Obesidad, diabetes y etiquetado frontal
México vive en una preocupante doble realidad.
MITO
“Se está superando la obesidad y la diabetes con el etiquetado frontal”.
Los sellos frontales son avisos que se colocan en los alimentos para indicar el exceso de calorías, azúcares, grasas y sodio, están en todos los alimentos y se supone que mejorará la alimentación correcta y disminuirán enfermedades como obesidad y diabetes.
CONSECUENCIA
México vive en una preocupante doble realidad: por un lado, no se han logrado reducir o frenar las tendencias de crecimiento de los índices de obesidad y sobrepeso y, por otro —que abordaré en otra ocasión—, aumenta la desnutrición, tanto en niños como en adultos, según informes de las autoridades de Salud.
REALIDAD
De acuerdo con el Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud, a la semana 33 de 2025 (del 16 al 23 de agosto), se registró en México un total de 148 mil 447 mujeres que reportaron problemas de obesidad, así como 283 mil 274 casos reportados en varones; esto hace una suma de 431 mil 721 casos, que superan la cifra reportada para el mismo periodo del año previo, cuando se llegó a 413 mil 29 casos totales; es decir, entre ambos años hubo un incremento de 4.5%, lo cual es de suyo grave debido a los altos niveles que ya existían en años previos.
El 29 de octubre de 2019 se aprobaron reformas y añadidos a la Ley General de Salud mexicana, que incluyó el nuevo modelo de etiquetado frontal y, a partir del 1 de octubre de 2020, todos los empaques y envases de alimentos y bebidas alcohólicas deben mostrar el o los sellos respectivos, eliminando los personajes de los empaques.
Lo que ha sucedido ya fue denunciado varias veces: el etiquetado frontal no tiene impacto alguno en la adquisición y consumo de los alimentos. En diversas reuniones que se tuvieron en esos años con las autoridades de Salud, diversas voces de expertos señalaron que no funcionarían y comentaron acerca de los estudios de otros países que ya habían reconocido el fracaso de esos sellos frontales.
Pero lo más importante ha sido que, siendo la educación para la salud un asunto fundamental en nutrición, poco se ha hecho para mejorar la educación en los adultos y, sobre todo, en los niños, de modo que ellos siguen comiendo “lo que les gusta” y en cantidades variables, sin importar las consecuencias que tienen esas conductas para su salud y su vida.
Es triste ver que las prohibiciones de vender alimentos con muchas calorías en las escuelas no dan resultado porque la falta de educación sigue vigente.
Ya en otras ocasiones he comentado el libro del doctor Rafael Álvarez Alva, que señaló una y otra vez la urgencia de fomentar la salud pública con educación a todos los niveles (Salud pública y medicina preventiva, 8ª Ed., Manual Moderno Ed.).
Nunca podremos superar las enfermedades si no asume cada mexicano su responsabilidad personal para proteger su salud, evitar riesgos y acudir a la atención preventiva y curativa cuando sea necesario. Si no lo logramos, seguiremos lamentando el aumento de estas enfermedades.
