISSSTE en 1959, la creación en 1983 de los 13 Institutos Nacionales de Salud mejoró aún más la calidad de la atención, y con el establecimiento del llamado Seguro Popular en 2004 se dio protección a millones de mexicanos que no tenían protección de otro tipo.
El Sistema de Salud seguía adelante, con fallas, y la cobertura en salud seguía en aumento hasta que llegó el funesto 2013, cuando un señor ignorante y carente de toda noción de salud, decidió cancelar el Seguro Popular, modificó radicalmente el Sistema de Salud, y gracias a la corrupción que desató en todos los niveles, con “supervisores” en los Institutos de Salud, creó el caos, que aumentó aún más por la pandemia de covid-19.
Él y su subsecretario de Salud son los responsables de la muerte de más de 800 ml mexicanos, así como más de tres mil 3500 médicos, enfermeras, camilleros, etcétera, por covid-19, mientras él proclamaba que con un “detente” no habría contagio, López-Gatell se burlaba de todos; ambos son para fines prácticos, asesinos culposos, junto con el entonces secretario Alcocer que, titubeante proclamó que “tenemos el horario de Dios” y “yo nunca vacunaré a mis nietos”; en su momento serán enjuiciados y condenados.
Las cifras hablan por sí solas: aumentó el gasto en más de 29% en contratos de salud, se dejaron de surtir 15 millones de recetas (lo que aumentó la morbimortalidad nacional), se ofreció tener una Megafarmacia que costó más de dos mil millones de pesos y no funcionó; hoy tenemos, a seis meses del inicio del sexenio, una falla de compras de cinco mil millones de medicamento, con un desvío de 15 mil millones de pesos; recientemente cesaron a siete funcionarios de Birmex, ¿y las denuncias, detención y juicio a los culpables?
No es posible seguir así, el problema no es la destrucción de un sistema de salud que funcionaba, sino que hoy, a seis meses del sexenio, seguimos igual: no hay medicinas, más de 90 hospitales no tienen lo indispensable para atender a los pacientes, y persiste la enfermedad y muerte de niños y adultos, y para más, no sólo no hay medicamentos, sino que en algunos que han entregado las clínicas a los pacientes. ¡las cápsulas están vacías, no tienen el medicamento!
¿Cuándo alzaremos la voz los mexicanos exigiendo nuestros derechos?; lo que vemos ahora es más de lo mismo, y no sabemos si reír o llorar cuando una señora Presidenta informa sin vergüenza que “tendremos pronto los medicamentos”, y afirma: “Si se gasta menos luz, el recibo será más bajo”, y “el chocolate Bienestar tiene poca azúcar”.
Urge un cambio drástico en el sector salud; el doctor David Kershenobich hace lo que puede, pero hay muchos enemigos ocultos en el sistema, la corrupción sigue y el ocultamiento de los datos continúa.
En este tema, como en la miserable “elección” de junio (que es un insulto a la inteligencia), la desaparición de miles de compatriotas y demás lacras nacionales, debemos alzar la voz enérgicamente para crear una verdadera oposición.