“No me vacunaré por ningún motivo”
MITO “No me vacunaré por ningún motivo...”. A lo largo de la historia, desde 1798, cuando se desarrolló la primera vacuna, la resistencia a vacunarse y los movimientos antivacunas han estado presentes en todo el mundo. CONSECUENCIA La negativa de los padres a vacunar ...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
MITO
“No me vacunaré por ningún motivo...”.
A lo largo de la historia, desde 1798, cuando se desarrolló la primera vacuna, la resistencia a vacunarse y los movimientos antivacunas han estado presentes en todo el mundo.
CONSECUENCIA
La negativa de los padres a vacunar a sus hijos puede dar como resultado algo tan lamentable como la parálisis infantil por falta de vacuna contra la poliomielitis del siglo pasado o la aparición de epidemias mortales de sarampión, viruela, etcétera, en los pueblos no vacunados.
REALIDAD
La realidad es que uno de los aportes más importantes para la salud de los pueblos ha sido el descubrimiento y, luego, la fabricación de vacunas que previenen epidemias que en otros siglos fueron mortales: viruela, 1796; rabia, 1885; tétanos, 1890; fiebre amarilla, 1937; polio y demás, a partir de 1950.
En el siglo XVIII, el médico inglés Edward Jenner tuvo la idea de inocular una forma del virus de la viruela benigna en un niño, para estimular su reacción inmunitaria y desde entonces hay, como he señalado, protestas de los antivacunas.
En 1998, un estudio publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet sugirió una relación entre las vacunas SPR (sarampión, paperas, rubeola) y el autismo. Sin embargo, se descubrió que se trató de una gran mentira del autor, Andrew Wakefield. Pero ni el desmentido oficial de la revista ni los trabajos posteriores demostrando la ausencia de vínculo lograron acallar los temores. A la par de las sucesivas oleadas de contagios y la aparición de nuevas variantes más peligrosas de covid-19, el mundo está viviendo una segunda ola de movimientos antivacunas que se han revitalizado debido a la imposición de pasaportes sanitarios en países como Francia e Italia. El presidente Emmanuel Macron anunció la vacunación obligatoria para el personal sanitario y la extensión del llamado “pase sanitario” para entrar en bares, cafés, restaurantes, cines, trenes o aviones, entre otros.
Los argumentos antivacunas son múltiples: “No confío en esas vacunas porque las desarrollaron muy rápido”. “Las vacunas producen autismo y tienen efectos secundarios fatales”. “Los gobiernos y las farmacéuticas están experimentando con nosotros”. “No me pueden obligar a vacunarme”. “La medicina alternativa y naturista es más efectiva”. Son frases que cada vez se escuchan más mientras se busca acelerar las campañas de inmunización. Australia vivió, a finales de julio, una oleada de manifestaciones masivas que, en varias ocasiones, terminaron en enfrentamientos con la policía y arrestos, debido a las restricciones y toques de queda. El grupo Worldwide Demonstration, con sede en Alemania, ayudó a coordinar manifestaciones en Sídney y en Melbourne, con un mensaje que fue amplificado por personas influyentes locales antivacunas y por la “libertad”.
Recientemente, se volvió a presentar al aire un larguísimo documento, firmado por Elyse O. Kharabanda, y una conferencia en línea de la epidemióloga Karina Acevedo, quienes en línea quieren revivir esta controversia, pero la realidad está ahí; las vacunas sirven, protegen y deben ser utilizadas.
La ciencia es la ciencia, lo demás es triste especulación.