Un tercio de los desaparecidos en México no cuenta con datos para su búsqueda
Las cifras de individuos desaparecidos en México son imposibles de conocer muchas razones existen en nuestra sociedad y estas razones impiden que un ciudadano tenga el conocimiento suficiente para buscar y reencontrar a ese familiar que dejó sin palabras a todos con su desaparición.
Ciertamente, para que esto ocurra en el seno de nuestra sociedad muchas cosas han cambiado, y a pesar de las legendarias enseñanzas de los maestros indígenas y de las advertencias severas de castigos después de la muerte, el mexicano delinque sin límite, las disposiciones legales para y castigar a esos delincuentes no alcanzan para inhibir esos delitos.
Yo no soy psiquiatra ni especialista en temas del cerebro, pero entiendo bien los sentimientos que tiene quien, de buenas a primeras, se entera de la desesperación de un amigo que ha perdido a un ser querido; después de unos momentos de desconcierto, acepta la verdad, aunque no la crea, y surgen en su mente mil formas, por demás inverosímiles, de recuperar ese familiar a la brevedad posible.
Y es que entonces se inicia una caminata que pronto se vuelve carrera: en la que los miembros más cercanos del desaparecido (a), inician una búsqueda incansable para recuperar a ese individuo, hacen contacto con los policías e investigadores, revisan sus actos más recientes tratando de encontrar el camino que lleve a la paz, y lo reintegren a la familia.
Porque si esa búsqueda no termina, el calvario de sus familiares, amigos y vecinos es y será terrible: día y noche esperando noticias, seguimiento inútil de una pista que fue falsa, abusos, fraudes y extorsiones para dar “pistas” que lleven al desaparecido.
De hecho, los números gritan el problema, hay datos de más de 130 mil reportes registrados durante 2005 y 2026, pero 46,743 no tienen datos completos, lo que dificulta aún más el rescate. Los familiares de estos niños o adultos desaparecidos, sufren un trauma inmenso, con sentimientos encontrados, ya que por un tiempo ha antagonizado con ellos por sus conductas inadecuadas rayanas en graves delitos y, por otro, no sienten mucho apoyo de la sociedad, lo que deriva en un ambiente depresor que no ayuda a la recuperación.
Y mientras, todos nosotros “cuidamos” a nuestros seres queridos, creyendo que con un teléfono celular y una tarjeta de crédito los tenemos protegidos de todos esos delitos; sabemos que no estamos solos, porque el gobierno tiene en la Secretaría de Gobernación la Alerta Nacional de Búsqueda, que está dedicada al rescate de estos mexicanos que han perdido la libertad y están en peligro.
Lamentablemente, las relaciones entre los ciudadanos y las autoridades nunca han sido buenas, y siempre existirá la desconfianza entre ambos y se dudará de las versiones en ambos sentidos; las series de televisión muestran un aspecto de este grave problema sin abordar los problemas reales que existen en los diversos grupos de nuestra sociedad.
El problema está ahí, la delincuencia y los grupos de poder cuentan cada día con mejores formas de superar a los encargados del orden. A su vez, con esa costumbre de mandar mensajes a la población, los delincuentes no se limitan, y agreden, secuestran o matan si límite, y con la sociedad amedrentada, la violencia y muerte se apoderan de espacios más grandes, con los resultados que son cada día bien conocidos.
Total, que además de todos los problemas que tiene la gobernanza del país, con la debilidad cada día más patente frente a la corrupción que supera la de otros regímenes, con la mentira como forma de gobierno, es el momento de alzar la voz, exigir aún más en la rendición y cuenta de todo lo que sucede en el país, porque hoy, en miles de hogares, los desaparecidos gritan sus desgracias en silencio.
¡Y no podemos más!
